Me encanta lo reconfortante que es volver a «De repente 30» cuando necesito una comedia romántica con mucha ternura y ritmo ochentero. En el núcleo del filme están Jennifer Garner como Jenna Rink —la adulta que despierta en un cuerpo de 30 años— y la actriz que la interpreta de niña, Christa B. Allen, que encarna a la versión joven y soñadora de Jenna. Junto a ellas, Mark Ruffalo da vida a Matt Flamhaff, el amigo de la infancia que tiene un papel muy importante en toda la historia.
Además, no puedo dejar de mencionar a Judy Greer, que interpreta a Lucy Wirth, la amiga aparentemente perfecta que complica la vida de Jenna en la adultez. Andy Serkis aparece en un papel memorable como Richard Kneeland, el editor carismático y algo manipulador dentro del mundo de la revista donde Jenna trabaja. Esos nombres son los que inmediatamente vienen a la mente cuando pienso en el elenco principal, porque son los que mueven la trama y las emociones.
Personalmente, disfruto cómo esa mezcla de caras conocidas y actuaciones simpáticas sostiene la película: Jennifer Garner tiene una química natural con Mark Ruffalo, y la presencia de la joven Christa B. Allen ayuda a que el salto temporal funcione. Al final, ver cómo interactúan todos estos actores es parte de lo que hace a «De repente 30» tan entrañable para mí.