Lía durmió catorce horas seguidas.Cuando despertó, ya era de tarde. En la habitación del ático de Dante entraba una luz cálida a rayas, y en el sillón junto a la cama, con la cabeza ladeada y la camisa manchada de ceniza, dormía él. Se había quitado los zapatos. Tenía una mano abierta sobre el reposabrazos, como si hubiera estado sosteniendo algo hasta que el sueño lo venció.Lía se quedó mirándolo un rato. Tenía la cara más joven cuando dormía, sin ese ceño de hielo que había usado como armadura. Sonrió, y al hacerlo sintió el tirón de un moretón en el pómulo.De la cocina llegaban voces. Se levantó con cuidado, se echó una sudadera encima y salió.Teo estaba sentado a la mesa con un tazón de cereal enorme, con la doctora Ibarra a su lado vigilándolo como un halcón.—Hermana. —Teo levantó la cuchara—. Me dijeron que eres una heroína. Que te secuestraron y que Dante se transformó en lobo y rompió una puerta. Es la mejor historia de mi vida.—No lo cuentes así, Teo —suspiró Ibarra.—P
Zuletzt aktualisiert : 2026-10-23 Mehr lesen