Me encanta experimentar con trucos caseros y el huevo es uno de mis favoritos por una razón sencilla: funciona y siempre sorprende.
He usado clara y yema en distintas combinaciones para
la piel y el cabello. La clara, rica en proteínas y con efecto astringente, ayuda a tensar poros, reducir el
brillo y dar una sensación de piel más firme; la yema, con lípidos y lecitina, aporta hidratación y nutrición, perfecta si tienes la piel tirante o el cabello seco. Para la cara, suelo mezclar clara con una cucharadita de miel y dejarla
diez o quince minutos; la piel queda más lisa y las marcas de grasa se notan menos. Si necesito más hidratación, mezclo yema con aceite de oliva y unas gotas de limón (con cuidado si la piel es sensible).
En el cabello, el huevo es un pequeño milagro casero: un huevo entero batido con dos cucharadas de aceite de coco o de oliva y aplicado de medios a puntas durante unos
veinte minutos deja el pelo más suave, con menos frizz y un brillo natural. Siempre aclaro con agua fría para evitar «cocinar» el huevo y luego utilizo mi champú habitual. También recomiendo hacer una prueba en una pequeña zona antes de aplicarlo por completo, y no usarlo con
heridas abiertas o sobre cuero cabelludo irritado. A mí me encanta porque es barato, fácil y te conecta con remedios de
toda la vida; además, ver el antes y después en fotos caseras siempre me anima a seguir probando nuevas mezclas.