LA VERDAD OCULTA
Eyda LG
Lo único que pudo hacer en ese momento fue cerrar los ojos y adoptar una posición fetal, esperando que alguien la encontrara y la llevara a la enfermería o que el dolor desapareciera al volver a abrir sus ojos.
No obstante, no la habían llevado ni a la enfermería, ni a su celda; ya que al abrir sus ojos, el dolor persistía en todo su cuerpo y se encontraba en un lugar completamente distinto del que se había imaginado que la llevarían. Lo único que sabía que alguien la había encontrado, y la había llevado a aquel lugar frío y oscuro, dado de que por más que miraba a todas partes, no podía ver nada; de seguro aquel sitio debía de ser la celda de castigo que todas las reclusas le temían. Con las pocas fuerzas que le quedaban, se sentó y busco una pared cerca y se recostó en esta. Después intentó vislumbrar algo que le permitiera saber exactamente dónde estaba. Fue entonces cuando, al mirar sin poder distinguir nada en aquella oscuridad
, escuchó una voz ronca que le dijo: Bienvenida al infierno.