Beranda / Romance / ARDIENTE FANTASÍA GRIEGA: Esposo infiel, elegí al griego / CAPÍTULO 2: UN PLAN PARA SALIR DE LA RUINA

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CAPÍTULO 2: UN PLAN PARA SALIR DE LA RUINA

Penulis: Dirtsa Aijem
last update Tanggal publikasi: 2026-10-01 23:04:43

—Las cosas no pueden seguir así, Claire.

Adam Bennett dejó la tableta sobre la mesa de centro y la miró con la expresión severa que reservaba para autores problemáticos o editores obstinados. Claire pertenecía únicamente a la primera categoría, aunque solo desde hacía cinco meses. Antes de que su matrimonio se derrumbara, había sido la clase de escritora que entregaba sus manuscritos antes de la fecha establecida, respondía correos a horas indecentes y consideraba el agotamiento una prueba admirable de compromiso profesional. En aquel momento, sin embargo, llevaba treinta y siete minutos escuchando a su representante hablar sobre una novela que aún no existía mientras sostenía en una mano un vaso con whisky escocés.

—Sé que no pueden seguir así —respondió, hundiéndose un poco más en el sofá.

—¿De verdad lo sabes?

Claire alzó la mirada.

—No tienes que hablarme como si fuera una niña.

—Entonces no me obligues a preguntarte por tercera vez cuánto has escrito.

Adam llevaba casi una década representándola y algo menos siendo su mejor amigo, aunque ninguno recordaba con precisión en qué momento las llamadas sobre contratos habían comenzado a terminar con confesiones personales, insultos dirigidos a malas reseñas y discusiones acerca de cuál de los dos tenía peores hábitos sentimentales. Había estado presente durante los meses más desagradables del divorcio, había acompañado a Claire a reuniones con abogados y, en una ocasión particularmente memorable, había evitado que utilizara uno de los premios literarios para romper el parabrisas del automóvil de Ryan. Era un amigo leal. Por desgracia, también era un representante competente, y ambas cualidades lo obligaban a decirle lo que ella prefería seguir ignorando.

Claire apartó la vista.

—Nada.

Adam permaneció en silencio durante varios segundos.

—¿Nada significa que no tienes capítulos terminados o que no tienes una novela?

—Significa nada, Adam. Ninguna página. Ningún capítulo. Ni siquiera tengo una idea que no me parezca una completa estupidez.

La confesión quedó flotando entre ellos con una gravedad que habría resultado excesiva para cualquier otra persona, pero no para una mujer que se ganaba la vida inventando historias.

Claire había publicado treinta novelas, vendido millones de ejemplares y convencido a incontables lectoras de que el amor podía sobrevivir a secretos, diferencias sociales, familias entrometidas y hombres emocionalmente incompetentes. Ahora no conseguía escribir un primer encuentro sin preguntarse cuánto tardaría el protagonista en acostarse con otra mujer.

Adam exhaló lentamente.

—Entiendo por lo que has pasado.

—No parece.

—Lo entiendo mejor de lo que crees. Vi cómo Ryan te arrastró por un divorcio que pudo haber resuelto en semanas y convirtió en una guerra de meses. Vi cómo reclamó dinero, inversiones y propiedades que pagaste casi por completo tú. También vi cómo el mismo hombre que se pasó años quejándose de que tus libros ocupaban demasiado espacio en su matrimonio descubrió una admiración repentina por sus regalías cuando sus abogados comenzaron a calcular cuánto podían producirle.

—Ja. —Claire rio amargamente y se bebió todo el contenido del vaso en un solo trago para ahogar la rabia con él whisky—. Si te casas algún día, recuerda hacerlo por bienes separados, aunque pienses con seguridad que esa persona será el amor de tu vida y estarán juntos hasta que la muerte los separe.

—Gracias por el consejo, pero no pienso cometer tus errores.

Claire sintió que la rabia y la decepción le subían a la garganta como bilis.

Su carrera había sido, según Ryan, la principal responsable de su soledad, su infelicidad y, mediante una lógica especialmente creativa, de que acabara en la cama de Vanessa. Sin embargo, durante el divorcio, aquella misma carrera se transformó en patrimonio conyugal, fuente de ingresos y argumento legal.

