El mercenario tragó saliva con dificultad, intentando enderezar el cuerpo a pesar de la tensión insoportable en sus hombros dislocados por las cadenas. El aire en el búnker era denso, pesado, impregnado de sudor frío y miedo.—Tú... tú eres el del todoterreno... —balbuceó el hombre con la voz ronca, tratando de mantener una fachada de dureza que se desmoronaba ante la mirada vacía y absoluta del magnate—. Mira, colega, esto es solo negocios... A mí me contrataron, a mí me pagaron para hacer el trabajo en la carretera...Alexander no se movió. Sus manos, enfundadas en el cuero negro, permanecían relajadas a los costados de su cuerpo. La total ausencia de gritos, amenazas vacías o aspavientos por parte del magnate resultaba mil veces más aterradora que cualquier golpiza.—¿Quién te pagó? —preguntó Alexander. Su voz sonó baja, calma, casi un susurro metálico que retumbó en las paredes de concreto.—No lo sé... te lo juro por mi madre —escupió el mercenario, haciendo una mueca de dolor cu
Última actualización : 2026-11-05 Leer más