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Tres Castigos para el Alfa
Tres Castigos para el Alfa
Author: Circle Master

Capítulo 1

Author: Circle Master
Hice girar el champán en la copa con una sonrisa falsa en la cara. Cole parpadeó. Algo en su expresión titubeó y, después de un momento de duda, soltó mi muñeca.

Esa furia asesina que deformaba su rostro se convirtió en incomodidad. Se aclaró la garganta unas cuantas veces antes de ofrecer una disculpa a medias por el jalón.

—Disculpa —murmuró él—. El sanador de la manada asegura que la salud de Kate empeora cada día —se justificó, dando un paso hacia mí—. A lo mejor le queda muy poco tiempo de vida. Crecimos juntos, Wendy. Me perturba la idea de dejarla morir sin cumplir su último deseo. Te agradezco que entiendas la situación.

Le dediqué otra sonrisa falsa y me levanté. Alcé las manos para acomodarle el nudo de la corbata con delicadeza.

En mi vida pasada, la situación me habría destrozado la cabeza. Fui lo bastante estúpida para creer, aun cuando me estaba muriendo, que un compañero destinado te debía lealtad hasta el último momento.

No me importaba el último deseo de Kate. Nada de lo que dijera para cumplir sus berrinches merecía interrumpir nuestra Ceremonia de Emparejamiento, el evento que yo más valoraba en el mundo. Por eso armé un escándalo y obligué a Cole a cancelar todo frente a los invitados. Ese caos hizo que Kate saliera huyendo con sus lágrimas de mentira, pero esa noche encontró la muerte en un accidente.

Frente a la manada, Cole soltó un suspiro, me perdonó la vida y siguió adelante con su papel de lobo devoto y compañero herido. Pero bajo esa máscara, él ya tenía mi ejecución planeada.

Como venganza por la muerte de su amada Kate, inventó cargos por conspirar con lobos renegados para hundir a mi familia. Mis padres terminaron pudriéndose en una celda de la Alianza. Y yo fui exiliada, cazada y despedazada por una jauría de salvajes.

Pero la Diosa me regaló otra oportunidad. Y ahora iba a dejarlo vivir el resto de sus días amarrado a Kate, la loba que amaba de verdad. Aunque tenía una duda que me atormentaba en la cabeza: ¿Kate lo seguiría buscando cuando Cole perdiera todo su poder como Alfa?

Al terminar de ajustar su corbata, acaricié su mejilla con un toque frío. Después de ese día, jamás volvería a ver esa arrogancia en su cara.

Cole se tensó bajo mi tacto. Después, su ego se infló y el orgullo de macho se le notó en la cara. Era esa típica mueca para anunciarle al mundo que, a pesar de elegir a otra loba en el altar, yo seguía rendida a sus pies como una loba sumisa.

Cubrió mi mano con la suya y bajó el tono de voz, intentando sonar romántico.

—Wendy, necesito que sepas la verdad. Tú siempre serás la persona más importante en mi vida —aseguró, pero yo ya no le creía nada—. En cuanto termine esto con Kate, te voy a compensar como lo mereces.

Hizo una pausa para soltar la última bomba que lo condenaría:

—Y una cosa más... ¿puedo darle a Kate tu collar de piedra lunar? Es otro de sus deseos antes de morir.

Asentí sin pensarlo, me arranqué el collar del cuello y se lo puse en la palma de la mano. Le hice una seña con la barbilla para invitarlo a seguir con su ceremonia.

Necesitaba ganar un poco de tiempo antes de sacarlo de mi vida por completo, así que tracé un plan con reglas muy bien pensadas. Tres traiciones equivalían a perder tres de sus privilegios. Ese era mi límite antes de dejar al Alfa en una ruina de la que jamás volvería a recuperarse.

Me moría de curiosidad por ver la velocidad de su propia destrucción. Capaz tomaba un día. Un mes. A lo mejor un año. Pero, por lo pronto, acababa de quemar su primera oportunidad de redimirse.

Pero el Alfa era más patético de lo que pensaba, ya que malinterpretó mi silencio. Seguro creyó que me dolía entregarle el collar. De manera que, antes de irse, se dio media vuelta y me dio un beso en la frente. El gesto me dio ganas de vomitar.

Apenas desapareció entre la multitud de invitados, busqué a los lobos de mi manada. Les hice una seña discreta para que se acercaran y formaron un círculo a mi alrededor.

—Empiecen a sacar todos los suministros y recursos que la manada de Blood Moon le regaló al territorio de Cole —les ordené sin piedad y recalqué—: Que no quede nada, absolutamente nada.

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