Ryan había conseguido una parte del dinero, dos inversiones y la casa de Connecticut que Claire compró años atrás con la intención de convertirla algún día en un hogar familiar. Ahora se preparaba para recibir allí al hijo que tendría con su amante.

La justicia, al parecer, tenía un sentido del humor mucho más cruel que el narrador de cualquiera de sus novelas.

—No necesito que me recuerdes lo idiota que fui —murmuró.

—No eres idiota, Claire. Solo quiero que entiendas que sé por qué estás bloqueada. Pero el trabajo sigue siendo el trabajo, Claire.

Ella apretó los labios.

—Esa frase siempre suena horrible.

—Lo sé. Sigue siendo cierta.

Adam tomó nuevamente la tableta y abrió el contrato que ambos conocían demasiado bien. El acuerdo millonario con la editorial había sido firmado antes de que Ryan confesara la infidelidad, cuando Claire todavía creía que después de aquel último libro podría tomarse un descanso, recuperar su matrimonio y comenzar a formar una familia. La vida había demostrado una eficacia admirable para arruinar los planes en el orden exacto en que habían sido organizados.

—La fecha de entrega es dentro de cuatro meses —continuó Adam—. Ya conseguí que aceptaran retrasar el primer borrador. He cancelado dos reuniones y les aseguré que estabas avanzando.

—Eso fue valiente de tu parte.

—Eso fue una mentira de mi parte, y comienzo a quedarme sin versiones convincentes. Si no entregas la novela, tendrás que devolver el adelanto, pagar las penalizaciones y podrían demandarte por incumplimiento.

Claire cerró los ojos. Acababa de librarse de abogados, acuerdos y documentos donde su vida había sido reducida a cifras. La posibilidad de iniciar otra batalla legal le revolvió el estómago.

—Lo intento todos los días.

La dureza en el rostro de Adam disminuyó.

—Lo sé.

—Me siento frente a la computadora, abro el documento y trato de escribir. Pero cada vez que pienso en una historia de amor recuerdo que Ryan me decía que me amaba mientras se acostaba con Vanessa. Si intento escribir una promesa, pienso en todas las que él rompió. Si imagino a dos personajes formando una familia, recuerdo que dentro de unas semanas tendrá con ella al hijo que yo quería tener con él.

Adam se inclinó hacia delante.

—Ryan no representa a todos los hombres.

—No importa. Representaba al único en el que yo confiaba.

—Que él haya sido un hijo de perra de pito alegre no significa que el amor no exista.

—¿Y cómo se supone que voy a escribir sobre algo en lo que ya no creo? —Claire dejó el vaso sobre la mesa con más fuerza de la necesaria—. Toda mi carrera está construida sobre la idea de que dos personas pueden elegirse y permanecer juntas. Yo creía tener eso. ¡Estaba casada, Adam! Estaba planeando detenerme para tener hijos con él mientras él planeaba dejarme y criar el suyo con otra mujer. Ahora cada final feliz me parece una completa m****a.

Adam guardó silencio. No porque ella tuviera razón, sino porque todavía no existía un argumento capaz de convencerla de lo contrario.

—Entonces tienes que cambiar algo —dijo al fin—. Porque quedarte encerrada aquí, viendo las mismas paredes y pensando en Ryan, no está funcionando.

Claire recorrió con la mirada el apartamento. Las cajas del divorcio seguían junto al escritorio, la computadora permanecía cerrada y el silencio que antes consideraba necesario para escribir se había convertido en otra forma de sentirse sola. Llevaba meses esperando que la inspiración regresara al mismo lugar donde parecía haber muerto.

Quizá Adam tenía razón. Quizá no necesitaba esforzarse más, sino alejarse. Encontrar un sitio lejos de Ryan y toda su m****a. Donde no hubieran habitaciones que le recordaran la vida que había perdido. Un lugar tranquilo en el que pudiera respirar, pensar y, con un poco de suerte, volver a escribir.

Hasta ese momento, Claire sintió que tenía un plan.

—Ya sé lo que voy a hacer.

—¿Qué? —preguntó Adam, intrigado.

—Voy a irme de viaje.

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Carolina Baez
por un momento lo entendí, pero es un desgraciado
goodnovel comment avatar
Carolina Baez
uffff....fuertisimo!
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