Siempre me resulta inspirador señalar a autores que, además de escribir, recomiendan y celebran los libros ilustrados para niños porque saben del poder de las imágenes para contar historias.
Yo suelo empezar por clásicos que nunca fallan: Margaret
wise Brown, autora de «Buenas noches, luna», y Eric Carle, creador de «La oruga muy hambrienta», son voces que recomiendan lecturas visuales para los más pequeños por su capacidad de combinar ritmo y arte. También menciono a Maurice Sendak («Donde viven los monstruos») y a Beatrix Potter («El cuento de Perico»), que muestran cómo las ilustraciones pueden crear mundos enteros en pocas páginas.
Además, hoy me gusta destacar a autores-ilustradores contemporáneos como Oliver Jeffers («Cómo atrapar una estrella»), Jon Klassen («Este no es mi sombrero») y Mo Willems («No dejes que la paloma conduzca el autobús!»), quienes recomiendan libros ilustrados porque saben que las imágenes invitan a la curiosidad, el humor y la participación de los niños. Para familias que buscan diversidad y relatos más actuales, recomiendo a Grace Lin y a Kadir Nelson por su enfoque cultural y estético.
En lo personal, disfruto ver cómo cada autor propone una puerta distinta al mundo infantil: unos apuestan por la ternura, otros por la subversión o el puro juego visual. Si tuviera que quedarme con una lección, es que los autores que realmente creen en los libros ilustrados saben que la imagen y el texto se hacen mejores mutuamente y por eso los recomiendan sin dudar.