3 Respuestas2026-01-12 05:33:50
Me sigue emocionando cada vez que una aleta rompe el azul cuando salgo a la costa; esas escenas son mi gasolina. En las aguas españolas se pueden ver muchos cetáceos distintos: delfines como el delfín común («Delphinus delphis») y el delfín mular («Tursiops truncatus»), delfines listados («Stenella coeruleoalba») y delfines de Risso («Grampus griseus»), además de la marsopa común («Phocoena phocoena») en zonas del norte. Entre las ballenas, aparecen con relativa frecuencia el cachalote («Physeter macrocephalus»), la rorcual común o fin («Balaenoptera physalus») y el rorcual aliblanco o minke («Balaenoptera acutorostrata»). También se registran pilotos («Globicephala»), calderones y varias especies de zifios o ballenas picudas como el zifio de Cuvier («Ziphius cavirostris»).
Mi experiencia en salidas de observación me ha enseñado que la distribución cambia mucho según la zona: en las Islas Canarias, por ejemplo, el cachalote es casi un habitante habitual y aparecen muchos zifios y cetáceos pelágicos; en el Cantábrico y Galicia hay buena presencia de rorcuales, delfines comunes y marsopas; y en el Mediterráneo occidental las aguas frente a las Baleares y el Estrecho ofrecen avistamientos de calderones y, en ocasiones, cachalotes. El estrecho de Gibraltar también es famoso por delfines y orcas ocasionales.
Si te interesa verlos, yo procuro salir en barcos respetuosos con la fauna y mantener la distancia; es mejor observar con paciencia que forzar encuentros. Al final, cada avistamiento me recuerda lo diversa y frágil que es la vida marina en nuestras costas, y eso siempre me deja una sensación de asombro y responsabilidad.
3 Respuestas2026-01-12 12:59:59
He tengo un mapa mental con puntos en la costa española donde siempre sueño con volver para ver cetáceos en libertad.
Mi rincón favorito es la costa de Tenerife y La Gomera: allí he visto cachalotes a pocos kilómetros de la costa y familias de delfines girando alrededor de la embarcación. El agua templada y las corrientes profundas hacen que las probabilidades sean altas durante todo el año, aunque la calma del verano ayuda a que los avistamientos sean más cómodos. También me encanta la zona del estrecho de Gibraltar —Tarifa y Algeciras— donde se pueden ver delfines comunes, calderones y, en ocasiones, orcas que siguen a los bancos de atunes.
En el Cantábrico y las Rías Gallegas la cosa cambia: el mar es más frío y las especies tienden a ser distintas; he encontrado zifios, delfines comunes y alguna vez fin whales mar adentro, especialmente en los meses de julio a octubre. Para disfrutarlo de verdad prefiero excursiones responsables en grupos pequeños, con guías que expliquen comportamiento y respeten las normas de distancia. Llevo siempre prismáticos, crema solar y algo contra el mareo, y me quedo con la sensación de que cada viaje es único, tanto por la especie que aparece como por las historias que cuentan los guías locales.
3 Respuestas2026-01-12 10:29:00
Me encanta salir al mar temprano y observar a los animales marinos.
En el Mediterráneo español lo que yo más veo en mar abierto son los delfines listados («Stenella coeruleoalba»), que suelen formar grupos grandes y se mueven en aguas pelágicas. Sin embargo, si hablamos de lo que la gente suele avistar desde la costa o en excursiones cortas, el delfín mular («Tursiops truncatus») es el más frecuente. Yo mismo he notado la diferencia: en travesías largas aparecen a veces bancos de delfines listados, muy activos y saltarines; cerca de la costa, sobre todo en calas y bahías, los delfines mulares son los que se acercan a proa y muestran curiosidad.
Los listados triunfan en aguas abiertas porque se alimentan de peces pequeños y cefalópodos en zonas más profundas, formando grupos numerosos que son espectaculares desde la distancia. Los mulares, por su parte, son más robustos, con un comportamiento más residente y territorial en ciertos tramos costeros. También hay ejemplares de delfín común («Delphinus delphis») en el Mediterráneo, pero sus poblaciones han descendido y ya no son tan visibles como antes.
Creo que es importante recordar los riesgos que enfrentan: enmallamientos, contaminación y ruido marino afectan a todas estas especies. Cuando salgo a verlos me gusta hacerlo con respeto, manteniendo distancia y evitando interrumpir su rumbo; así se disfruta el avistamiento y se protege a los animales. Al final, ver a un grupo de delfines listados o a un mular en la costa siempre me deja una sensación de asombro y ganas de aprender más sobre su mundo.
3 Respuestas2026-01-12 02:09:20
Me acuerdo de una mañana en La Gomera cuando un grupo de zifios apareció a popa y todo el barco quedó en silencio: fue uno de esos instantes en los que entiendes lo frágil que es ese encuentro. He visto cómo la presencia constante de embarcaciones turísticas altera ritmos naturales: mamás con crías se sumergen menos tiempo, los grupos se dispersan y los individuos muestran comportamientos de evasión que antes no existían. El ruido de motores y ecos de ecosondas fragmenta la comunicación entre cetáceos, y eso no solo molesta: puede afectar la capacidad de localizar alimento o coordinar cuidados parentales.
Con los años he observado también el otro lado, el más ambiguo. El turismo ha traído dinero a comunidades costeras y ha financiado campañas de concienciación y proyectos de ciencia ciudadana; mucha gente que jamás habría escuchado sobre los zifios ahora los respeta y colabora. Aun así, sin normas estrictas y control efectivo, la ventaja económica puede acabar convirtiéndose en presión letal: más barcos, acercamientos indebidos, alimentación por parte de aficionados y riesgo de colisiones con hélices. Personalmente creo que el turismo responsable —con límites de velocidad, distancias mínimas, cupos por zona y tiempos de observación— es la única vía para que los cetáceos no paguen el precio de nuestra curiosidad. Me quedo con la imagen de aquella mañana en la que todo el mundo entendió que mirar desde lejos también es amar.
3 Respuestas2026-01-12 04:27:01
El mar tiene estaciones propias y, por experiencia, te diré que primavera y otoño son las ventanas más generosas para avistar cetáceos en muchas zonas de España.
He pasado décadas saliendo en barco y observando patrones: en el norte y en el Cantábrico, desde abril hasta septiembre es cuando la actividad se dispara; los rorcuales y los grandes migrantes pasan más cerca de la costa y las condiciones de mar suelen ser mejores. En la Cornisa Cantábrica y en Galicia, los veranos suelen ofrecer salidas regulares con posibilidad de ver delfines, zifios y, a veces, rorcuales.
Las Islas Canarias son otro mundo: allí hay presencia de cetáceos durante todo el año, con cachalotes y calderones relativamente habituales. Aun así, la primavera también da buenos resultados porque coincide con movimientos de otras especies. Por último, el Estrecho de Gibraltar suele rendir bien entre la primavera y el otoño gracias a sus poblaciones residentes de delfines y a las corrientes que atraen alimento. Mi consejo de viejo aficionado: busca salidas tempranas con operadores responsables y paciencia; el mar te recompensará si lo respetas y observas con calma.