No existe un manual único, porque cada accidente es distinto y el entorno cambia todo el procedimiento.
Cuando veo una recuperación compleja pienso primero en asegurar la escena: señalizar, cortar tráfico si hace falta y coordinar con quien atiende emergencias. Después viene la evaluación del vehículo: si está volcado, en un barranco o en una autopista, esto define el equipo necesario (grúa de plataforma, winche potente, polipastos, eslingas certificadas). Antes de mover nada se toman
fotos y se registra la posición para el seguro y, cuando procede, para la policía.
La parte técnica incluye inmovilizar el coche, vaciar fluidos peligrosos o contenerlos, y decidir si conviene enderezar in situ para cargarlo o hacer un izado. Finalmente, hay papeleo: autorización del titular, remisión al depósito o a un taller, notas sobre daños y quién paga. Todo esto suena frío, pero cuando lo he vivido en persona he visto que la combinación de seguridad, documentación y comunicación con el propietario hace que
el proceso sea mucho menos traumático para todos.