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Capítulo 4

작가: Ignacia Fabara
—¿Qué?

Por un momento, Alejandro creyó haber escuchado mal.

Sofía repitió lo que acababa de decir. Pero Alejandro todavía no se lo creía.

—Sofía, ¿qué truco quieres hacer ahora?

—Hablo en serio. Alejandro, les dejo el camino libre. Ya contacté al abogado, estoy aquí arriba en un cuarto del hospital. Si tienes tiempo ven, hablemos sobre el divorcio...

Antes de que Sofía terminara, Alejandro pareció entender de repente lo que pasaba.

Se rio con frialdad y la interrumpió.

—No tengo tiempo.

Dicho eso, Alejandro colgó directamente.

Se rio de la rabia.

Su comportamiento de esos últimos días era justo eso: una táctica para llamar su atención.

Con todo lo que acababa de decir, probablemente lo que realmente quería era que él fuera a verla.

Usaba el divorcio como carnada.

“Ja, casi le creo.”

Todos estos años no era la primera vez que él la presionaba para que se divorciaran.

Le prometió darle la mitad de su fortuna, le prometió darle todo lo que pudiera, pero ella no quiso nada.

Después trató de provocarla para que ella misma pidiera el divorcio. Apropósito se abrazaba con otras mujeres delante de ella, la trataba mal frente a los García, la ignoraba delante de sus amigos.

Cualquier mujer con un poco de dignidad ya se habría divorciado aprovechando la situación, pero ella no.

Al principio, Alejandro pensó que era ambiciosa, que quería más cosas, hasta que después entendió que lo único que ella quería era a él.

Alejandro no pudo evitar reírse con burla.

Podía darle cualquier cosa, excepto a sí mismo. Eso era imposible.

“Ni Florencia ni yo queremos verte, cuídate”.

Después de mandar ese mensaje, Alejandro no le hizo más caso y subió directamente.

Esperaba que esta vez Sofía tuviera un poco de dignidad.

Si no, no le importaría echarla del hospital delante de todos.

Al recibir el mensaje de Alejandro, Sofía miró esas palabras frías con un toque de advertencia y se rio de sí misma.

Aunque ya se había preparado mentalmente, de todas formas, sintió un frío en el corazón.

Resulta que su desconfianza hacia ella había llegado a ese punto.

Cinco años de matrimonio, y era un fracaso total.

Sin embargo, lo que la sorprendió fue que ya no sentía la tristeza y el dolor de antes; al contrario, se sentía mucho más tranquila.

Probablemente todo lo que pasó esta vez de verdad la despertó.

En menos de unos minutos ya había aceptado con calma el hecho de que Alejandro no quería verla y se preparó para descansar y cuidar su cuerpo.

Pero cuando ya casi era la tarde, una enfermera la buscó y con mucho tacto le pidió que se cambiara de hospital.

—El doctor Rodríguez dice que necesita descansar bien, y le consiguió otro hospital. También dijo que si tiene alguna queja, puede ir a buscarlo sin problema.

Al escuchar el nombre de Javier, Sofía por supuesto entendió de qué iba todo.

El director de este hospital era el papá de Javier. Aunque Javier solo era un doctor en prácticas, nadie se atrevía a desobedecer lo que él dijera.

Esto era claramente echarla del hospital sin rodeos.

Sofía no quiso complicarles las cosas a las enfermeras y asintió, aceptando.

Abrazando los restos de su bebé no nacido, que le pidió al doctor, se bajó lentamente de la cama.

Una de las enfermeras al verla tan lastimada se sintió mal por ella.

—Si la paciente no está de acuerdo, el doctor no puede pedirle que se cambie de hospital por su cuenta. Esto también lo puede denunciar, el teléfono de quejas del hospital es...

—No hace falta.

Sofía forzó una sonrisa y la interrumpió.

Sabía que la enfermera tenía buenas intenciones, pero también sabía bien que quien la estaba echando era Javier, pero si no fuera con el permiso de Alejandro, él no se atrevería a hacer esto.

Aunque denunciara no serviría de nada.

Alejandro no quería verla y tenía cien maneras de hacer que se fuera.

Le agradeció a la enfermera y Sofía no se quedó más tiempo.

Arrastrando su cuerpo dolorido, salió del hospital cojeando.

***

Cuarto SVIP.

—Alejandro, ¿en qué piensas?

Florencia miraba ese hombre elegante y distinguido parado junto a la ventana.

