Tengo un cariño especial por las historietas clásicas y siempre que alguien me pregunta sobre los orígenes de la dupla inolvidable respondo con entusiasmo: su primer encuentro publicado aparece en «Astérix el Galo». Ese álbum, creado por René Goscinny y Albert
uderzo y publicado por primera vez en 1961, es el que presenta al pueblo indomable, a Panoramix con su poción, y a Obélix ya grande y repartiendo menhires junto a Asterix. Allí se ve cómo funcionan dinámicamente: Asterix, astuto y pequeño, con la ayuda de la poción, y Obélix, fuerte por haber caído en la caldero de pequeño, formando un tándem perfecto desde el principio.
Me gusta recordar que en «Astérix el Galo» no solo se presenta la amistad, sino que ya se sugieren detalles del pasado de Obélix —la famosa caída accidental en la olla mágica— y se establecen las bromas recurrentes y la química entre los personajes. A lo largo de los años, otros álbumes y adaptaciones animadas han ampliado o jugueteado con esos recuerdos, pero la primera presentación oficial y canónica de los dos juntos es ese primer tomo.
Personalmente me encanta releer ese álbum cada cierto tiempo: tiene una frescura y un humor que explican por qué la serie sigue siendo tan querida. Es el clásico punto de partida si quieres entender cómo empezó la historia entre ambos.