A kilómetros de distancia de la tensa atmósfera en la mansión Dávalos, la luz de la mañana iluminaba el opulento despacho de Humberto con una claridad triunfal.El viejo patriarca dejó caer el periódico sobre el escritorio y, por primera vez en semanas, una sonrisa amplia, macabra y genuinamente satisfecha estiró las comisuras de sus labios. Con una lentitud calculada, tomó la botella de whisky cristalina que reposaba en la mesita auxiliar, sirvió dos generosos dedos de licor ámbar en un par de vasos cortos y le extendió uno a la mujer que estaba sentada frente a él.Una elegante mujer rubia, de mirada fría, labios pintados de un rojo carmín impecable y un aire de sofisticada ambición, aceptó el vaso con una sonrisa cómplice.—Salud por el inicio del fin, Humberto —dijo ella con voz melodiosa pero gélida, tintineando su vaso contra el del anciano.—Salud, querida —respondió Humberto soltando una carcajada seca y gutural, disfrutando del momento como si estuviera presenciando la mejor
Última actualización : 2026-11-05 Leer más