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Viuda Dos Veces: Renací Lejos de Él
Viuda Dos Veces: Renací Lejos de Él
Autor: Zafira

Capítulo 1

Autor: Zafira
—Mayra, de verdad lo siento; yo tampoco me imaginé que a Luis le fuera a pasar algo así, tan de golpe.

Luis tenía los ojos enrojecidos; me miraba con esa expresión de dolor perfectamente ensayada.

Cuando entraron con el cuerpo de Martín en una camilla, yo seguí la corriente: rompí en llanto y le grité "¡Amor!" como si se me fuera la vida.

Martín estaba pálido, ceniciento, muerto de verdad. Era idéntico a Luis; con esa cara, nadie sospecharía que el que seguía vivo ya estaba listo para ocupar su lugar.

Lloré un rato y, limpiándome las lágrimas, solté:

—Llévenselo de una vez.

Luis asintió enseguida, incluso más apurado que yo, como si le urgiera borrar cualquier rastro.

Lo vi acomodar el cuerpo. En su mano, justo en la base del pulgar, tenía una cicatriz fina y alargada.

En la vida pasada, fue esa cicatriz la que me confirmó que el que estaba vivo era Luis.

Esta vez, fingí no haber visto nada.

En la vida pasada, Luis y Martín salieron a una misión de rescate. Martín se golpeó la nuca por accidente y murió al instante.

Y Luis, para que Gina no quedara viuda, estuvo dispuesto a renunciar a su identidad para hacerse pasar por Martín.

Los demás no notaron su actuación forzada, se la creyeron sin problemas. Pero yo, que era su esposa y vivía con él, lo reconocí con solo mirarlo.

Lo encaré, desesperada, exigiéndole que me dijera por qué pensaba suplantar a Martín, por qué iba a abandonarnos a Perla y a mí.

Él, en cambio, se volvió frío, lo negó sin pestañear y me apartó la mano de un manotazo.

—Mayra, sé que la muerte de Luis te destrozó, pero eso no significa que puedas confundirme con él.

Yo no podía creerlo. Lo seguí interrogando, una y otra vez, hasta que Luis me empujó al río helado.

Desde la orilla, con Gina protegida detrás de él, me miró luchar sin mover un dedo.

—¡No voy a dejar que lastimes a Gina!

Gina, escondida detrás de él, me escupió insultos: que yo era una zorra, una sinvergüenza, que mi esposo apenas había muerto y ya andaba peleando por un hombre.

Yo pasé tres días y tres noches con fiebre alta. Solo Perla, de apenas cinco años, se quedó conmigo.

Ella lloraba y le preguntaba a Luis por qué no la reconocía.

Y él dijo que Perla era una niña manipulada, que estaba diciendo disparates por mi culpa y la encerró en un cuarto oscuro "para que aprendiera".

Yo volví del borde de la muerte al tercer día. Perla también sobrevivió después de tres días y tres noches sin comer.

Almeida me llenó de insultos, diciendo que yo era una mujer de mala suerte, un mal agüero. Nos echó a Perla y a mí con lo puesto, sin un centavo.

Esa noche de viento y nieve, golpeé la puerta hasta destrozarme las manos. Le rogué a Luis que salvara a Perla.

Lo único que respondió, desde adentro, fue su voz helada:

—Estás loca si sigues creyendo que soy Luis. Si no puedes aceptar la realidad, déjame en paz.

Y todos le creyeron. Dijeron que yo era una desgracia andante, que había perdido la cabeza y por eso confundía a Martín con mi esposo.

Con Perla en brazos, sin ningún lugar adonde ir, pasé hambre y frío, hasta morir congelada en la calle.

Recordarlo me encendía el pecho como una llama, me ardía tanto el odio que quería arrastrar a toda esa familia conmigo.

Miré a Luis, apurado por llevar a Martín al crematorio, y pensé con una frialdad que hasta a mí me sorprendió: "Si de verdad quieres vivir con Gina como si fueran el gran amor, entonces te voy a dar el gusto. Pues sé Martín para siempre."
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    El superior mandó llamar a Gina y a Almeida. Las separaron y las interrogaron a cada una por su lado.Luis se creía ganador. Se me acercó a provocarme, con esa mirada de superioridad.—Mayra, ya vi cómo eres. En cuanto recupere mi identidad, te voy a pedir el divorcio.Yo ni le respondí; solo me quedé ahí, sin moverme, esperando a que terminaran los interrogatorios.Unos minutos después, Gina salió primero. En cuanto vio a Luis, se le pegó y le habló con voz melosa:—Amor…Luis la apartó de golpe.—¿A quién le dices amor? Yo soy Luis, no soy tu esposo.Gina hizo una mueca, como si le diera igual.—¿Y tú qué crees? ¡Si me maté para que el superior se creyera que somos pareja!Luis se quedó helado.No alcanzó a reaccionar cuando Almeida también salió, de prisa, y se acercó a él como si fuera a compartir un secreto.—Tranquilo. Los engañé a todos. No van a sospechar que te estás haciendo pasar por Martín.Yo sonreí para mis adentros, con frialdad. Luis creyó que, porque ellas sabían la ve

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