Recuerdo discutir esto en un ciclo de cine con amigos y quedarnos en que Jonah Hill representa bien la transición del actor cómico al dramático. Eso explica por qué la Academia le prestó atención: no fue por casualidad, sino por actuaciones que tenían matices y riesgo.
En cuanto a los hechos: tiene dos nominaciones al Oscar a Mejor Actor de Reparto, por «Moneyball» y por «El lobo de Wall Street». Las ceremonias en las que estuvo nominado fueron donde finalmente los premios se los llevaron Christopher Plummer y Jared Leto, así que Jonah no obtuvo la estatuilla en ninguna de esas ocasiones. Aun así, las nominaciones le dieron un estatus distinto dentro de la industria.
Lo que más me interesa es cómo esas candidaturas cambiaron la narrativa en torno a su carrera: dejó de ser visto solo como el tipo gracioso y pasó a ser alguien capaz de elegir papeles que desafían expectativas. En mi opinión, eso es más valioso a largo plazo que cualquier premio en una vitrina.
Me encanta comentar estas curiosidades de Hollywood, y Jonah Hill siempre resulta un tema entretenido. Viniendo de la comedia, su salto a papeles más serios me pareció uno de esos movimientos que cambian la percepción pública de un actor: pasó de hacer reír en comedias a llevar personajes complejos que llamaron la atención de la academia.
Concretando: Jonah Hill ha sido nominado al premio Oscar en dos ocasiones, ambas como Mejor Actor de Reparto. La primera nominación fue por «Moneyball» (la película de béisbol con Brad Pitt), y la segunda por «el lobo de wall street» (la explosiva colaboración con Martin scorsese). Aunque esas nominaciones le trajeron reconocimiento y validaron su versatilidad, no ganó en ninguna de las dos: perdió frente a Christopher Plummer y Jared Leto, respectivamente.
Personalmente, celebrar las nominaciones me parece justo: muestras de que Hollywood vio más capas en él que el típico rol cómico. Aun sin la estatuilla, esas nominaciones le abrieron puertas creativas —escribió y dirigió «Mid90s» y sigue eligiendo proyectos curiosos— y eso para mí cuenta tanto como un premio físico.
No es raro que la gente pregunte si Jonah Hill tiene un Oscar; la respuesta corta es: no, no ha ganado, aunque sí fue nominado en dos ocasiones. Las películas por las que consiguió esas nominaciones fueron «Moneyball» y «El lobo de Wall Street», ambas en la categoría de Mejor Actor de Reparto.
Perdió frente a Christopher Plummer en una ocasión y frente a Jared Leto en la otra, así que no tiene la estatuilla, pero las nominaciones hablan de su capacidad para romper el molde cómico que muchos le asignaban. Para mí, es un ejemplo claro de cómo en el cine los reconocimientos a veces solo marcan una etapa, mientras que las elecciones de carrera muestran la evolución real de un actor.
2026-07-14 06:35:56
3
View All Answers
Scan code to download App
Related Books
La "Viuda" Huyó con Su Cachorro
Maíz
10
6.3K
Después de que mi compañero, Regulus Thornfield, muriera en un “accidente”, su hermano gemelo, Lawrence Thornfield, tomó su lugar como Alfa. También nos heredó a mí y a mi cachorro, Niall Thornfield.
La nueva Luna, Alice Moreau, me ve como una espina clavada en su costado. No desea otra cosa más que exiliarnos de la manada a Niall y a mí.
Una noche, fui al despacho para pedirle a Lawrence que nos permitiera marcharnos de la manada, a Niall y a mí. Pero entonces escuché a su Beta preguntarle:
—Alfa Regulus, el que murió en el accidente fue su hermano. ¿Por qué dijo que el muerto había sido usted?
Se oyó el sonido de los nudillos de Regulus golpeando el escritorio.
—En aquel entonces, el consejo de ancianos me obligó a marcar a Leah. Pero la loba a la que he amado todo este tiempo siempre ha sido Alice. Además, Leah ya tiene un cachorro. Si no fingía mi muerte, la que se quedaría sin nada sería Alice.
