5 Respuestas2026-01-23 20:08:12
No puedo dejar de pensar en cómo varias películas españolas convierten el cálculo moral en tensión pura, y eso me encanta porque me obliga a debatir conmigo mismo.
En «Mar adentro» la discusión sobre la eutanasia toca directamente la noción utilitarista: la elección parece centrarse en minimizar el sufrimiento y maximizar bienestar (o alivio) para el protagonista y los más cercanos. La película no da respuestas fáciles, pero ejemplifica el dilema de priorizar consecuencias frente a mandatos absolutos. También me viene a la cabeza «El método», donde una empresa somete a un grupo a pruebas frías; allí se percibe una lógica utilitaria aplicada a la selección y al rendimiento: decisiones que favorecen al conjunto empresarial aunque dején a alguien atrás.
Además, en «El laberinto del fauno» el capitán Vidal justifica actos crueles por un bien mayor —la «orden» y la victoria—, lo que expone la versión autoritaria del consecuencialismo. Y en «Celda 211», las negociaciones y los sacrificios durante el motín muestran cómo, en situaciones extremas, las personas calculan el menor mal posible. En resumen, estas películas me dejan pensando en cuánto pesa cada vida en el balance final y en lo difícil que es medir el «mayor bien» sin rompernos por dentro.
5 Respuestas2026-01-23 17:42:44
Con la paciencia que dan los años, me gusta seguir los hilos históricos para ver quiénes trajeron ciertas ideas a España. Si hablamos del utilitarismo, el nombre que siempre aparece es Gumersindo de Azcárate: en el siglo XIX fue una de las voces más claras que introdujo y defendió principios utilitaristas aplicados a la reforma legal y social, pensando en el mayor bienestar posible como guía para las políticas públicas. Leer sus artículos permite ver cómo trasladaba esa filosofía a problemas concretos de justicia social y educación.
Al mismo tiempo, hay figuras como Rafael Altamira que, aunque son más conocidos por su trabajo jurídico e internacionalista, incorporaron argumentos pragmáticos y consecuencialistas en sus propuestas. Y en el siglo XX José Ferrater Mora discutió el utilitarismo con profundidad; no siempre de manera acrítica, pero sí reconociendo sus aportes y recurriendo a argumentos utilitarios en debates éticos. En mi opinión, España nunca fue un bastión de utilitarismo puro, pero sí hubo pensadores que defendieron o reinterpretaron sus ideas para nuestro contexto, sobre todo en ámbitos legales y reformistas.
5 Respuestas2026-01-23 00:57:36
Me llama la atención cómo el utilitarismo aparece en debates públicos sin que la gente pronuncie la palabra: se nota en las decisiones de qué hospitales financiar, qué carreteras abrir y cómo priorizar ayudas sociales. Yo lo veo cada vez que escucho a políticos justificar recortes o inversiones diciendo que buscan "el mayor bien para el mayor número"; ahí está la idea utilitarista, aunque a menudo empaquetada en lenguaje técnico sobre coste-beneficio.
En España eso choca con la estructura autonómica: lo que maximiza el bienestar en Madrid puede no hacerlo en Galicia o Andalucía, y los gobiernos en coalición acaban negociando compensaciones que no son puramente utilitarias sino producto de equilibrios políticos. Además, tras la pandemia el debate sobre prioridades sanitarias puso en evidencia herramientas utilitarias —como el cálculo de años de vida ajustados por calidad— y también sus límites prácticos y éticos.
Me resulta difícil aceptar una mirada exclusivamente utilitarista porque ignora a menudo las minorías y los derechos fundamentales; aun así, reconozco su utilidad técnica para tomar decisiones complejas con recursos limitados. Al final prefiero una mezcla: usar criterios utilitarios para evaluar consecuencias, pero acompañarlos de principios de justicia que protejan a quienes podrían perder en el cálculo agregado.
5 Respuestas2026-01-23 05:33:28
Siempre me han fascinado los debates morales que plantea el utilitarismo y en España tienes acceso a una mezcla muy rica entre clásicos y libros contemporáneos traducidos al castellano.
Si quieres empezar por lo fundamental, no puedes dejar pasar a Jeremy Bentham y su «Introducción a los principios de la moral y de la legislación» (a menudo aparece en ediciones con títulos variados en español). Es el punto de partida histórico: te explica la lógica de maximizar el placer y minimizar el dolor. Después conviene leer a John Stuart Mill: «El utilitarismo» y «Sobre la libertad» son complementarios para entender las objeciones y matices, como la calidad de los placeres y la protección de las libertades individuales.
Para dar el salto a la discusión contemporánea, Henry Sidgwick con «Los métodos de la ética» ofrece rigor filosófico y plantea la tensión entre intuición moral y cálculo racional. Más accesibles y útiles para aplicaciones prácticas son Peter Singer con «Ética práctica» y «La vida que puedes salvar», que acercan el utilitarismo a temas como el sufrimiento animal y la pobreza global. Roger Crisp también escribió una excelente introducción moderna sobre utilitarismo que suele encontrarse traducida; y si quieres contraste, lee a Bernard Williams para entender críticas potentes desde la moral común. En mi experiencia, alternar un clásico con una lectura aplicada (Singer) ayuda a ver la teoría y la práctica en diálogo y deja una impresión duradera sobre hasta qué punto el utilitarismo puede remodelar nuestras prioridades.
5 Respuestas2026-01-23 11:55:39
Me gusta pensar en el utilitarismo como una lupa que intenta medir cuánto bien genera cada decisión para el mayor número de personas posible.
En esencia, el utilitarismo sostiene que una acción es moralmente correcta si produce la máxima felicidad o bienestar agregado y minimiza el sufrimiento. Hay matices: el utilitarismo de acto evalúa cada decisión caso por caso, mientras que el utilitarismo de regla apuesta por seguir normas que, en general, produzcan el mayor bien. Eso genera debates: ¿se puede sacrificar a uno para salvar a muchos? ¿Cómo valoramos el bienestar de distintos grupos?
En España veo ejemplos claros: las campañas de vacunación masiva, la respuesta sanitaria durante la pandemia y los criterios de priorización cuando los recursos eran escasos son decisiones con sabor utilitarista. También la normativa que fomenta la donación de órganos —el sistema de trasplantes en España, inspirado por el modelo de consentimiento presunto en algunas comunidades— busca el mayor bien colectivo. Incluso leyes como la prohibición de fumar en interiores o los límites de velocidad se justifican por reducir daños y aumentar el bienestar general. Personalmente, me atrae la claridad pragmática del utilitarismo, aunque sé que en la práctica choca con derechos individuales en casos dolorosos.