Me rindo. He probado todos los caminos legales y también los que no son legales, pero no encontré una copia completa y decente de la novela. Siento que el universo me dice que esta novela no es para mí. Cuando algo se vuelve tan difícil de conseguir, a veces es señal de dejarlo. Hay millones de libros en el mundo. Esta novela no será el único libro que me toque. Cerraré esta pestaña y buscaré otra historia en Wattpad, una historia completa y gratis, que tal vez me sorprenda. Les deseo suerte a los que siguen buscando.
La ética del tema es complicada. Yo solo bajo obras cuyo autor haya muerto hace más de setenta años, porque esas obras están en dominio público en muchos países, o bajo obras que el autor haya puesto en Creative Commons. Para las demás obras, yo trato de ahorrar y comprar, aunque sea la versión digital en oferta. Yo creo que, si yo valoro la literatura, yo debo ayudar de alguna forma a quien escribe la literatura. Yo entiendo que hay gente que no puede pagar, pero yo pienso que al menos hay que saber que es un préstamo o una copia sin permiso. Yo no juzgo, solo comento.
Me llama la atención que siempre se hable de descargar y no de alquilar. Algunas plataformas, además del préstamo bibliotecario, ofrecen el alquiler de ebooks por un tiempo limitado y a un precio bajo. Si el libro lo vas a leer una sola vez y no lo necesitas para siempre, el alquiler es una opción económica y legal. No sé si el alquiler se aplique a los títulos de Gómez‑Jurado, pero vale la pena buscar en las tiendas de ebooks. A veces el alquiler aparece junto a la compra, a un tercio del precio.
Para los más jóvenes, ¿recuerdas cuando compartías archivos con eMule o Ares? Eso es lo mismo, solo que ahora se hace a través de una página web. La tecnología cambia, pero la gente sigue igual. La diferencia es que ahora las corporaciones persiguen los sitios y cierran los sitios con más fuerza. Un dominio “xyz” puede durar solo unos meses. Hoy el dominio está, mañana el dominio muestra un error 404. No te acostumbres a un solo dominio, porque ese dominio desaparecerá. Y nunca, nunca descargues archivos ejecutables (.exe) que dicen ser libros. Esa es la regla de oro de internet desde los tiempos del dial‑up.