¿La Masoneria Tuvo Relación Con La Monarquía Española?
2026-03-12 00:13:14
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JuanVe
Lector casual
Fotógrafo
Quiz sur ton caractère ABO
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Odorat
Personnalité
Mode d’amour idéal
Désir secret
Ton côté obscur
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4 Réponses
Ryder
Radar lector
Trabajadora
He leído varios estudios que describen la relación como de choque y sometimiento más que de colaboración estable. En el siglo XVIII la masonería llegó ligada a las ideas de la Ilustración y pronto se topó con una Corona que combinaba poder absolutista y cercanía con el clero: eso generó leyes y sanciones contra las logias para frenar lo que se veía como una amenaza a la unidad religiosa y política.
Durante el siglo XIX, con las guerras carlistas, pronunciamientos militares y las olas liberales, la masonería encontró aliados entre sectores que buscaban reformas constitucionales. Muchos de esos aliados no representaban a la Corona como institución sino a facciones que querían reducir su poder. Por eso digo que la relación fue más bien de tensión: la monarquía, cuando necesitó estabilidad, reprimió; cuando el paisaje político cambiaba, convivió con figuras vinculadas a la masonería. Me parece un episodio fascinante que explica parte de la polarización del siglo XIX español.
2026-03-13 02:17:24
2
Wyatt
Asesor
Ingeniero
Mi visión rápida es que la relación fue compleja, cambiante y, sobre todo, desigual: no hubo una alianza institucional, pero sí encuentros y desencuentros a distintos niveles. A fuerza de seguirle la pista uno entiende que la masonería desempeñó un papel especialmente visible en los círculos liberales del siglo XIX, lo que la puso en conflicto con muchas ramas de la monarquía que defendían el orden tradicional.
También noto que el misterio y la clandestinidad contribuyeron a que surgieran muchas historias exageradas, algo que complica distinguir mito de hecho. En lo personal, me atrae esa mezcla de secreto, política y cultura: entender esos matices ayuda a ver la etapa moderna de España con menos simplificación y más curiosidad sobre cómo las ideas secretas terminaron impactando decisiones muy públicas.
2026-03-14 11:41:54
10
Ian
Apoyo lector
Traductor
Me interesa mucho la historia secreta que se teje entre la masonería y la monarquía española, porque no fue una relación simple ni un único bando homogéneo.
En términos institucionales, nunca existió una alianza formal entre la Corona española y las logias masónicas. De hecho, la monarquía y la Iglesia católica las vieron con desconfianza: las logias difundían ideas ilustradas y liberales que cuestionaban el orden tradicional. Eso llevó a prohibiciones, persecuciones y a que la masonería funcionara de forma clandestina durante largos periodos, especialmente en los siglos XVIII y XIX.
Sin embargo, a nivel individual la historia cambia: hubo nobles, militares y políticos que pertenecieron a logias o simpatizaron con ellas, y esos vínculos personales influyeron en movimientos liberales, pronunciamientos y reformas. En mi opinión, más que una relación de alianza fue una dinámica de conflicto, convivencia oculta y ocasional influencia mutua, dependiendo del momento histórico y de quién gobernara. Me sigue llamando la atención cómo lo secreto terminó marcando cambios públicos importantes.
2026-03-16 14:25:46
11
Jane
Asesor
Analista Financiero
No existe un tratado público que uniera a la Corona y las logias; eso es algo que aclaro siempre cuando explico esta historia. Pero la realidad es más rica: la masonería actuó como un espacio de sociabilidad intelectual y política donde se elaboraron ideas reformistas que acabaron repercutiendo en la vida pública, y parte de esa vida pública incluía a miembros de la aristocracia y del ejército que tenían relación directa o indirecta con la monarquía.
También es importante distinguir entre rumores, conspiraciones y documentación probada. A lo largo del tiempo han circulado leyendas sobre monarcas secretamente masones, pero la evidencia sólida de una política monárquica pro-masónica no existe. En cambio, sí hay constancia de represión: gobiernos conservadores y la Iglesia presionaron para erradicar la masonería, y más tarde regímenes autoritarios la persiguieron de manera sistemática. Desde mi punto de vista, ese carácter clandestino alimentó tanto la mitología como la influencia real de la masonería en episodios clave de la historia española, y por eso la relación se siente tan ambivalente.
2026-03-16 23:14:53
7
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Secretos bajo la corona del Don
Idao
0
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Todos en la Mafia sabían que Viktor Castro, Don de la familia Castro, adoraba a su esposa.
Cuando me quejé de que los inviernos de Nueva York eran demasiado fríos, arrasó con una banda rival de Miami solo para quedarse con una finca privada donde yo pudiera escapar de la nieve. Incluso, cuando le dije que quería una muestra de romance, iluminó el horizonte de Manhattan y me juró amor por el honor de su familia.
—Isabella, jamás te traicionaré.
Dicho esto, plantó rosas para mí en la antigua finca familiar en Sicilia y juró ante los jefes de la familia que yo sería la única mujer a la que amaría en toda su vida.
