Siempre que veo «When Harry Met Sally» me fijo en los secundarios tanto como en los protagonistas, y
bruno Kirby es uno de esos que hacen que la película funcione sin robarse el show. En la película interpreta a Jess, el mejor amigo de Harry: un tipo franco, algo cínico, pero con una sinceridad que a menudo pone en evidencia las neurosis de Harry. Jess no es un personaje grandilocuente; su valor está en ser el contraste perfecto para las manías de Harry, aportando un humor seco y un punto de vista más práctico sobre las relaciones. Eso ayuda a que las conversaciones entre personajes se sientan reales y completas, no solo centradas en la pareja principal.
Recuerdo que la interpretación de Kirby me parece deliciosa porque tiene un tempo cómico muy específico: no necesita muchos gestos para
arrancar una carcajada, basta con su forma de decir las cosas. En varias escenas actúa como ese amigo que toma partido o desarma una discusión con una línea punzante, y eso le da ritmo a la película. Además, su química con Billy Crystal es evidente: se nota que funcionan como cómplices en pantalla, lo que refuerza la credibilidad de la amistad entre ambos personajes.
Por último, me gusta pensar en Jess como el espejo que le muestra a Harry lo que no quiere ver: sus contradicciones y sus miedos. Bruno Kirby consigue que ese espejo sea simpático y humano, no moralizador. Para cualquiera que disfrute de
comedias románticas donde los personajes secundarios enriquecen la historia, su papel en «When Harry Met Sally» es un ejemplo perfecto de cómo un actor de apoyo puede dejar una huella duradera. Siempre me deja con ganas de revisar sus otras películas y recordar su talento.