El expediente cabía en una sola carpeta delgada, y aun así Dante llevaba veinte minutos mirándola sin abrirla.La oficina del Director General, en el piso treinta y dos, era un espacio enorme de ventanales y mármol negro, con toda Argenta extendida a sus pies. Dante estaba junto al cristal, con la chaqueta colgada de una silla y las mangas arremangadas hasta los codos. El cabello plateado le caía revuelto sobre la frente. Su lobo no se había calmado desde las 8:47 de la mañana.—Señor —dijo Mateo desde el escritorio—. ¿Quiere que se lo resuma?—Hazlo.Mateo Ríos, su asistente y el único beta en quien Dante confiaba, se ajustó las gafas y abrió la tablet. Tenía treinta años, cara de buen chico y una paciencia infinita.—Lía Montenegro, veinticuatro años, nacida en Sierra Alta. Clan Montenegro, de rango bajo. Estudió Contabilidad con beca y se graduó con honores. Sin antecedentes ni pareja registrada. Vive con su hermano menor, Teo, de dieciséis, en un departamento alquilado. —Hizo una
Última actualización : 2026-10-10 Leer más