De pie al otro lado de la puerta, sentí cómo mis uñas se clavaban en mis palmas.
Así que mi propio compañero estaba dispuesto a fingir su muerte y abandonar a su propia familia solo para poder volver al lado de la loba que realmente amaba.
Al amanecer, dejé una solicitud de traslado sobre el escritorio del consejo de ancianos.
—Mis bienes personales son suficientes para criar a mi cachorro. Además, me niego a ser la tercera en discordia en una relación. Por favor, déjennos salir de la manada.
Mi esposo estaba trabajando durante las fiestas, otra vez. Lo habían enviado fuera de la ciudad para supervisar una de las operaciones portuarias de la Familia y una serie de casas de juego. Por lo tanto, decidí comprar un boleto y sorprenderlo.
Solo quedaban asientos en clase ejecutiva.
Mirando el precio de cinco cifras, apreté los dientes y me gasté los ahorros de todo un año.
Todo para que luego ni siquiera pudiera averiguar cómo bajar la maldita bandeja.
La socialité sentada a mi lado soltó una risa fría.
—¿Nunca has volado en clase ejecutiva?
Forcé una sonrisa incómoda.
—Disculpa. Tú debes de ser… importante. Tienes esa aura.
—¿Oh, yo? No. El hombre que me mantiene es el importante. Alquilaría un jet privado si yo se lo pidiera. La clase ejecutiva es prácticamente rebajarse.
Parpadeé.
—¿Un… benefactor? Eso es raro.
—Para nada. Soy su secretaria. Cometo muchos errores. Le cuesta una fortuna. Me grita hasta que lloro. Y luego, bueno… llorar lleva a otras cosas. —Ella guiñó un ojo—. Ya sabes cómo es.
—Qué curioso —dije, con la voz tensa—. Mi esposo tiene una asistente que le ayuda a manejar las cuentas de los muelles. También se equivoca mucho.
—¿Estás casada?
Me recorrió de arriba abajo con la mirada.
—Mi hombre tiene una esposa de tu edad. Dice que está harto de ella. Que tocarla es aburrido. Dice que es mucho más emocionante el simple hecho de apartarme el cabello de la cara.
Se inclinó más cerca.
—Le dije que quería verlo para Año Nuevo. Así que le dijo a la esposa que tenía que trabajar.
En ese momento, el diamante en su dedo atrapó la luz. Era idéntico al anillo de boda que yo había perdido.
El cuerpo se me heló.
No. Matteo solo era un ejecutor de bajo nivel. Un simple soldado en el que la Familia confiaba ocasionalmente para hacer operaciones menores: envíos en el muelle, apuestas clandestinas, nada más.
¿Cuándo se convirtió en un Don?
En pleno apocalipsis zombi, mi novio, José Halabe, insistió en retrasar la evacuación.
Todo para que Susana Campuzano, su amiga de la infancia, también pudiera alcanzar el último grupo de helicópteros de rescate.
Pero esa era la última operación de evacuación desde que estalló el brote zombi. También era la única salida con vida para nuestro equipo de sobrevivientes.
Al ver que ella seguía sin aparecer, no me quedó más opción que noquear a José y subirlo conmigo al helicóptero.
Al final, Susana terminó devorada por la horda de zombis.
Yo, en cambio, logré sobrevivir gracias a esa decisión.
Después, viví una vida tranquila y feliz con José en la zona segura.
Pero la noche antes de que asumiera el mando del sector, justo cuando me preparaba para liderar al ejército humano en el contraataque, José me echó un sedante en el agua.
Luego me arrojó directo a una horda de zombis.
Cientos, quizá miles de zombis me abrieron el vientre y me devoraron viva, hasta que morí en medio de un dolor insoportable.
Él, en cambio, estaba de pie en lo alto de la muralla y soltó una carcajada helada.
—Por culpa de tu egoísmo, Susana también perdió la oportunidad de vivir. Tenías que sentir en carne propia el dolor que ella sufrió. Tenías que pagarlo con tu vida.
