5 Respuestas2026-01-28 12:42:57
No hace falta ser jurista para notar que la palabra «sodomía» tiene hoy más carga histórica que vigencia legal en España.
Recuerdo leer sobre cómo, durante la dictadura, ciertos actos fueron perseguidos; afortunadamente eso cambió durante la transición democrática y desde entonces las relaciones sexuales consensuadas entre adultos dejaron de ser delito. Hoy la protección gira en torno a la intimidad, la libertad sexual y el consentimiento: si dos adultos consienten, el Estado no penaliza la práctica en sí.
Dicho esto, el marco penal sí contempla delitos cuando falta el consentimiento, cuando hay coerción, cuando la víctima es menor o cuando se trata de actos con animales. Además, la Constitución y diversas leyes de igualdad protegen contra la discriminación por orientación sexual, y la sociedad legal ya no usa «sodomía» como categoría jurídica. En lo personal me parece una evolución lógica hacia más respeto por la autonomía y la privacidad de las personas.
5 Respuestas2026-01-28 04:47:17
Me fascina la manera en que la sodomía aparece como una sombra moral y jurídica a lo largo de la literatura medieval española, y cómo esa sombra modeló tonos, personajes y argumentos.
En los textos legales y sermones de la época la palabra sodomía se usaba como etiqueta amplia para todo lo que se consideraba desorden sexual, y eso convirtió al tema en una herramienta narrativa frecuente: servía para condenar, para satirizar o para distinguir al justiciero del corrupto. En la narrativa didáctica y en los relatos hagiográficos, la mención de «sodomía» a menudo aparece junto a milagros o castigos ejemplares, lo que fortalecía la función moralizante de la obra.
Mi lectura de poemas y relatos medievales me ha enseñado a buscar más allá del término: la sodomía fue también símbolo de transgresión social y política, un recurso que autores y cronistas empleaban para demonizar adversarios o advertir sobre la pérdida del orden. Esa ambigüedad hace que hoy los textos resulten fascinantes: hablan de miedo, poder y deseo sin las etiquetas modernas, y por eso sigo volviendo a ellos con curiosidad.
5 Respuestas2026-01-28 17:21:44
Me llama la atención lo viva que puede ser la discusión sobre este tema cuando se abre en foros de historia española; he visto hilos que duran semanas y generan aportes muy variados.
En mi caso, suelo buscar fuentes primarias y me topo con muchos debates sobre terminología: ¿qué entendían por 'sodomía' en los siglos XVI y XVII? En archivos aparecen autos de fe y procesos inquisitoriales donde la palabra se usa de forma amplia, a veces mezclando prácticas sexuales entre hombres, actos no procreativos y hasta acusaciones que hoy clasificaríamos de otra manera. Eso provoca discusiones en los foros: unos defienden interpretar esos documentos en su contexto legal y moral de la época; otros los leen con sensibilidad moderna y buscan visibilizar a personas perseguidas por su orientación.
También hay quienes discuten metodología —fiabilidad de confesiones obtenidas bajo tortura, el sesgo de los escribanos, y la fragmentariedad de los registros— y cómo todo eso afecta nuestras conclusiones. Yo suelo aportar ejemplos concretos y recomendar lecturas de archivo para que la conversación sea menos especulativa y más documentada, y me satisface cuando el debate termina con varias perspectivas integradas.
5 Respuestas2026-01-28 03:26:03
Me acuerdo de la polémica que generó «La piel que habito» y cómo, al salir del cine, todos comentábamos lo extremo de algunas escenas. En mi opinión más visceral, esa película de Pedro Almodóvar (2011) es la más citada cuando se habla de violencia sexual en el cine español moderno: incluye secuestro, tortura y actos sexuales no consentidos que muchos interpretan como sodomía o su intento, usados como herramienta narrativa para explorar poder, venganza e identidad. No es una película para quien busque entretenimiento ligero; es fría y perturbadora, y su tratamiento de la violencia sexual provoca debate sobre la ética del cine que muestra ese tipo de violencia.
Además, si se revisan films de finales del siglo XX y principios del XXI, aparecen otros títulos donde el sexo extremo o degradante forma parte de la historia: «Kika» (1993) y «Matador» (1986) de Almodóvar, así como «Las edades de Lulú» (1990) de Bigas Luna, que exploran sexualidades límites, a veces incluyendo prácticas analizadas por críticos como sodomía o prácticas sadomasoquistas. Al hablar de estas películas conviene diferenciar entre representación explícita, insinuada o empleada simbólicamente; cada director lo usa con fines distintos. Yo suelo advertir a amigos antes de recomendarlas, porque son intensas y no aptas para todo el mundo.