Siempre me ha llamado la atención cómo una frase simple puede arrastrar detrás un paquete entero de mitos, y «Black Friday» es uno de esos casos donde la leyenda compite con la historia documentada.
He leído un montón de explicaciones: una dice que todo viene de la costumbre contable de que los comercios pasaban de números rojos a negros tras el auge de ventas posterior al Día de Acción de Gracias; otra, más colorida, proviene de la policía de Filadelfia en los
años 60 que llamaba «Black Friday» al caos de tráfico y multitudes que inundaban la ciudad antes del partido del ejército, porque los agentes tenían que trabajar jornadas maratónicas. También existe un antecedente más antiguo, en 1869, cuando una caída del mercado del oro en Estados Unidos fue apodada «Black Friday». Si juntas estas historias, te das cuenta de que ninguna es la única verdad, sino capas que se han superpuesto.
Personalmente, me gusta desempacar cada versión: la del contador (el bonito mito de pasar a estar "en negro") se popularizó en marketing durante los 80 porque suena positivo y fácil de entender, aunque históricamente es simplista. La historia policial de Filadelfia sí está documentada y explica por qué el término apareció con esa carga negativa en cierto momento; lo de 1869 aporta el ejemplo de que «Black Friday» ya tenía connotaciones funestas antes de asociarse con compras. Las crónicas y periódicos de distintas décadas muestran cómo el significado fue migrando hasta convertirse en lo que hoy entendemos: una jornada de descuentos, consumo masivo y, para muchos, una tradición anual.
En resumen, si te preguntas si la «historia» de «Black Friday» explica el origen del término: sí y no. Explica parte del origen —hay raíces comprobables— pero muchas narrativas populares simplifican o mezclan episodios distintos. Me resulta fascinante cómo una mezcla de periodismo local, marketing y anécdotas urbanas terminó transformando una frase con distintas raíces en una marca cultural global; y siempre que alguien cuenta la historia conviene, al menos para mí, separar mito de documento.
Al final, disfruto tanto del trasfondo histórico como del espectáculo contemporáneo que trae la fecha, aunque prefiero buscar ofertas con cabeza y con un poco de escepticismo sobre las explicaciones fáciles.