Desde que regresaron al cuarto había estado callado mucho tiempo, sin saber en qué pensaba.

—En nada.

Alejandro volvió en sí.

Con elegancia, caminó hacia la cama del hospital.

Justo cuando giró la cabeza, pasó por alto esa figura delgada y tambaleante allá abajo.

Alejandro llegó al lado de su cama y le acomodó bien las cobijas con la mano.

Sintiendo la textura suave como satín, Florencia sonrió.

Las cobijas eran de seda que Alejandro mandó comprar de urgencia en el centro comercial. Preocupado de que se sintiera encerrada en el hospital, también mandó instalar una tele junto a la cama.

Pensando en eso, Florencia sintió calidez en el pecho.

En su mente apareció otra vez la imagen de hace rato cuando vio a Sofía parada en la puerta del cuarto toda despeinada y pálida.

Florencia apretó los labios ocultando la sonrisa. Sin pensarlo extendió la mano queriendo tocar la cara de Alejandro.

Pero él, como si adivinara su movimiento, se echó para atrás.

Su mano se quedó congelada en el aire.

Un poco incómodo.

Pero Alejandro actuó como si nada hubiera pasado y le preguntó con naturalidad:

—¿Esta vez cuánto tiempo piensas quedarte en el país?

Al oír eso, Florencia se sintió un poco decepcionada.

No entendía por qué Alejandro pensaba en todo por ella, era tan detallista que hasta se acordaba de su período, pero siempre rechazaba que ella se le acercara.

Aguantó su molestia a la fuerza y le dijo, jugando:

—¿Cuándo quieres que me vaya?

Alejandro no dijo nada.

Pero Florencia entendió lo que quiso decir. Se rio suavemente.

—Esta vez no pienso irme. Después de todo, la persona que me gusta todavía está aquí.

Lo miró fijamente sin apartar los ojos.

Alejandro se puso incómodo, se paró evitando su mirada.

—No juegues, ya estoy casado.

—Pero no la amas, ¿verdad?

Florencia no recibió su respuesta. Respiró hondo y dijo, muy seria:

—Alejandro, si no te gusta Sofía, ¿has pensado en divorciarte de ella?

Los ojos de Alejandro se oscurecieron un poco.

En su cabeza apareció una molestia sin razón.

Sin querer recordó otra vez lo que Sofía dijo hace rato sobre divorciarse.

Pensando en eso, Alejandro se burló.

—Nos vamos a divorciar, pero ahora no es el momento.

Después de arruinarle la vida completamente, divorciarse así nada más sería hacerle un favor.

Además, ¿de verdad ella estaría dispuesta a divorciarse?

¿Era una broma?

A menos que el accidente le hubiera dañado el cerebro, era imposible que tomara esa decisión.

¿Accidente?

En cuanto pensó eso, la sonrisa de Alejandro se congeló en sus labios.

Pensándolo bien, hace rato su actitud hacia él parecía ser realmente diferente a antes.

¿Será que de verdad se lastimó feo, que se dañó el cerebro?

Pensando en eso, sin saber por qué, se sintió inquieto. Buscó cualquier excusa y salió del cuarto de Florencia.

Subió al piso donde Sofía le dijo que estaba su cuarto. Sin embargo, cuando miró hacia dentro no la vio.

El cuarto estaba vacío, solo había dos enfermeras acomodando cosas.

—¿Dónde está la paciente que estaba aquí? —preguntó Alejandro.

Al verlo, la enfermera respondió:

—Creo que ya le dieron de alta.

¿De alta?

“Parece que de verdad no está tan lastimada”, pensó Alejandro.

No pudo evitar reírse de sí mismo por haber subido como idiota a preocuparse por ella.

Se dio la vuelta para irse.

En ese momento, la otra enfermera dijo:

—Pobrecita esa paciente. Tuvo un accidente y perdió al bebé, la mujer apenas salió viva de la muerte y ya la echaron del hospital.

Alejandro se detuvo en seco, sus ojos negros miraron fijamente a la enfermera.

—¿Qué dijiste? ¿Qué es eso de perder al bebé?

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댓글 (6)
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Alexandra vargas rodriguez
iba en el capitulo 400 algo y ahí quede , ahora me sale nuevamente desde el capitulo 1
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Evelia Clavijo
que bueno que ya se entero
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Rosa Ana Cardozo
realmente deja mucho que desear la actitud del esposo
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