Acto seguido, rompió una regla centenaria y me entregó el control de los negocios más importantes de la familia, dándome una autoridad igual a la suya.
Pero esa noche, enredada entre nuestras sábanas, encontré una tanga de encaje negro.
¡Y no era mía!
Una noche, muy tarde, un hilo explotó y llegó a la portada de un famoso foro en lo más profundo del inframundo de Nueva York.
El autor de la publicación había rescatado una vieja consigna: «Nombra tres palabras que resuman tu juventud».
Entonces, una cuenta que llevaba años inactiva apareció en las respuestas. Su avatar era la silueta a contraluz de una chica con vestido blanco, y su nombre de usuario era: Seraphina.
Era Seraphina Rossi, la heredera de la familia Rossi, la reina indiscutible del inframundo de Nueva York. Vibrante. Apasionada.
Y Rico Valentino.
El heredero indomable de los Valentino y la deslumbrante heredera de los Rossi se habían amado con intensidad alguna vez, solo para que todo terminara en un amargo arrepentimiento.
Casi todos en el bajo mundo de Nueva York habían visto cómo se desarrollaba aquella ruptura. Yo incluida.
Giré la cabeza y miré al hombre que dormía a mi lado.
Ese era el hombre junto a mí: el chico imprudente que una vez había dominado las calles de Queens con los puños desnudos, ahora convertido en el Don de la familia Valentino.
Sereno. Inquebrantable. Y no me amaba.
Siempre supe que Rico seguía en contacto con Seraphina. Que se había reunido con ella en secreto más de una vez.
Por eso se había negado a hacer público nuestro matrimonio. Su excusa siempre era la misma:
—Mantener tu identidad fuera del radar evita que nuestros enemigos te conviertan en un blanco.
Pero yo sabía que era yo quien estaba entre Rico y la mujer a la que él nunca había dejado de amar.
Si los tres íbamos a seguir lastimándonos así, prefería irme y dejarlos estar juntos.
Ya había tomado una decisión: me divorciaría de Rico.
Después de que ella se robara mi anillo, me casé con el rival del Don
Liora Z
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En el taller privado de joyería de la familia Gallo. El anillo de bodas que había esperado durante seis meses estaba en el dedo de otra mujer. En la mano de Gia.
Ella era una supermodelo internacional con la que mi prometido, el Don de la familia Gallo, estaba teniendo una aventura.
El director del taller estaba a un lado, con el sudor frío empapándole la espalda mientras miraba a Maximo en el sofá.
Maximo se levantó. Tomó la mano de Gia, alzándola hacia la luz para admirar el anillo; su tono de voz no dejaba espacio para alguna discusión.
—Ella va a desfilar la próxima semana en un gran show en París. Necesita esto para causar una buena impresión en la escena de la alta costura. La bóveda de la familia está llena de joyas. Elige otra cosa. No seas dramática.
Bajo las luces intensas, Gia se admiraba en el espejo, su sonrisa era altiva y triunfante.
Miré mi propio reflejo. Suéter de cachemira y jeans. Yo no pertenecía a ese lugar.
Esta boda, que llevaba un año en preparación, de repente se sentía como una broma.
No estaba molesta. Simplemente cancelé, de paso, el vestido de novia a medida que había encargado.
—Maximo. Las otras joyas están perfectamente bien. Así que no me voy a casar.
Me casé en secreto con Don Matteo.
Cada vez que se acostaba con su amor de la infancia, me prometía una boda de verdad, frente a las Cinco Familias.
Durante cinco años, Matteo me lo prometió noventa y nueve veces. Y noventa y nueve veces, me dejó plantada en el altar.
La primera vez, el gato de exposición premiado de Cecilia murió. Para consolarla, pospuso la boda por tres meses. Yo me quedé sola en el altar, con los ojos enrojecidos, intentando calmar a los ancianos de la familia.
La segunda vez, Cecilia hizo un berrinche en un casino y destrozó un jarrón antiguo valorado en cien millones. Él desvió el jet privado destinado a la boda y voló toda la noche para ir a arreglar su desastre.
Y así cada vez, justo antes de nuestra boda, su amor de la infancia tenía algún tipo de emergencia.
Yo lloré. Grité. Incluso llegué a apuntarle con un arma a la cabeza. Pero Matteo solo me empujaba contra la pared y me hacía callar con un beso frío y rudo.
—Ella es solo un polvo. Tú eres la señora Falcone. Ten un poco de maldita clase.
Después de la vez número noventa y nueve, finalmente me harté.
Deslicé los papeles sobre la mesa. La tinta aún estaba fresca, con el sello de la familia Falcone estampado al final.
—Nuestro matrimonio, nuestra alianza… se terminó.
Sus manos ásperas, marcadas por las armas, ardían sobre mi cintura. Había algo frío y posesivo en cada respiración suya, algo que explicaba perfectamente por qué era el Don de la Cosa Nostra más temido de toda Sicilia.
Un timbre agudo rompió el silencio entre nosotros.
Respondió en siciliano, con esa voz ronca y dura tan propia de él.
