Me golpeó de forma brutal la mezcla de estilos en «
kill bill: Vol. 1» cuando la vi por primera vez en pantalla: es una película dirigida por
quentin tarantino y su firma está en cada plano. Tarantino vuelve a jugar con el formato en capítulos, saltos temporales y diálogos que parecen poesía pop, todo mientras construye una historia de venganza muy clara y directa. La protagonista, Beatrix Kiddo, es una figura casi mitológica: fría, precisa y con una fuerza emocional que impulsa toda la película.
Lo que realmente la caracteriza, y por eso me sigue pareciendo fascinante, es cómo Tarantino toma elementos de kung fu, western, cine de samuráis y grindhouse y los mezcla sin complejos. Hay secuencias de lucha coreografiadas con brutal belleza (la mano de los maestros del kung fu es evidente), un estallido de violencia estilizada que funciona más como catarsis que como realismo, y una banda sonora que pega cambios radicales de tono para enfatizar o ironizar. Visualmente juega con colores saturados, composiciones teatrales y recursos como la animación para contar un fragmento de la historia, y todo eso hace que la película sea más homenaje que pastiche, pero con un pulso propio.
Al final me queda la sensación de que «Kill Bill: Vol. 1» es una carta de amor al cine popular y a la venganza personal, pero contada con un sentido del ritmo y el humor que solo Tarantino sabe dar. Es ruidosa, bella en lo grotesco y completamente adictiva; verla es dejarse arrastrar por su energía sin pedir permiso.