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Lo que más me choca como lector joven de cine es cómo los autores usan la sodomía como símbolo extremo. Películas españolas que suelen mencionarse en este tema son «Las edades de Lulú», «Kika» y «La piel que habito». No siempre aparece de forma directa: a menudo está insinuada o aparece dentro de una escena de violación o humillación más amplia.
Pienso que hay que hablar de contexto: en algunas obras sirve para explorar sexualidad transgresora, en otras para subrayar la violencia del antagonista. Yo recomiendo leer reseñas y poner un aviso de contenido antes de verlas si la temática te puede afectar; a mí me hicieron pensar mucho sobre límites narrativos y responsabilidad artística.
Me sorprende lo poco que se habla en voz alta sobre este tema en foros; he visto varias de esas películas y recuerdo lo incómodo que resulta ver escenas donde la intimidad se viola. Desde mi lugar de espectador joven que busca entender por qué se utilizan imágenes extremas, diría que «La piel que habito» y «Kika» son las más referenciadas: en ambas, la agresión sexual está al servicio de una trama más amplia (venganza, crítica social, humor negro deformado), pero la sensación que dejan es la de voyeurismo incómodo.
Otra película que aparece en conversaciones es «Las edades de Lulú», que viene de una novela erótica y no rehúye escenas explícitas ni prácticas marginales. No todas muestran sodomía de forma literal; en muchos casos hay implicaciones, juegos de poder o escenas que el espectador interpreta como sodomía. Yo, cuando las comento con amigos, insisto en el contexto: algunas buscan escandalizar, otras investigar el límite entre amor y violencia, y hay que verlas con una visión crítica y con aviso sobre el contenido.
He leído y visto bastante cine español antiguo y reciente, y mi reflexión más histórica es que el tratamiento de la sodomía ha cambiado mucho por la censura y luego por la liberación creativa. En el franquismo era prácticamente inexistente en pantalla; tras la transición, la ruptura con tabúes hizo que directores experimentales y provocadores empezaran a mostrar prácticas sexuales extremas o violentas. En ese grupo se suelen citar películas como «Matador» por su exploración de perversiones, «Kika» por sus escenas de agresión, y «La piel que habito» por su tratamiento clínico y perturbador del cuerpo y la sexualidad no consentida.
Como espectador más maduro, me fijo en cómo se usa la representación: a veces las escenas son gratuitas y buscan escándalo; otras buscan comentar sobre poder, culpa o identidad. También hay que distinguir entre sodomía consensuada en contextos eróticos y sodomía no consentida que se trata como violencia. Personalmente valoro cuando el director se hace responsable del impacto de mostrar algo tan cargado; cuando no, la película queda como un ejercicio de provocación que me deja mal sabor.
Me cuesta olvidar la sensación de incomodidad al ver algunas escenas en estas películas; por eso prefiero advertir desde ya que no son títulos ligeros. Entre las más citadas por críticos y espectadores están «La piel que habito», «Kika», «Matador» y «Las edades de Lulú», todas ellas españolas y con tratamientos muy distintos del sexo extremo, desde lo simbólico hasta lo explícito.
En mi experiencia, la sodomía aparece más como elemento narrativo para explorar poder, castigo o perversión que como erotismo consensuado. Por eso al recomendarlas siempre explico que se ven escenas duras y que conviene acercarse a ellas con cabeza y contexto: algunas ofrecen reflexión, otras provocación pura, y a mí me han dejado pensando en los límites del cine.
Me acuerdo de la polémica que generó «La piel que habito» y cómo, al salir del cine, todos comentábamos lo extremo de algunas escenas. En mi opinión más visceral, esa película de Pedro Almodóvar (2011) es la más citada cuando se habla de violencia sexual en el cine español moderno: incluye secuestro, tortura y actos sexuales no consentidos que muchos interpretan como sodomía o su intento, usados como herramienta narrativa para explorar poder, venganza e identidad. No es una película para quien busque entretenimiento ligero; es fría y perturbadora, y su tratamiento de la violencia sexual provoca debate sobre la ética del cine que muestra ese tipo de violencia.
Además, si se revisan films de finales del siglo XX y principios del XXI, aparecen otros títulos donde el sexo extremo o degradante forma parte de la historia: «Kika» (1993) y «Matador» (1986) de Almodóvar, así como «Las edades de Lulú» (1990) de Bigas Luna, que exploran sexualidades límites, a veces incluyendo prácticas analizadas por críticos como sodomía o prácticas sadomasoquistas. Al hablar de estas películas conviene diferenciar entre representación explícita, insinuada o empleada simbólicamente; cada director lo usa con fines distintos. Yo suelo advertir a amigos antes de recomendarlas, porque son intensas y no aptas para todo el mundo.