Yo había aprendido el dialecto hacía años para encajar en su mundo, así que entendí todo lo que dijo.
Su consigliere le gritaba por teléfono por haber presentado una licencia de matrimonio legal y válida con Sofia Lombardi, la mujer que lo abandonó después de que una bomba lo dejó sin voz durante siete años.
La orden de Luca fue fría y letal, como un disparo.
—Guarda la licencia original en la bóveda de la familia. Redacta una licencia de matrimonio falsificada e inválida para que Isa siga siendo sumisa.
A los ojos de la ley y de toda su organización, yo no era más que su amante.
Después de siete años entregándole mi vida, había quedado reducida a nada más que su amante.
Otra llamada apareció en la pantalla.
Luca me miró, con la mentira ya lista en su boca.
—Asuntos familiares. Los escoltas te acompañarán a tu casa.
No dije nada. Salí a la noche fría de Palermo mientras me temblaban las manos al llamar a su madre, Anna Vitali.
—Acepto sus cincuenta millones de euros. Dejaré a Luca. Para siempre.
Anna decía que Luca y yo éramos de mundos diferentes.
Tuve que admitir que tenía razón.
Esta vez, quiero irme con dignidad.
El día que fuimos al registro civil a firmar, mi novio, el verdadero heredero —Rodrigo Aguiñaga—, fue sustituido en pleno trámite.
La prometida de Rodrigo —la "princesa de la mafia"— se aferró a su brazo y me miró con una sonrisa triunfal, como si ya hubiera ganado.
—Estafadora matrimonial y falso heredero, ¿no son la pareja perfecta?
No le respondí. Solo clavé la mirada en Rodrigo.
Cuando el clan mafioso por fin lo recibió de vuelta como el verdadero heredero, por querer casarse conmigo se aguantó el castigo del clan tres días y tres noches. Pero hoy, en cambio, asintió y se sumó al "chiste" sin el menor remordimiento.
—Es una broma, no te vas a enojar, ¿verdad?
Y luego lo dijo como si estuviera repartiendo migajas:
—Es solo el trámite. Cuando a Vanessa se le pase, tú y Luis se divorcian y luego tú y yo firmamos en el registro civil.
Yo sonreí.
Me di la vuelta y caminé directo hacia el falso heredero —Luis Aguiñaga—, lo miré de frente y solté, con una calma que hasta a mí me sorprendió:
—Ya estamos casados por el civil, amor, así que toca planear bien nuestra boda.
Siempre me ha fascinado ver cómo redes pequeñas pueden empujar grandes cambios en la historia.
En el siglo XVIII y sobre todo en el XIX, la masonería en España fue un canal para las ideas ilustradas y liberales: no era una institución masiva, pero sus logias reunían a personas con acceso a prensa, universidad y cargos administrativos que compartían ideales de reforma. Eso se dejó ver en episodios como el Trienio Liberal y en la efervescencia política que desembocó en varias insurrecciones y constituciones más abiertas a la modernidad.
No obstante, hay que ser claro: la influencia fue importante pero limitada. Las logias ofrecían redes de confianza, espacios de debate y mecanismos de solidaridad entre liberales, pero no dirigieron movimientos enteros por sí solas. El papel de la Iglesia y de oligarquías locales, además de la complejidad social y económica del país, marca hasta qué punto la masonería podía ser motor o simplemente un catalizador. Tras la Guerra Civil y bajo la dictadura, la represión borró gran parte de su visibilidad, y eso ha alimentado mitos sobre su poder real.
Al final, yo lo veo como una corriente significativa dentro de un río mucho más amplio de cambio: ni diosa salvadora ni sombra omnipotente, sino una pieza relevante en el rompecabezas de la España moderna.
Me quedé enganchado a los titulares que durante décadas ligaron a Bárbara Rey con la monarquía española, y aún hoy la mezcla de verdad, rumor y espectáculo me sigue fascinando.
Bárbara Rey, que se hizo famosa como vedette y rostro habitual de la televisión en los setenta y ochenta, fue objeto de una intensa cobertura mediática que alimentó rumores sobre una posible relación con el rey emérito Juan Carlos I. Esa cobertura no fue solo chismorreo de papel cuché: en su momento moldeó la percepción pública y convirtió a Rey en un personaje central de la crónica social. Con el paso de los años han surgido declaraciones contradictorias, reacciones del entorno, y la Casa Real mantuvo siempre su línea de discreción y negación ante la prensa.
Desde mi punto de vista, lo que más me interesa no es tanto si el romance existió en términos biográficos, sino cómo la historia muestra la fragilidad de la vida privada frente al interés público y cómo los medios pueden convertir a una persona en símbolo de una época. Para mí queda la impresión de que Bárbara Rey pagó un peaje mediático muy alto: fama, rumores y litigios que marcaron su carrera y su imagen pública, más allá de lo que se pueda demostrar con documentos. Esa mezcla de brillo y sombras es lo que hace esta historia tan representativa del periodismo del corazón en la España de la transición y los años posteriores.