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Desde mi experiencia ayudando a familiares, siempre empiezo por el proveedor de Internet: en España muchos operadores ofrecen controles parentales gratuitos si llamas al servicio técnico o entras en tu área de cliente. Pedirles que activen un perfil filtrante puede ser la forma más sencilla si no te apetece tocar el router. Además, recomiendo activar SafeSearch en los buscadores y el modo restringido en plataformas de vídeo; son cambios rápidos y efectivos.
A nivel personal, suelo crear cuentas separadas para menores en cada dispositivo y bloquear la instalación de apps sin mi contraseña. También he usado aplicaciones como «Qustodio» o «Norton Family» para supervisión y horarios; no son gratuitas siempre, pero ofrecen informes y bloqueo de categorías. Lo que valoro es que la tecnología vaya con reglas claras: acordar horarios, explicar riesgos y revisar listas de páginas bloqueadas. Al final, combinar medidas técnicas con comunicación suele ser lo que realmente funciona.
Me puse a investigar y te cuento lo que mejor me funcionó en mi piso compartido: lo más rápido es cambiar el DNS en el router o en cada dispositivo. Probé «CleanBrowsing» y «OpenDNS»: con esas direcciones DNS el bloqueo se aplica a todo lo que esté en red, así no tienes que tocar cada ordenador. También instalé una extensión ligera en el navegador, algo como BlockSite para Chrome/Firefox, para añadir dominios concretos que aparecían.
Si eres un poco más manitas, monté un Pi-hole en una Raspberry Pi y filtré dominios a nivel de red; es lo más potente pero requiere algo de tiempo. Además, activé el modo restringido en YouTube y el SafeSearch en Google para reducir resultados explícitos. En mi experiencia, la clave es combinar DNS seguro, extensiones y ajustes de búsqueda: así se tapa el 95% de lo que no quieres que se vea y es relativamente fácil de mantener.
Hace poco, probé un enfoque sencillo y práctico que recomiendo si buscas una solución sin líos: primero cambia el DNS del router por uno que bloquee contenido para adultos (por ejemplo, «1.1.1.3» de Cloudflare o las IP de «OpenDNS FamilyShield»). Luego protege el acceso al router con una contraseña difícil y comprueba que los dispositivos no puedan cambiar esa configuración.
Si quieres añadir otra capa rápida, activa SafeSearch en Google y el modo restringido en YouTube desde las cuentas que usan los menores. Para móviles, usa «Family Link» en Android o «Screen Time» en iOS para bloquear apps y poner límites de uso. A mí me gusta esta combinación porque es fácil de aplicar y razonablemente robusta, y te deja tiempo para enfocarte en hablar con los chavales sobre por qué existen esas normas.
Mi forma de abordarlo en casa ha sido combinar varias capas de protección para que no dependa de una sola solución, y funciona bastante bien. Primero, configuré el router: entré al panel de administración y activé el control parental que trae el equipo (muchos routers modernos lo incluyen). Le puse una contraseña fuerte al admin para que los niños no la cambien y limitamos el horario de acceso a Internet en las franjas nocturnas.
Después añadí un DNS filtrante a nivel de red: uso «OpenDNS FamilyShield» y también probé «Cloudflare 1.1.1.3»; con esto se bloquean automáticamente las categorías de contenido para adultos en todos los dispositivos conectados sin instalar nada en cada aparato. Complementé con perfiles en cada móvil y tablet usando «Google Family Link» y «Screen Time» de Apple, que permiten bloquear apps y revisar actividad.
Al final, lo que más me ha dado tranquilidad ha sido combinar tecnología y conversación: expliqué por qué hay filtros y revisamos normas de uso. No es infalible, pero con varias capas y contraseñas seguras se reduce muchísimo el acceso inadvertido y me deja más tranquilo cuando se conectan solos.