Recuerdo claramente la noche de los Oscar de 2013 y cómo todo el mundo en las redes explotó al escuchar que «Argo» se llevaba el premio a Mejor Película. Sí, Ben Affleck ganó un Oscar relacionado con «Argo», pero con matices: el galardón fue por Mejor Película y se entrega a los productores, así que Affleck, como uno de ellos, subió al escenario a recibir la estatuilla. Eso fue en la 85ª ceremonia, y además la película también ganó Mejor Guion Adaptado para Chris Terrio.
Lo interesante es que Affleck no ganó ni siquiera estuvo nominado en la categoría de Mejor Director, lo que generó bastante debate. Mucha gente pensó que era una injusticia—él dirigió y produjo la película—pero
la academia votó de otra manera. En el discurso de aceptación, Affleck estuvo medido, agradeció a su equipo y compartió el logro con George Clooney y Grant Heslov, quienes también eran productores.
Personalmente me encanta ese tipo de giros: ver a alguien reconocido por el impacto global de su película, aunque la academia no le reconozca en la misma categoría que muchos creían que merecía. Para mí, la victoria de «Argo» fue un reconocimiento al conjunto del proyecto, y ver a Affleck recibir el Oscar como productor fue muy simbólico, aunque el debate sobre dirección siguió vivo por semanas.