LOGINLira Valtoria siempre creyó que no tener lobo era la peor maldición de su vida—hasta la noche en que su prometido, Evan, eligió a otra mujer justo frente a ella. En medio de esa traición, una sola frase terminó de destrozar lo poco que quedaba de sus defensas: “Está embarazada, Lira. De mi hijo.” Humillada. Abandonada. Apartada por la misma familia que había defendido durante años. Lira huyó hacia el bosque con el corazón ardiendo y el cuerpo al borde del colapso—y fue allí donde el destino dio un giro brutal a su vida. Un coche pasó a toda velocidad. La luz la golpeó de frente. Su cuerpo salió despedido. Y cuando alguien tomó su brazo desde la oscuridad, Lira sintió algo que no debería haber sentido: un vínculo. No el de Evan. No el de nadie más. Sino tres—tres—auras alfa chocando sobre ella. Kael. Rhys. Jace. Tres hermanos Alfa conocidos por ser despiadados, intocables y por no compartir nada—mucho menos una Luna. No querían a Lira. Pero tampoco podían dejarla ir. Y cuando el oscuro secreto del pasado de Lira salió a la luz, una cosa quedó clara: Ella no era wolfless. No era débil. No era una víctima. Era la clave que podía destruir o unir a los Alfas. Y todos—incluido el hombre que la traicionó—lamentarían haber tocado a la Luna equivocada.
View MoreLos callejones estrechos estaban fríos y húmedos. La lluvia había cesado, dejando atrás el hedor de la ciudad.Tres Alfas —Kael, Rhys y Jace— caminaban por las calles. Estaban fuera de lugar.Deberían estar en su Manada. Pero algo primitivo los había atraído hasta allí.—Esto es extraño —murmuró Kael, frunciendo el ceño. Claramente detestaba estar en un lugar tan sucio.—Aquí hay un fuerte olor a otras Manadas —comentó Rhys—. Muchos Rebeldes y Alfas solitarios buscando problemas.A Jace no le importaban los Rebeldes. Sus ojos recorrían el entorno, buscando un rastro.Seguía el tenue aroma que había percibido en la carretera: el aroma de Lira. Ahora era más débil, pero más definido.—Está aquí —dijo Jace, deteniéndose frente a una casa de madera en ruinas. La puerta principal estaba pintada de un azul desvaído.—¿Esta casa? —bufó Kael, incrédulo—. ¿La hija de un Alfa vive aquí? Imposible.—Hechos —respondió Jace con firmeza. Inhaló profundamente.El aroma de Lira persistía. Tristeza. A
Lira abrió los ojos. El olor penetrante del antiséptico llenó su nariz. Blanco. Frío.Yacía en una cama de hospital, con una aguja intravenosa clavada en el brazo. Le dolía el vientre.—Tienes suerte —dijo una doctora, con voz cansada. Era Alfa, y su mirada estaba cargada de una lástima condescendiente.Lira no respondió. La suerte era una ilusión.—Estabas sangrando. Tu cuerpo está extremadamente débil —explicó la doctora.La mano de Lira fue instintivamente hacia su vientre.—¿Mi bebé?—El feto está bien —respondió la doctora con tono serio—. Por ahora.Lira exhaló aliviada, aunque la cabeza le daba vueltas.—Eres sin lobo, señorita —continuó la doctora.Otra vez esa palabra. Una herida antigua. Una etiqueta cruel.—Y el feto que llevas es Alfa. Muy fuerte, crece con rapidez.Lira asintió. Ya lo sabía. Era una bomba de tiempo.—Tu cuerpo… tu útero no tiene la fuerza de una loba para sostener el crecimiento de un lobo tan poderoso.—Es como plantar un árbol fuerte en tierra estéril —
Lira logró llegar a casa. Su ropa estaba empapada y el frío le mordía hasta los huesos.La llave oxidada giró en la cerradura. El olor a antiséptico y madera podrida la recibió.Fue directamente a la habitación de su madre.El cuerpo frágil de su madre yacía sobre la cama, pálido como la nieve. La máquina de respiración siseaba suavemente.—Mamá —susurró Lira, acercándose.Los ojos envejecidos se abrieron, brillando débilmente con la poca fuerza que quedaba.—Lira —respondió su madre con voz áspera, débil pero cálida.Lira se sentó al borde de la cama. Las lágrimas que había contenido frente a Evan ahora fluían sin control.—Perdón, mamá. Llegué tarde —sollozó.Su madre esbozó una leve sonrisa. Su mano delgada se alzó para tocar el rostro de Lira.—Rápido —dijo—. Estás mojada. Cámbiate de ropa.Lira obedeció con la mente en blanco, concentrándose solo en esa tarea sencilla.Después de cambiarse, regresó. Tenía que ser sincera.—Evan… me rechazó, mamá —dijo, tragando el nudo en su garg
El chirrido de los frenos rasgó el aire. El coche negro se detuvo a escasos centímetros del cuerpo de Lira.Lira yacía tendida sobre el asfalto mojado. La lluvia ahogaba su voz, pero el dolor en su vientre era implacable.La puerta del coche se abrió. Tres sombras oscuras emergieron.Eran altos. Corpulentos. Su aura de Alfa era asfixiante, mucho más fuerte que la de Evan. Triplicada.Los tres hermanos Alfa: Kael, Rhys y Jace. De manadas distintas, pero de la misma sangre.—Maldita sea —murmuró Kael, acercándose. Sus facciones eran afiladas y llevaba piercings plateados—. Por poco.Rhys se agachó, con sus ojos helados recorriendo a Lira. Le tocó el brazo con suavidad.—Está herida.Jace, el más calmado de los tres, cerró la puerta del coche. Su mirada ardía con un fuego oculto.—¿Qué es ese olor?Lira intentó apartarse, arrastrándose sobre el asfalto. La vergüenza y el miedo se enroscaban con fuerza en su interior.—No me toquen —susurró, apenas audible.Rhys retiró la mano. Los tres s












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