Un trato entre usted y yo

Un trato entre usted y yo

last updateTerakhir Diperbarui : 2026-10-11
Oleh:  AnnaBlanco6Baru saja diperbarui
Bahasa: Spanish
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Tessa Lynn ha estado en la sombra de su hermano mellizo, Manuel, desde el primer momento en que llegó a este mundo. Los cumpleaños siempre se celebraban con la temática que Manuel elegía, se invitaban a más amigos de él que de ella, e incluso, cuando se graduaron de la secundaria, a Manuel le regalaron un auto y a Tessa un juego de ollas Essen «que le durarán toda la vida». Para colmo, cuando logró ingresar a una prestigiosa universidad privada, sus padres se negaron a pagarle los estudios para financiar la carrera de su hermano. «Tienes que entender, Tess. Manuel es más inteligente que tú. Lo de él es una inversión; lo tuyo, una pérdida». Tessa consigue un trabajo de niñera en el que tiene que cuidar a dos gemelos, hermanos de un millonario hombre de veinticinco años, Evan Thomas. A Tess eso de escuchar tras las puertas le gusta un poco; es así como escucha que su jefe, el cual no ha demostrado ser muy simpático, necesita una novia falsa para mantenerse al frente de su empresa tras la muerte de sus padres. En ese instante, siente que la vida le está dando la oportunidad de demostrar que puede conseguir todo lo que se proponga. Al oírlo, Tessa no solo ve millones; ve una salida inmediata de su casa y una puerta abierta de par en par para cumplir su gran sueño de ser famosa. Evan necesita una novia por contrato y Tessa necesita un novio con una billetera gigante. ¿Eso podría terminar bien? ¿Cuánto tiempo creen que se pueden resistir a esta farsa? ¡Y si hay pasión! ¿Es posible controlarla? Dos almas opuestas están a punto de chocar, y ella ya tiene la mano puesta sobre el volante.

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Bab 1

CAPÍTULO 1:

Camino por las calles del centro de mi ciudad, con algunos útiles que acabo de comprar para mi primer año en la universidad pública. Dolorosamente consciente de que este podría ser también mi primer año en una prestigiosa universidad, pero a Manuel se le ocurrió dejar el fútbol antes de que le ofrezcan una beca y la que paga los platos rotos ¿quién es? Tessa.

Según todas las personas a mi alrededor no tengo ni una neurona sana. Es mi hermano quién puede poner el apellido Lynn en lo alto, mientras que yo solo puedo aspirar a ser la esposa bonita de alguien. Lo único por lo que he sido alabada toda mi vida es por mi belleza. Aunque Manuel y yo somos mellizos, todos mencionan que yo en belleza le supero lo que él a mí en cerebro. Incluso le decían a mi primer novio, Jonnah, que debería cuidarme porque cualquiera podía robarme; que las mujeres como yo, que somos conscientes de nuestra belleza, sabemos que podemos conseguir más. Teníamos dieciséis años.

Jonnah y yo terminamos hace un año porque creyó que lo engañé con el capitán del equipo de baloncesto. No fue así; solo tomamos un helado a la salida de mi clase de ballet. Clase a la que insistí en asistir y que mi madre nunca me quiso pagar. A los siete años tuve que salir a lavar autos en la calle para pagar un mes de academia. Cuando mi madre se enteró, me regañó tanto que no le quedó más remedio que costearme las clases para no deshonrar el apellido de la familia. No éramos millonarios ni mucho menos, pero teníamos dinero para una vida tranquila. Más adelante, aspiré mucho a una beca en una academia de baile en otra ciudad, pero no pude ingresar porque no conseguí la beca y mi madre no quería pagarla. Tuve que conformarme con la academia de danza local y terminar mis estudios en una secundaria apestosa. Para ser sincera,  tampoco se me da muy bien. Lo mío es actuar; quiero ser actriz y sobre todo quiero que mi nombre sea conocido en el mundo y el de Manuel, olvidado. 

