El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin AlmaEthan, mi cachorro de apenas tres años, se metió por error en territorio errante y lo mataron de forma brutal. Cuando me dieron la noticia, perdí el sentido.
Desperté y vi a Alexander, mi pareja Alfa, apretándome la mano con fuerza. Tenía la voz ronca por la tristeza.
—Te juro que voy a vengar a Ethan. Voy a despedazar a esos malditos errantes con mis propias manos.
Pero tres días después, en el entierro, escuché por casualidad una conversación entre Alexander y Marcus, su Beta.
—En serio no entiendo. —Marcus sonaba confundido—. ¿Por qué no dejó que el sanador de la manada ayudara a Ethan? Estaba herido de gravedad, pero vivo. Si hubiéramos actuado a tiempo...
—Fue Lucas. Empujó a Ethan hacia territorio errante por accidente. —Alexander sonaba dolorido—. Lucas es solo un niño y no conocía las fronteras. No fue su intención.
—Si hubiera dejado que el sanador lo salvara, el niño le habría contado la verdad a todo el mundo. Sophia terminaría en la cárcel y el Consejo condenaría a muerte a Lucas. No podía permitir que eso pasara —continuó Alexander.
—¿Qué pasará con el heredero de la manada? —preguntó Marcus, preocupado.
—Eso no importa. —El tono de Alexander recuperó una calma—. En cuanto Ivy se tranquilice, traeré a Lucas. Diremos que es un huérfano adoptado y ella misma se encargará de criar al siguiente Alfa.
Así que el que mató a mi cachorro fue el bastardo que tuvo con su amante.
Mi cachorro pudo haberse salvado, pero Alexander sacrificó a mi Ethan por su bastardo.
Marqué un número al que no había llamado en cinco años.
—Soy yo. Ivy.
—Cambié de opinión. —Yo sonaba firme y no mostraba ninguna emoción—. Voy a regresar para heredar la Manada Imperial.
—¿Y qué pasará con la Manada Moonstone?
—Quiero que la Manada Moonstone sea destruida.