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Bebiendo La Cura Viscosa De Mi Deformidad
Bebiendo La Cura Viscosa De Mi Deformidad
Author: Mangonel

Capítulo 1

Author: Mangonel
Me llamo Javier Luna. Estoy pasando el verano solo en casa y un día me dio por salir al balcón a buscar algo de acción. Saqué lo mío y me puse a observar a las mujeres de los edificios de enfrente mientras me imaginaba mil situaciones.

Cuando le eché el ojo a una señora que estaba en lencería y empecé a divertirme, escuché una risita. Me quedé helado y me lo guardé. Al girar la cabeza, vi a una muchacha tierna parada en el balcón de al lado, observándome con asombro.

"Ya valió, me descubrieron en la pura acción", pensé con el corazón acelerado.

Antes de que pudiera reaccionar, ella me preguntó con inocencia infantil:

—¿Por qué tienes un bulto ahí abajo? No se parece en nada a lo mío.

La vecina de dieciocho años me miraba fijamente con curiosidad; tenía los ojos grandes y brillantes.

"¿Será que la vecina nueva es una belleza con retraso?", me pregunté mientras una idea perversa empezaba a tomar forma en mi mente. Yo fingí no entender.

—¿Cómo que no se parece? Enséñame cómo es el tuyo.

No esperaba que lo hiciera sin dudarlo; de pronto, se bajó su minifalda blanca y me mostró su piel blanquísima.

—Mira, yo aquí estoy plana, no tengo nada.

Me quedé hipnotizado. Estaba depilada, era una belleza. De la impresión, sentí que la nariz me empezaba a sangrar. Al notar las gotas rojas, se acercó preocupada.

—¿Por qué te salió sangre de la nariz? ¿Te duele?

Antes de que pudiera responder, desde el departamento de la vecina se escuchó una voz firme.

—¿Qué haces ahí? Ven para adentro.

Salió corriendo hacia su casa, pero mientras se iba me agitó la mano.

—Ya no puedo jugar, mi mamá me habla.

Regresé a mi departamento y me limpié la nariz con papel.

No dejaba de pensar en lo que acababa de pasar.

Qué diablos. Esa chica parecía tan ingenua que sería fácil engañarla.

Ya me estaba imaginando cómo acercarme más sin que nadie se enterara.

La idea me calentó tanto que me senté en el sofá, listo para desahogarme otra vez.

Pero entonces sonó el timbre.

Abrí la puerta y ahí estaban Lucy y su mamá.

Pensé que venían a reclamarme, y se me aceleró todo.

—Disculpa que te molestemos. Soy tu nueva vecina, vivo al lado.

Respondí todavía nervioso.

—Hola, mucho gusto. Yo soy Javier Luna.

—Mira, es que me tengo que ir de viaje una semana por trabajo. Mi hija es un poco especial y necesita que la cuiden. ¿Podrías echarle un ojo, por favor? Te lo agradecería muchísimo.

Me sonrió tímidamente. Aunque ya pasaba de los treinta y cinco, seguía viéndose muy guapa.

Miré a Lucy detrás de ella y sentí que el corazón me latía fuerte.

—Claro que sí, no hay problema. La cuido bien.

—Mil gracias.

Me dejó a Lucy en el departamento, me dio dinero para gastos y se fue corriendo.

Cerré la puerta y la observé con calma.

Tenía la cara blanca y suave, una actitud de quien no sabe mucho del mundo.

Lo que más me llamó la atención fue que, a pesar de su actitud infantil, tenía un cuerpo muy desarrollado. Llevaba un uniforme de colegiala bastante sugerente y medias blancas. Era la combinación perfecta entre lo tierno y lo provocativo.

Solo de pensar que íbamos a estar solos, volví a sentir esa reacción.

Lucy abrió mucho la boca y se quedó mirando el bulto.
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