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Secretos bajo la corona del Don
Secretos bajo la corona del Don
Autor: Idao

Capítulo 1

Autor: Idao
Me quedé mirando la tanga de encaje negro que tenía en la mano, paralizada por un instante.

Ese día era nuestro aniversario de bodas y Viktor me había dicho que había alquilado todo el hotel frente al mar para que pudiéramos celebrarlo a solas.

El sonido del agua corriendo se detuvo y, un par de minutos después, Viktor salió del baño con una toalla envuelta alrededor de la cintura, mientras las gotas se deslizaban por las líneas firmes de su pecho. Incluso después de tantos años, seguía teniendo esa presencia peligrosa e intoxicante que hacía que la gente lo mirara dos veces por instinto.

Caminó hacia mí con la sonrisa cálida que un esposo debería tener en la noche de su aniversario y yo no pude hacer más que arrojarle la tanga, interrogándolo:

—¿Qué es esto?

La tela de encaje cayó sobre la alfombra.

Durante una fracción de segundo, la mirada de Viktor se ensombreció. Luego su expresión volvió a la normalidad, como si nada hubiera pasado.

Sonrió y me atrajo entre sus brazos, apoyando suavemente la barbilla sobre mi cabeza.

—El personal del hotel debió de pasarla por alto al limpiar. No dejes que algo tan asqueroso arruine nuestro aniversario.

Lo empujé y alcancé el teléfono de la habitación.

—Voy a llamar al gerente del hotel.

Su mano se cerró de inmediato alrededor de mi muñeca, con la fuerza suficiente para detenerme.

—Bella, yo me encargo. No tienes que preocuparte por algo tan insignificante.

Luego se abotonó la camisa y salió de la suite.

Me senté en el borde de la cama, aburrida e inquieta, mientras revisaba Instagram en mi celular.

El algoritmo me mostró una publicación nueva de Mia, la media hermana de Viktor.

En la foto, posaba de forma provocativa con una tanga de encaje negro. El pie de foto decía:

«Perdí mi tanga de encaje favorita. Qué tristeza. Cada vez que me la pongo, mi novio me hace sentir increíble.»

Debajo de la publicación, una cuenta anónima había comentado:

«No estés triste, bebé. Quédate conmigo.»

Mis dedos se tensaron alrededor del celular mientras agrandaba la foto.

El diseño, el patrón del encaje era idénticos a la prenda que acababa de encontrar enredada entre nuestras sábanas.

Pensando en esto, hice más zoom en el fondo.

Más allá de los ventanales de piso a techo se extendía una costa en forma de media luna, exactamente igual a la vista que tenía desde la suite presidencial donde me hospedaba.

Mis dedos se quedaron inmóviles sobre la pantalla.

Justo cuando estaba a punto de revisar más publicaciones de Mia, la puerta de la suite se abrió y Viktor volvió a entrar sosteniendo una caja de terciopelo azul.

—Cariño, esa tanga era parte de un ridículo obsequio de cortesía que el hotel preparó para los huéspedes VIP. Como no te gustó, la tiré.

Recogió la tanga de la alfombra y la arrojó con naturalidad al bote de basura.

El movimiento fue fluido. Natural.

Si no hubiera notado antes la mancha blanca en la tela, quizá habría creído su mentira.

Viktor no se percató del cambio en mi expresión. Abrió la caja de terciopelo y reveló un collar de diamantes en su interior.

—Mandé a hacerlo con Julian Pereira especialmente para ti.

Julian Pereira era mi diseñador de joyas favorito. Solo lo había mencionado una vez en una subasta, años atrás, y Viktor aún lo recordaba.

—Feliz aniversario, Bella.

Miré el collar y no sentí nada más que repulsión. Pese a esto estaba a punto de ponérmelo alrededor del cuello cuando su teléfono comenzó a sonar y el nombre de Mia apareció en el identificador de llamada.

Viktor la rechazó de inmediato.

Sin embargo, un segundo después, el teléfono volvió a sonar. Por lo que él rechazó una vez más antes de apagar el teléfono por completo.

—Pruébatelo.

Su voz seguía siendo dulce mientras tomaba de nuevo el collar.

Fue entonces cuando el que nos interrumpió fue mi teléfono, con el mismo nombre brillando en la pantalla: Mia.

La expresión de Viktor se tensó durante una fracción de segundo, y el pánico cruzó por sus ojos, mientras yo tomaba mi celular y contestaba la llamada.
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