Siempre me divierto armando paquetes de libros para kids de 10 a 12; hay un montón de direcciones para acertar según sus gustos.
Si quiero algo que enganche de inmediato elijo «Harry Potter y la piedra filosofal» o «Percy Jackson y el ladrón del rayo»: son puertas a mundos largos, con humor, misterio y personajes que crecen. Para lectores a los que les tira lo real y cercano, recomiendo «La lección de August» («Wonder») porque trabaja empatía y situaciones del día a día sin ser pesado.
También me encanta incluir una novela de fantasía corta como «Coraline» para quienes disfrutan de lo inquietante, y un cómic o novela gráfica —por ejemplo, «El príncipe de los ladrones» o series tipo «Bone»— para variar el ritmo. Para rematar pongo algo práctico: un atlas ilustrado, un libro de experimentos caseros o una biografía ilustrada de alguien inspirador. Al final siempre intento combinar aventura, emoción y una pizca de aprendizaje; ver cómo los ojos se les iluminan al empezar un libro es mi parte favorita.
Me encanta cuando los profes sugieren libros para chicos de 10 a 12 años; suele ser una mezcla de criterio pedagógico y cariño por la lectura. En las aulas veo que las recomendaciones no son al azar: buscan temas que conecten con esa curiosidad tan intensa de la preadolescencia, que mezclen humor, aventura y conflictos personales sin subestimar la capacidad lectora del niño.
A menudo incluyen clásicos que siguen funcionando («Matilda», «El Principito»), series que enganchan («Harry Potter», «Percy Jackson») y novelas contemporáneas que hablan de identidad o amistades difíciles. También usan cómics o novelas gráficas para lectores que se cansan de mucho texto, y libros adaptados para quienes necesitan más apoyo.
Me parece valioso que las sugerencias lleguen acompañadas de pequeñas charlas, listas por niveles y lecturas en voz alta: así se respetan gustos y se empuja con tacto hacia lecturas más ambiciosas. Al final, ver a un chico cerrar un libro con una sonrisa es la mejor confirmación de que esas recomendaciones funcionaron.
Me divierte ver cómo los bibliotecarios transforman preguntas vagas en lecturas perfectas; es casi como ver a un detective del libro en acción. Yo he visto muchas veces cómo, a partir de una frase como “le gustan los monstruos” o “prefiere aventuras”, te arman una pila de opciones pensadas para chicos de 10 a 12 años. Lo primero que suelen hacer es preguntar: qué temas le atraen, si prefiere imágenes o texto denso, si hay límites por contenido y cuál es su nivel de lectura. Con eso filtran desde novelas de fantasía hasta cómics y biografías juveniles.
Después, colocan recomendaciones concretas y accesibles: un ejemplar de «Harry Potter y la piedra filosofal» para quien busca magia, «Percy Jackson y el ladrón del rayo» para quien quiere mitología con humor, o «El diario de Greg» para lectores que disfrutan del humor cotidiano. También sugieren novelas con temas más sensibles, como «La lección de August», y formatos alternativos como «Sonríe» para acercar a lectores reticentes.
Personalmente valoro cómo los bibliotecarios no solo entregan títulos, sino que montan actividades —clubes, lecturas en voz alta, listas personalizadas— que convierten la recomendación en experiencia. Me encanta cuando una sugerencia sencilla prende la chispa lectora; es uno de esos pequeños milagros que me alegran el día.