LOGINUVPO. CAPÍTULO 37. Trata más fuerteUn empleado soltó una carcajada y la secretaria se llevó las manos a la cintura.—¡Alejandra, no puedes decir eso del jefe! ¡Eres su guardaespaldas! Si no quieres intervenir al menos llama a seguridad —la reconvino.—Lo siento, mi contrato no incluye resolver discusiones sentimentales —declaró y en aquel instante, Tiffany arrojó un cojín. Alejandra señaló el despacho—. Además, la munición acaba de pasar a categoría blanda. No veo motivos para intervenir.La puerta se abrió diez minutos después, y Tiffany salió con el rostro enrojecido y el cabello ligeramente despeinado. Todos los empleados regresaron inmediatamente a sus actividades. Uno incluso comenzó a escribir frenéticamente sobre un teclado que no estaba conectado.Y Alejandra permaneció junto al escritorio de recepción. Tiffany la vio de inmediato, y, tal como Ale temía, sus tacones de aguja de dos mil dólares, avanzaron directamente hacia ella.—¡Todo esto es por tu culpa! —vociferó con un t
UVPO. CAPÍTULO 36. Dos mujeres y un abogado en peligroEse mismo mediodía, Tiffany apareció en el bufete. Alejandra estaba conversando con la recepcionista cuando la vio entrar. La mujer llevaba un vestido elegante y una bolsa de una tienda exclusiva.—Hola, Alejandra.—Hola, Tiffany.La respuesta salió casi inaudible y Tiffany la observó con curiosidad.—¿Estás enferma?Alejandra negó rápidamente.—No. Estoy bien —dijo, pero cuando ella se acercó para preguntarle si Sloan estaría disponible para una cena esa noche, Alejandra se cubrió instintivamente la boca con una mano, como si aquella mujer pudiera ver los besos que todavía sentía sobre sus labios; como si pudiera descubrir, con solo mirarla, lo que había ocurrido la noche anterior.Tiffany continuó hacia el despacho de Sloan, mirándola por encima del hombro como había hecho desde el mismo día en que se habían conocido.Alejandra trató de ver hacia otro lado, pero cuando vio que Sloan salía a recibirla, sintió una vergüenza tan p
UVPO. CAPÍTULO 35. Sentimientos encontradosNinguno de los dos durmió, eso había que decirlo. Alejandra pasó la noche dando vueltas en su cama, recordando cada segundo de aquellos besos. A las tres de la madrugada se levantó para beber agua. A las cuatro intentó leer. A las cinco consideró seriamente mudarse a otro continente.Sloan, por su parte, se quedó sentado en su despacho hasta el amanecer. Pensó en Tiffany, en la tutela, en el botón de pánico que había activado por celos. Y, sobre todo, en la forma en que Alejandra lo había besado antes de apartarse.A las siete de la mañana salió del apartamento esperando un largo día sin verla, pero lo que encontró fue peor. Ella lo esperaba junto al auto, exactamente igual que todos los días anteriores. Llevaba pantalones negros, una blusa blanca y unas gafas oscuras.—Buenos días. El auto está listo.Él sintió una punzada en el pecho que fue directamente a aflojarle las rodillas.—Alejandra...Pero ella solo abrió la puerta trasera.—Tie
UVPO. CAPÍTULO 34. Un desastreEra fiebre, calor, humedad, la presión de sus dedos en su espalda, de su mano sobre su trasero, de su pecho contra el suyo mientras aquella boca la asaltaba sin piedad. Alejandra trató de retroceder… o quizás lo pensó, pero su cuerpo seguía anclado al de Sloan.Sus manos se apoyaron instintivamente contra el pecho desnudo, y él profundizó aquel beso, como si llevara demasiado tiempo conteniendo algo que finalmente había dejado de obedecerle.Y Alejandra, que podía derribar a tres hombres armados, conducir durante una persecución y saltar de un avión sin perder la calma, descubrió que no tenía la menor idea de cómo defenderse de aquel beso.Cuando Sloan se apartó, ambos respiraban desesperados, y Alejandra lo miró, atónita.—¿Qué…?—Creo que tengo un problema. —Él apoyó la frente contra la suya y ella tragó saliva.—¿Uno nada más?Sloan cerró los ojos.—Uno bastante grave.Alejandra bajó lentamente la mirada hacia ese espacio inexistente entre los dos y d
UVPO. CAPÍTULO 33. El "señor no rompo las reglas"Sloan le sujetó la muñeca para evitar que llamara, juntó las cejas, se hizo el dolido pero fuerte. Pero había algo que no cuadraba. El Sloan que ella conocía estaría maldiciendo a todos los ancestros que conocía y a todos los que le faltaban por conocer, pero el que estaba frente a ella solo decía:—Alejandra, estoy bien. De verdad.¿Con aquella vocecita?Alejandra se detuvo y lo observó. Había algo extraño en él, comenzando por el hecho de que había pasado los últimos minutos comportándose como un hombre al borde del desmayo, pero acababa de sujetarla con una fuerza perfectamente normal.Alejandra bajó lentamente la mirada hacia su mano y ladeó la cabeza.—Sloan...—¿Sí?—Levántate.—Me siento débil.—Levántate.—Alejandra...Ella retrocedió un paso y cruzó los brazos.—Muy bien. Voy a llamar a una ambulancia. Y cuando lleguemos al hospital, voy a explicarles que activaste una alerta de emergencia porque te caíste en la ducha. También
UVPO. CAPÍTULO 32. Una emergencia muy sospechosaAlejandra estaba a punto de subir a la avioneta cuando su teléfono comenzó a emitir un sonido que le heló la sangre. No era una llamada. Tampoco un mensaje. Era la alerta del botón de pánico de Sloan. Se quedó inmóvil durante una fracción de segundo y después sacó el dispositivo del bolsillo.“EMERGENCIA ACTIVADA”.—¡Mierda!Samuel, que ya estaba dentro de la avioneta, se asomó por la puerta.—¡Rivera! ¿Qué te pasa, ya te acobardaste?—¡Eso quisieras Ironman, pero tengo una emergencia! —gritó de vuelta mientras corría alejándose del avión.—¿Necesitas ayuda?—¡No! ¡Quédate! ¡Nos vemos después! —aseguró ella.—¡Alejandra!Pero la muchacha ya estaba corriendo hacia el estacionamiento.Activó el localizador mientras se quitaba parte del equipo de salto. La señal apareció inmediatamente sobre el mapa: el edificio de Sloan. Alejandra sintió que se le encogía el estómago.Había advertido a aquel idiota sobre las amenazas. Le había explicado q