Veo a lo lejos a mi mejor amiga, Vee, con unas bolsas llenas de útiles. Se acerca a mí en cuanto me ve y me da un pequeño abrazo con su mano libre. Vee, de Véronica, es mi amiga desde los diez años y fue mi cuñada el tiempo en el que salí con Jonnah. Ella es baja, de un metro y cincuenta cuatro centímetros, tiene el cabello castaño y enrulado. Yo mido un metro setenta, tengo el cabello lacio y rubio. Ella tiene los ojos color caramelo de miel y yo, azules. 

—¿Cómo vas con las compras? 

—No es que necesite mucho en la universidad pública más que un cuaderno y una lapicera —respondo, mientras seguimos caminando en dirección a la plaza central—. Lo único bueno que rescato de todo esto es que puedo buscar un trabajo de medio tiempo. Necesito con urgencia, quiero irme de casa.  

—Un amigo de mi tío necesita una niñera —contesta de inmediato, como si hubiera estado esperando el momento exacto para lanzar esa noticia —. Es un tipo adinerado. Sus padres murieron en un accidente de tránsito y quedó solo con sus hermanos. 

—¿Crees que tu tío pueda recomendarme? 

—¿Mi tío? Haría lo que fuera por ti—dice con una risa—. Te ama. 

Me río.

—Solo necesito el trabajo por ahora. 

A lo lejos vemos a Jonnah con sus compañeros de equipo. Nuestros ojos azules se encuentran y se sostienen por un minuto reloj, pero él agacha la cabeza y me ignora. Me hundo de hombro; no tengo que darle importancia a esto. Ha pasado un año. 

— ¿Y dónde vive este tipo? —retomo la conversación.

—En la Floresta, en una de las mansiones de ese barrio privado al que hemos soñado entrar —dice, animada —. Sus padres eran dueños de una empresa de moda. 

—¿Puede ser mi suggar?—bromeo.

—No es viejo, tiene veinticinco.  

—¿Y es guapo?

—No lo sé. Según mi tío nunca ha tenido novia, no sabe tratar a una mujer. Debe ser un idiota. 

—Los millonarios no tienen que ser simpáticos cuando son millonarios—le aseguro.

Mi celular vibra en mi bolsillo, lo saco para ver un mensaje de I*******m con un link. Entro sin dudar, porque eso de el hackeo y la e****a nunca fue un problema para mí. Es una invitación a un reinado de belleza. El premio es de un millón de pesos. Trago saliva, impactada

—. ¿Estos es... 

Vee se inclina para observar la pantalla de mi celular.

—Mmm, no te conviene. Se necesita mucho dinero y, además, un buen patrocinador para ganar un concurso de belleza. No digo que no puedas ganar, solo que es muy caro.  

Mi sueño se esfuma cuando comprendo que tiene razón.

— Lo sé. Mamá jamás me pagaría ni un traje de baño. Todo va para Manuel; su universidad, la nafta, su auto y su comida diferente. ¡Qué fastidio! 

Se hunde de hombros.

—Manuel es su favorito, lo sabemos todos. 

—No me importa mucho a estas alturas —aseguro, y ni siquiera yo me lo creo —. Tengo que ir a danza. Nos vemos. 

—

Mientras me estoy cambiando de ropa para mi clase de hip hop, mi celular comienza a vibrar y sonar en el bolsillo de mis jeans, que están guardados dentro del pequeño casillero en el estudio. Dejo que suene. Debe ser mi mi madre; más tarde me puede regañar igual, así que no hay apuro. 

Cuando la clase termina, me siento más agotada de lo normal. Resulta que no solo no soy lo suficientemente buena en danza clásica, resulta que también soy pésima en hip hop. Saco mi celular, tengo dos llamadas perdidas: una es de Vee y otra es de un número desconocido. 

Bebo mi botella de agua mientras marco el número de mi amiga.

—Vee ¿qué sucedió? 

— Mi tío dijo que Evan te llamo.

— ¿Y Evan quién es? 

—El que necesita una niñera, Tess.  

—Claro. Ese debe ser el número desconocido que estuvo llamando —respondo, recuperando por completo el aire —. ¿Debo llamarle o esperar que me vuelva a marcar?

