El magnate dio un paso al frente, ignorando por completo a Serena, y cayó de rodillas sobre la fría alfombra del despacho, quedando a la misma altura de su hijo. Las manos grandes y firmes de Alexander temblaron ligeramente cuando se estiraron hacia el niño, como si temiera que, con un solo movimiento en falso, la ilusión se desvaneciera. —¿Qué dijiste...? Repítelo, por favor —la voz de Alexander salió rota, irreconocible, teñida de una súplica desesperada y de un asombro tan puro que rozaba la incredulidad—. Dímelo otra vez, hijo. ¿Qué fue lo que dijiste? Leonardo retrocedió un milímetro, intimidado por la intensidad repentina de su padre, pero sus grandes y tristes ojos oscuros se mantuvieron fijos en él. Apretó el camión de juguete con fuerza contra su pecho y, tragando saliva con timidez, volvió a mover los labios, esta vez con un hilito de voz más claro que se coló por cada rincón de la habitación: —Ella jugó conmigo y me dio un bloque... Un nudo feroz le apretó la gargan
Huling Na-update : 2026-09-30 Magbasa pa