Tengo una imagen nítida de las plazas y las sombras de Roma cada vez que pienso en «Angels & Demons»: la novela de
dan brown sí transcurre mayoritariamente en Roma y en la propia Ciudad del Vaticano. Empieza con una escena en el CERN, en Suiza, relacionada con el antimateria, así que no todo sucede dentro de Italia, pero el grueso de la trama —la persecución, las pistas del llamado 'Camino de la Iluminación' y los lugares emblemáticos— está justamente en Roma y en el Vaticano, que en la práctica aparecen casi como otro personaje más.
Me encanta cómo Brown usa sitios reales: la Basílica de
san pedro, la Plaza Navona, el Panteón, el Castel Sant'Angelo y varias obras de Bernini y Miguel Ángel se integran en la historia. En la novela esas localizaciones sirven para los enigmas y las pruebas que enfrentan Robert Langdon y los demás personajes; hay tensión, carreras nocturnas y una atmósfera de conspiración muy urbana. El Vaticano, siendo un Estado independiente dentro de Roma, concentra la parte más claustrofóbica del conflicto —con la amenaza sobre la elección papal y el protagonismo de la Guardia Suiza—.
Si conoces Roma, notarás que Dan Brown toma algunas libertades dramáticas: mezcla tiempos, comprime distancias y añade giros para mantener el ritmo. Aun así, quien lea la novela o vea la película sentirá que camina por calles reales, mira
esculturas y escucha las campanas de iglesias antiguas. A mí me funcionó perfecto: la ciudad me pareció tanto un mapa físico como un tablero de acertijos, y eso hizo la lectura mucho más inmersiva.