Al volver a abrir los ojos, regresé al día en que José insistía en retrasar la evacuación.
Ya que tanto quería vivir y morir junto a Susana, entonces yo misma haría que terminara sirviendo de comida para los zombis junto con ella.
Cuando abrí los ojos, mi hermana, Serena Shaw, estaba arrodillada frente a mí, llorando con un cuchillo de frutas presionado contra su muñeca.
—Nora, te juro que no fue intencional. Había bebido demasiado. Ni siquiera sé cómo Lucas y yo...
Casi me reí.
Porque ya había visto esa escena antes.
En mi vida pasada, Serena lloró como una víctima después de acostarse con mi prometido, Lucas Arden.
Todos la consolaron.
Lucas se casó con ella para salvar su reputación.
Y a mí me obligaron a casarme con Graham West, el prometido que Serena había abandonado.
Antes de la boda, Lucas me mostró mi nombre tatuado en su muñeca y me prometió que solo me amaría a mí.
Y yo le creí.
Desperdicié cinco años al lado de un esposo que amaba a mi hermana, esperando a un hombre que ya se había casado con ella.
Luego Serena murió.
Pensé que Lucas por fin volvería conmigo.
Pero, en lugar de eso, lo encontré en la funeraria, abrazando su fotografía como si hubiera perdido al amor de su vida.
—Ella era mi esposa —me dijo—. Déjalo ir, Nora.
En mi fiesta de cumpleaños, Lucas y Graham se pelearon por Serena en la azotea.
Uno se había casado con ella.
El otro nunca había dejado de amarla.
Mientras luchaban por ella, alguien me empujó hacia el tráfico y morí bajo las luces de los autos.
Cuando volví a abrir los ojos, regresé al principio.
Esta vez, pensé que yo era la única que recordaba todo.
Estaba equivocada.
Lucas recordaba.
Graham recordaba.
Y aun con una segunda oportunidad, ambos seguían eligiendo a Serena.
Pero esta vez no permitiría que me cambiaran, me eligieran o me desecharan.
Esta vez, iba a construir algo que ninguno de ellos pudiera arrebatarme.
Cuando tenía nueve años, quedé atrapada en una explosión mientras intentaba salvar a Joel Yorks, en donde la onda expansiva me arrebató la audición, por lo que, desde entonces, he tenido que usar audífonos.
Joel se sintió tan culpable, que Insistió en pedirme la mano, y, con los ojos llenos de lágrimas, juró:
—Helen, cuidaré de ti el resto de mi vida.
Sin embargo, cuando cumplí dieciocho… todo cambió, porque él quería complacer a la chica más bonita de la escuela. Por esto, delante de ella y de todos nuestros compañeros, me arrancó el audífono, mientras decía con total desprecio:
—Estoy harto de que seas una carga. De verdad desearía que no hubieras sobrevivido aquel día cuando tenías nueve años. Habría sido mejor que estuvieras muerta.
Apreté mi informe audiológico y guardé silencio.
Al llegar a casa, revisé en silencio mis solicitudes universitarias y, junto con mis padres, rompí formalmente el compromiso.
A partir de entonces, Joel y yo seguiríamos caminos separados.
No volveríamos a encontrarnos.
Una semana antes de Pascua, Adrián me dio siete días libres y mandó deslizar un boleto a Estocolmo dentro de mi bolso.
Pensé que por fin estaba aprendiendo a cuidar de mí.
Entonces lo escuché hablando con nuestro hijo en la escalera:
—Papá, ¿de verdad te vas a casar con la tía Bianca? ¿Y mamá?
Noah sostenía su carrito de colección, tratando de parecer valiente.
Adrián guardó silencio un momento.
—Solo será un matrimonio legal. Matteo ya no está. Bianca y Sophia quedaron expuestas, y no puedo dejarlas así. Necesitan el apellido DeLuca para estar protegidas.
—¿Mamá lo sabe?
—No puede saberlo. —Su voz se suavizó—. No le digas nada, Noah. Para tu cumpleaños, te voy a comprar el modelo de Aston Martin que quieres.
