Recuerdo haber visto «Bottle Rocket» en una noche de cine casera y quedarme pegado a la pantalla, y desde entonces siempre me interesa contar cómo empezó todo entre Owen Wilson y Wes Anderson.
Nos conocieron como colaboradores jóvenes: Owen y Wes se hicieron amigos en Austin, compartieron ideas y coescribieron esa primera película que les abrió puertas. Owen no solo actuó como Dignan en «Bottle Rocket», sino que también puso la mano en la escritura y en el tono cómico que definiría los trabajos tempranos de Anderson. Ese humor seco y las frases cortas que a veces escuchas en sus personajes llevan la impronta de Owen.
Con el tiempo cada uno tomó rumbos distintos: Wes consolidó su estilo autoral, y Owen se movió también hacia comedias y blockbusters. Aun así, la química creativa entre ellos siguió presente en proyectos posteriores y en cameos memorables como Eli Cash en «The Royal Tenenbaums». Para mí, su relación es ese tipo de amistad artística donde cada uno potencia lo mejor del otro, y se nota en esa mezcla de ternura y rareza que tanto me encanta del cine de Wes.