LOGIN—¿Señorita Ximénez, está segura de abortar? Diana Ximénez estaba aturdida, pero la insistente pregunta del doctor la hizo reaccionar de golpe. Abrió los ojos desorbitada, como si no creyera lo que veía. No fue hasta que el doctor repitió la pregunta que comprendió, ¡había renacido! En su vida anterior, justo ese mismo día, descubrió que estaba embarazada y tomó una decisión que le haría pagar un precio devastador. El doctor insistió de nuevo: —¿Señorita Ximénez? —¡Sí! Esta vez, la respuesta de Diana fue firme, aunque con un leve temblor en la voz. ¡Esta vez no cometería el mismo error!
View MoreAl salir de la consulta del doctor, el rostro de Enzo era una máscara de desesperación. Resultaba que ya le habían sentenciado. El tratamiento aquí era su última esperanza. Y ahora, esa última esperanza se había esfumado. Regresó tambaleándose a su habitación, tropezando justo con su hermano mayor, Roberto, que volvía. Por la expresión de Enzo, Roberto supo que lo había descubierto todo. —Enzo, los doctores dicen que si te tratas con actitud positiva, aún hay esperanza.Pero las palabras sonaron huecas e impotentes. Cuando Enzo alzó la mirada, su rostro estaba bañado en lágrimas. —Roberto, no quiero morir. Todavía no he recuperado a Diana. ¡No me resigno! Se aferró a su hermano y lloró desconsoladamente, solo cuando el agotamiento venció al dolor, se dejó caer en la cama. A partir de entonces, se aferró al tratamiento con una determinación feroz. El hospital era de lo mejor del mundo, pero para él no era suficiente. Gastó fortunas en traer a doctores líderes mundiales para n
Enzo la miró fijamente. Parecía haber crecido un poco más, y su rostro lucía más lleno. Claramente, la vida lejos de él la había tratado bien. Una amargura le recorrió el pecho. Ella ya no era la chica que se aferraba a él. Levantó la mano para acariciar su cabello como antes, pero al final la retiró. —Diana, yo… —Tío Enzo, cuánto tiempo.Diana se acercó y lo saludó con naturalidad, luego miró detrás de él:—Aló, tío Roberto. Los dos “tíos” sonaron igual de distantes, tan naturales que partieron el corazón de Enzo. Pero no podía rendirse. Esta enfermedad era su única oportunidad para recuperarla.—Diana, ¿puedo hablar contigo a solas? Ella no respondió directamente, sino que miró a Roberto. Él asintió y se llevó al personal para organizar la hospitalización. De pronto, solo quedaron ellos dos en la habitación. —Diana, hay cosas que quería decirte cara a cara, lo siento. Después de que te fuiste, me di cuenta de que te amo, pero mi cobardía te lastimó profundamente. —Pero
El antes abatido Enzo recuperó de repente el ánimo, presionando a su hermano mayor para que organizara el viaje al extranjero lo antes posible. Al verlo tan motivado, Roberto debería haberse sentido aliviado. Pero su sonrisa era más amarga que feliz. Si Enzo llegaba a descubrir la verdad sobre su enfermedad… No se atrevía a seguir pensando en ello. En la cama de hospital, Enzo no soltaba la vieja horquilla, murmurando el nombre de Diana. Al ver la profunda devoción en su hermano, el rostro de Roberto se nubló de preocupación. Tras tomar la decisión, Roberto llamó a Diana al extranjero. —Aló, Diana, soy el tío Roberto. Tengo algo importante que contarte. Diana acababa de terminar un experimento en el laboratorio, la llamada la tomó por sorpresa. Antes de morir, don Sergio había dado órdenes estrictas a la familia, no informar a Diana de su fallecimiento. Sabía que lo de su nieto y ella era un amor tortuoso, y no quería que reavivaran el sentimiento. Diana, pensando que algo
Desde el fallecimiento del abuelo, Enzo prácticamente se mudó a la oficina. Rara vez volvía a la residencia familiar. Cada vez que pisaba ese lugar, los recuerdos dolorosos lo asaltaban. No se permitía un momento de descanso, porque en cuanto detenía el trabajo, la añoranza lo sumía en un abismo interminable. En un poco tiempo, Enzo llevó a la empresa de los García a nuevas alturas. Pero el costo lo pagó con su salud. En solo seis meses, estaba demacrado, irreconocible. Una mañana, justo después de una reunión directiva, se desplomó en la sala de juntas.Cuando despertó, habían pasado dos días. En la cama de hospital, Enzo tuvo un sueño larguísimo. Soñó con Diana el día de su decimoctavo cumpleaños, confesándole sus sentimientos.En el sueño, él aceptó sin dudar. Ella saltó de alegría, girando en círculos, hasta caer en sus brazos. Él la abrazó con fuerza, besándola. Pero de repente, un rostro apareció, separándolos a la fuerza. ¡Era Isabel! Enzo se despertó sobresaltado.






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