— Llamalo y ruégale. 

—¿Rogar? 

—Te lo dije, es un idiota. Solo te llamará una vez. 

— De acuerdo.

Cuelgo.  Busco entre el historial de llamadas aquel número desconocido que termina en tres seis. Algo perturbador, y un poco lo tomaría como una señal si no estuviera tan desesperada. 

Llamo. Al tercer tono, una voz masculina responde al otro lado de la línea:

—¿Hola? ¿sí? 

—Mi nombre es...Tessa, Theresa. Theresa Lynn.

—Sé quién eres—me dice con una voz arrogante inconfundible—. Te llamé por el trabajo de niñera, pero como no respondiste... 

— Lo siento, es que...estaba un poco ocupada y no pude atender—lo interrumpo—. Pero si ya consiguió a alguien más, no hay problema.

No voy a rogarle como me dijo Vee. Que se vaya a la m****a. Necesito el trabajo, pero no soy una necesitada.

—¿Puedes venir mañana por la mañana a una entrevista? 

— Sí. 

—Te mando la ubicación a este número. 

 —Perfecto. Pero usted no se presentó, ¿cómo se llama? 

Sé que se llama Evan, pero tiene que decir quién es por educación.

—Evan Thomas.  

—Tessa Lynn—le repito. 

—Adiós.

Cuelga. 

¿Ni siquiera un “qué placer” o “un gusto”?

—

Por la mañana me levanto una hora antes para arreglarme. Me gusta la idea de ir lo más presentable posible; quizás no consiga el trabajo, pero sí causaré una buena impresión. Me pongo un jean ajustado y una blusa que no sea tan acotada.

Tomo el autobús hasta el barrio privado y, después, camino las cuadras hasta su casa guiándome por el GPS de mi celular. Es una residencia de tres pisos, blanca y con un hermoso jardín verde.

Toco el timbre, que retumba por todo el lugar. Unos segundos después, un hombre alto en pijama, con el cabello negro desparramos y unos ojazos verdes abre la puerta. Me imagino que debe ser Evan. En sus brazos carga a un niño con los ojos llorosos. 

—¿Debes ser, Tessa? 

—¿Y tú, Evan? 

—Sí, él es Christian y Christopher está dormido. Son gemelos. Adelante. 

Paso y lo sigo hasta la cocina, donde sienta a Christian en una silla para bebé y comienza a preparar su leche. Yo me siento en un taburete junto al pequeño y lo observo. Evan se sienta del lado derecho del bebé y empieza a alimentarlo. 

—¿Y?—pregunta sin mirarme—. ¿No te vas a presentar? 

—¿Presentar? 

—Sí. Edad, a qué te dedicas... quiero conocerte. 

— Ah, claro. Tengo dieciocho años, soy estudiante y bailarina. 

—Bien, entonces tengo que hacer las preguntas yo.

Rodea los ojos. «Bueno, disculpen por no ser tan interesante» pienso. No sabía que tenía que tener un doctorado para cuidar dos bebés. 

— ¿Por qué quieres el empleo? 

—Bueno, es un poco superficial el motivo—confieso sin miedo—Pero si quiere le miento y digo que por la experiencia. 

Veo que una pequeña sonrisa se le asoma por su rostro, pero la disipa tan rápido que no puedo comprobar si alguna vez existió.

—El dinero, bien. Es la verdad.  

—Sí. Mi vida en casa es un infierno y quiero ir a vivir sola. 

—¿No tendrás problema para trabajar?—me pregunta mientras limpia la boca del niño.

Niego con la cabeza —No. El único problema que tienen conmigo en casa es mi existencia. 

—¿Te gustan los niños? 

—Sí, de hecho...cuide al hijo de mi vecino por tres años. —respondo con seguridad—. Y siempre puedo pedirle tips a mi madre.

Él se voltea a verme con los ojos entrecerrados.

—Soy melliza. Mi madre sabría cómo lidiar con dos a la vez.

Asiente.

—Bien, Tessa. ¿Cuál es tu horario? 