Así que el boleto nunca fue un regalo. Fue una forma de quitarme de en medio.
Si él podía poner el apellido de su familia sobre otra mujer, aunque solo fuera de cara a los demás, entonces yo también podía recuperar el orgullo y la ambición que había enterrado en este matrimonio.
Esta vez, cuando me fuera al norte, no iba a volver.
Me resulta imposible no sonreír cuando hablo de ese choque generacional entre actores y directores, porque la colaboración entre Jonah Hill y Martin Scorsese es de esas historias que brillan por lo inesperado y lo contundente.
Yo vi «El lobo de Wall Street» en el cine casi como una misa pagana al exceso, y recordar la presencia de Jonah me sigue pareciendo fascinante: interpretó a Donnie Azoff con una mezcla de histrionismo y vulnerabilidad que funcionó a la perfección con la maquinaria de Scorsese. Fue una colaboración clara y directa en una sola película, pero de gran alcance: Hill recibió la nominación al Oscar como mejor actor de reparto por ese papel, lo que habla de la confianza que Scorsese le puso para sostener escenas intensas junto a Leonardo DiCaprio.
Más allá de la nominación, lo que me quedó grabado fue cómo Hill se dejó moldear por el ritmo y la disciplina del set de Scorsese, y cómo aportó energía juvenil a un universo narrativo ya muy poderoso. No hubo un historial largo de proyectos compartidos después de eso, pero esa colaboración puntual se siente como una mezcla perfecta entre el viejo oficio del director y el talento camaleónico de Hill, y me encanta revisitarla cada vez que quiero ver a Hill en su registro más desbocado y humano.
He estado revisando carteleras y noticias de rodaje porque me encanta ver qué hacen actores que se mueven entre comedia, drama y dirección, y con Jonah Hill la cosa siempre es impredecible.
Hasta mediados de 2024 no había una gran confirmación pública de una película en la que él figure como protagonista pendiente de estreno a gran escala: después de su salto a la dirección con «Stutz» y sus papeles en títulos que van desde «El lobo de Wall Street» hasta comedias como «21 Jump Street», Jonah ha preferido alternar actuaciones con labores detrás de cámara y proyectos más íntimos. Eso suele traducirse en apariciones en películas de festival, producciones independientes o papeles secundarios que se anuncian más cerca del estreno. También ha estado involucrado en producir y desarrollar guiones, así que muchas de sus próximas películas pueden estar en fases de desarrollo o sin fechas cerradas.
Personalmente, me gusta esa actitud suya: no necesita estar en la cartelera masiva todo el tiempo para seguir interesado, y cuando vuelve suele aportar algo inesperado. Si te interesa seguirlo, lo mejor es estar atento a comunicados de festivales y a los créditos de producciones independientes, porque ahí es donde suele surgir su trabajo más curioso. En cualquier caso, tengo la sensación de que si hay algo grande en camino, no tardará mucho en aparecer en noticias y reseñas, y yo estaré atento con palomitas en mano.
No me lo esperaba, pero es verdad: Jonah Hill recibió una nominación al Oscar por «El lobo de Wall Street». En la ceremonia de 2014 fue candidato a Mejor actor de reparto por su papel como Donnie Azoff, una actuación que sorprendió por su mezcla de comedia y algo de tragicidad, muy distinta a lo que la gente esperaba de él hasta entonces.
No ganó la estatuilla: ese año el premio fue para Jared Leto por «Dallas Buyers Club». Aun así, la nominación fue un golpe importante para la carrera de Jonah: confirmó que los papeles dramáticos le podían abrir puertas y que la industria lo veía con nuevos ojos. Además, cabe recordar que ya había tenido otra nominación al Oscar antes, por «Moneyball», así que «El lobo de Wall Street» consolidó esa transición de comedia a papeles más complejos.
Personalmente, siempre me gustó que esa nominación llegara por un personaje tan desbordante; demuestra que el cine premia tanto el riesgo como la técnica. No se llevó la estatuilla, pero sí se ganó respeto y la oportunidad de elegir proyectos más ambiciosos después de «El lobo de Wall Street».