El salón del Hotel Argenta, el mismo donde cincuenta y cinco años antes se había roto el corazón de una omega, estaba lleno hasta los techos.Doce sillones de respaldo alto formaban una herradura en el centro: los doce ancianos de los clanes de las montañas y de la ciudad. Aurelio presidía desde el medio, con el bastón sobre las rodillas. A su derecha, los Solís: Gael, impecable, con una sonrisa de cortesía; Ravena, de rojo oscuro, con el teléfono en la mano. A su izquierda, un asiento vacío para los Montenegro.Lía entró con la barbilla alta, flanqueada por Ernesto y Dante. Cada paso resonaba contra el mármol. Los murmullos se encendieron como un reguero de pólvora: omega, escondida, Montenegro, Valcourt.—Que se abra la sesión —dijo Aurelio, y golpeó el suelo con el bastó
Última atualização : 2026-10-19 Ler mais