—Aún no comienzo la universidad, así que no sé mis horarios —contesto—. Así que tengo todo el día libre, menos de dos a cuatro de la tarde que voy a danza. 

—Te necesito a la mañana de siete a doce, y por la noche de ocho a once.  

—Perfecto. ¿Cuándo empiezo? 

—Ahora.  

—¿Ahora? 

—Sí. ¿O necesitas prepararte psicológicamente para cuidar dos niños?

—No, estoy bien. Puedo hacerlo. 

—Te mostraré tu habitación. 

—¿Habitación? 

—Habrá días que te pediré que te quedes con ellos. A la hora del almuerzo viene quien solía ser mi nana; ella va a cocinar y quedarse a limpiar hasta la hora que regreses. Los días en los que te quedes a dormir, ella solo cocinará y se irá. —explica, mientras yo asiento—. Toma al niño y ven detrás de mí. 

—Ven con Tess, Christopher—le digo al bebé y lo tomo en brazos. 

—Christian—me corrige. 

—Eso. 

Camino detrás de él hasta la escalera junto a la entrada. El niño pesa bastante; si tengo que subir y bajar estas escaleras con ellos en brazo todo el tiempo, tendré que hacer ejercicios de brazos. Llegamos a la  habitación de los bebés: un cuarto lleno de juguetes y las paredes color azul, dos cunas y un nombre escrito en cada una de ellas. Me señala al otro bebé, que sigue dormido. Evan toma de mis brazos al niño y lo pone en su cuna.

Luego lo sigo por el pasillo hasta la habitación de al lado. Tiene una cama de una plaza con un edredón violeta.

—Esta será tu habitación.

—Cómoda. Podría quedarme a vivir aquí—bromeo, pero él ni se inmuta—. ¿Lloran mucho? 

— Bastante.  Sobre tu paga. ¿Cuánto quieres? 

—No lo sé. ¿Cien la hora? ¿Le parece bien? 

—No. Quinientos la hora. 

Vaya.

—Por mí está perfecto. 

—Me voy a bañar y después me voy. Si puedes hacer dormir a Christian, te vendría bien. Cuando se despierta Christopher, esto es un caos. 

—Lo intentaré. 

Él entra en la habitación que está en diagonal a la mía, tiene un cartel de peligro impreso en la puerta. Voy hasta la habitación de los niños, tomo a Christian en brazos y lo llevo a mi habitación. Me siento sobre la cama con él recostado en mi regazo. El pequeño me mira con curiosidad, intentando saber quién soy y por qué lo tengo en mis brazos. 

—Bien, Chris uno—le hablo tierno. Busco en mi bolso un papel adhesivo de colores y escribo «Chris1». Se lo pego en el jardinero—. Necesito que te duermas ¿sí? 

Él mueve la cabeza asintiendo. Wow, sabe decir que sí. Me recuesto en respaldo de la cama y lo acuesto en mi pecho dándole pequeñas palmadas en la espalda.

—Pequeño bebé, que poquito conozco, duerme pequeño que si no tu hermano el gruñón me va a regañar—le canto.

Cuando por fin se duerme, lo acuesto en su cuna y bajo en la cocina para tomar algo de agua. Al entrar, me encuentro parado tomando un vaso de agua. Está cubierto por una toalla alrededor de la cintura. 

—Disculpe, pensé que ya se había ido—le pido disculpas de inmediato. Intento voltearme, pero mi cuerpo no me obedece—. Quería agua. 

Me adentro más en la cocina y busco un vaso de vidrio, pero los nervios me traicionan: se me resbala de las manos y cae al suelo, haciéndose pedazos. 

—Iré a vestirme —dice, mientras esquiva los vidrios. 

—Por favor. 

Recupero mi respiración y comienzo a reírme sola. El hermano mayor de los Chris no está nada mal. Bebo el agua y subo de nuevo al segundo piso. 

— ¿Qué es esto? —me pregunta, sosteniendo el papelito que le pegué a Chris uno.  

—Un recordatorio. Son gemelos. ¿Cómo quiere que me aprenda quien es quien en un día?

Él rueda los ojos. 

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