LOGINKyle abrió los ojos despacio, sintiendo una pesadez difusa detrás de la frente. La manzanilla de la noche anterior había evitado las náuseas, pero una molestia sorda y continua le martilleaba las sienes. Al moverse entre las cobijas, sintió el aire fresco directamente contra la piel. Cuando bajó la vista, dio un respingo al descubrirse únicamente en ropa interior.Los fragmentos de la noche volvieron en masa. Recordó la cocina, el tinto dulce, la sala de estar, y la imagen de él mismo sentado sobre las piernas del Señor Foster, sujetándole el rostro para robarle un beso tras otro. Luego, la infusión en la cama: sus chantajes caprichosos para recibir más contacto y la firmeza del alfa tratando de poner un límite mientras le sostenía la taza.Una oleada de calor violento le subió al rostro. El corazón empezó a latirle a un ritmo desbocado. Había acorralado a su patrón. La sola idea de cómo iba a mirarlo a la cara, o de cómo intentar disculparse por semejante desfachatez, lo llenó de pán
¡Hola, queridos lectores! 💙Primero que todo, quiero darles la bienvenida a quienes están llegando por primera vez a una de mis historias. Es posible que todavía no me conozcan, así que me hace mucha ilusión tenerlos por aquí y espero que disfruten de este pequeño rincón que he construido con tanto cariño.También quiero agradecerles por la acogida que le han dado a La Rosa y el Ruiseñor. Debo confesarles que tenía mis dudas sobre cómo recibirían esta historia. Genuinamente pensé que la diferencia de edad entre sus protagonistas podía hacer que no conectaran con ella, pero me hacía muchísima ilusión contar la historia de Kyle y me alegra descubrir que ustedes también han querido acompañarlo en este camino.Esta es una historia que deseo contar desde el cuidado, el amor y la paciencia. Quiero mostrar cómo el afecto sincero, la seguridad y el tiempo pueden convertirse en herramientas para sanar, y cómo es posible construir un refugio para alguien que ha sufrido tanto.Por eso, quisiera
El trayecto por la autopista hacia el este se consumió bajo el manto de una noche cálida. Kyle condujo con extrema prudencia durante las casi dos horas de viaje, manteniendo ambas manos firmes al volante hasta que los portones de hierro de la propiedad en Verona se abrieron a su paso.El vehículo avanzó a paso lento por el camino de tierra hasta detenerse frente a la casa. A la luz de los faros y la penumbra de la noche veronesa, la propiedad lucía serena: una edificación de piedra de estilo rústico, con muros robustos, tejados de arcilla y arcos tradicionales que le daban un aire cálido y acogedor, lejos de la fría magnificencia de la mansión en Basiglio.El omega apagó el motor y fue el primero en descender, rodeando el automóvil a prisa para abrirle la puerta a Nataniel, que bajó con lentitud, apoyando el bastón contra el terreno seco y dejando escapar un respiro cansado.—Muchas gracias querido, hiciste un buen trabajo en la carretera —lo felicitó, acomodándose la chaqueta.—Graci
El cielo sobre Como estaba teñido de un gris denso que amenazaba con soltar una llovizna fría en cualquier momento. El aire en el cementerio era húmedo y cortante, un escenario sombrío donde el silencio solo se quebraba por el sonido hueco y sordo del metal golpeando contra la tierra húmeda.Nataniel Foster permanecía inmóvil frente a la fosa, apoyado con firmeza a dos manos sobre la empuñadura de su bastón. Miraba fijamente cómo el sepulturero le ponía las últimas paladas de tierra al ataúd de Karina, sin lograr descifrar qué le pesaba más en ese instante: si la punzada incisiva que le recorría la pierna enferma o la opresión amarga en la conciencia. Aun así, se mantenía erguido, impulsado por la convicción obstinada de que era su estricta responsabilidad asegurarse de que la muchacha no estuviera sola en su último día sobre la tierra.—Tranquilo, Nataniel —Marcello Barone rompió la quietud con voz pausada—. No es tu culpa que esto haya pasado. Realmente intentaste cuidarla.—Lo sé —
El movimiento a media mañana en la mansión era sencillamente frenético. Los pasillos, habitualmente silenciosos, se habían convertido en un hervidero de empleados que iban y venían a paso apresurado cargando cajas y bandejas recubiertas de papel de plata. Todo se estaba empacando para trasladarlo fuera de la propiedad, dándole los toques finales a la logística del gran evento: la celebración del cumpleaños número seis de las gemelas Seiren y Kaori.Donde el caos alcanzaba su punto más álgido era en la cocina. El aire olía intensamente a vainilla horneada, azúcar y chocolate amargo. El chef Paolo gritaba órdenes a diestra y siniestra mientras el personal de apoyo ajustaba los detalles del pastel de cumpleaños y empaquetaba bocadillos y golosinas individuales. En una esquina de la amplia mesa de trabajo, Kyle avanzaba con destreza metiendo chocolates, galletas decoradas y pequeños juguetes dentro de las coloridas bolsas de recordatorio que se entregarían a los niños al final de la fiest
El silencio de la madrugada pesaba como plomo sobre la entrada de la casa. Kyle apenas podía sostener el equilibrio, arrastrando los pies mientras el cuerpo macizo del alfa se apoyaba sin piedad sobre sus hombros. Cada paso era un esfuerzo ciego, un forcejeo silencioso contra el peso muerto y el aliento agrio a alcohol le quemaba el cuello.Al cruzar el umbral, Salvatore se desprendió de él con un empujón torpe y se dejó caer de golpe sobre el sofá de la estancia. El cuero crujió bajo su cuerpo mientras se acomodaba de costado, cerrando los ojos con pesadez.—Vete a lavar y a dormir... —rezongó pasándose el brazo sobre la cara—. No quiero que estés dando vueltas.El omega se quedó de pie en mitad de la penumbra, sintiendo cómo las piernas le temblaban por el agotamiento y el estómago le dolía en un encogimiento hueco y persistente.—¿Puedo comer algo, señor Romano? —preguntó en un murmullo bajo, casi imperceptible, sosteniéndose el vientre con ambas manos.Salvatore ni siquiera se mol







