Para el noveno día, Kael había contado cada piedra del techo de la sala de alimentación y cada forma en la que el vampiro podría haberlo matado y no lo hizo.Era una lista corta, y lo enfurecía más que las cadenas.Los grilletes habían desaparecido de su garganta, reemplazados por una estrecha banda de plata en cada muñeca: más ligera, pero suficiente para convertir su fuerza en agua si intentaba transformarse. Su cuerpo había dejado de gritar.Su mente no.La voz de Maren vivía allí, áspera y urgente. Nunca dejes que nadie vea la media luna. Sé nadie, pequeño lobo, y vivirás.Alguien la había visto. Había sentido que la habitación cambiaba cuando la camisa se desprendió. Kael había esperado nueve días a que cayera el golpe.No había llegado.En su lugar, cada tarde a la misma hora, la puerta se abría y el príncipe entraba llevando un cuenco de agua y un paño limpio.—Es la hora —decía Sorin Vael,
Last Updated : 2026-10-28 Read more