Me encanta aprovechar los minutos en el AVE para sumergirme en un audiolibro; es como tener una sala de lectura móvil que me acompaña entre ciudades.
Normalmente preparo todo la noche anterior: descargo el archivo en la app para escuchar offline, marco la velocidad que más me gusta (a mí me va bien 1.15x porque no pierdo matices) y activo el modo avión para ahorrar batería y evitar cortes raros con las redes móviles. Llevo auriculares con cancelación de
ruido y un pequeño power bank en el bolso; si el trayecto es largo, lo dejo cargando en el puerto del vagón para no quedarme a medias. También uso el temporizador de apagado para que la narración no me deje desorientado si me quedo durmiendo.
Durante el viaje me gusta alternar: atiendo una escena intensa con atención total y en los momentos de paisaje me dejo llevar por la narración de fondo. Si hay partes que quiero recordar, hago una marca con el gestor de capítulos o vuelvo
diez segundos para escuchar de nuevo; para novelas densas a veces elijo la versión leído por el autor o por un narrador con buena entonación, como en «
la sombra del viento», porque añade textura a la historia. Procuro bajar el volumen cuando hay paradas y dejo un oído atento a los anuncios del tren, así no me pierdo la mía. Al bajar del AVE apago la app y a veces anoto en mi móvil las escenas que quiero releer más tarde; me agrada que el viaje me deje con la sensación de haber ganado tiempo para leer y descansar al mismo tiempo.