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ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE
ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE
Penulis: EJPB

CAPÍTULO 1: EL PRECIO DE LA LIBERTAD

Penulis: EJPB
last update Tanggal publikasi: 2026-08-14 21:47:23

El lujo del penthouse de Manuel Alvarado me resultaba profundamente insultante. Todo en ese inmenso espacio —desde las imponentes paredes de mármol gris veteado hasta los ventanales de techo a suelo que dominaban el centro financiero de la ciudad— gritaba control, orden y una riqueza exagerada. Era el reflejo exacto y milimétrico del hombre que estaba sentado frente a mí, revisando un fajo de documentos legales con una calma. A mis veinticuatro años, yo estaba lista para heredar el legado de mi padre y financiar mi propia galería de arte independiente. En lugar de eso, me encontraba atrapada en la fortaleza de cristal del tiburón financiero más despiadado y calculador del país.

—Esto es una ridiculez, Manuel. No voy a firmar esa basura de documento —dije, cruzando los brazos con firmeza y sosteniéndole la mirada con todo el orgullo que pude reunir.

Vestía mis jeans desgastados, unas botas militares viejas y una camiseta holgada tres tallas más grande. Sabía perfectamente que mi aspecto informal contrastaba de manera salvaje con la pulcritud enfermiza de su entorno, y esa era mi sutil forma de rebelarme contra él.

Manuel Alvarado ni siquiera se inmutó ante mi tono desafiante. A sus treinta y seis años, poseía una presencia física imponente, hombros anchos y unas facciones esculpidas en piedra que jamás traicionaban una sola de sus emociones. Levantó la vista despacio, con una calma, y clavó sus ojos oscuros, fríos y penetrantes directamente en los míos. El aire en la habitación pareció volverse denso y pesado en un instante.

—No es una basura, Johana. Es la última voluntad de tu padre —su voz profunda, pausada y cargada de una autoridad innata, reverberó en las paredes del despacho—. Edgar Medina era un hombre sumamente visionario. Sabía perfectamente que si te entregaba el control total y directo de la cadena de Hoteles Medina hoy mismo, terminarías despilfarrando el patrimonio familiar en exposiciones artísticas sin ningún tipo de futuro comercial. Las cláusulas del fideicomiso son muy claras al respecto.

—¡Mi arte tiene futuro y tú lo sabes! —le dije, dando un paso firme hacia su escritorio—. Papá confiaba en mis capacidades y en mis proyectos. Tú fuiste el único culpable que le metió esas ideas absurdas en la cabeza durante sus últimos meses de vida. Lo hiciste solo para mantener el control absoluto de nuestras acciones corporativas y seguir manejando los hilos de nuestra familia. Eres un robot sin corazón, Manuel. Un canalla manipulador que solo piensa en números y porcentajes.

Manuel dejó los documentos sobre la mesa de cristal con un golpe seco. Se puso de pie con una lentitud, revelando su imponente estatura y obligándome a inclinar la cabeza hacia atrás para poder sostenerle la mirada. Su abrumadora cercanía física siempre lograba alterar mi pulso contra mi voluntad, provocando una descarga de electricidad peligrosa en mi cuerpo que me esforzaba por ocultar bajo mi capa de arrogancia.

—Tu padre me nombró administrador único de todos sus bienes porque yo soy el único hombre en este mercado capaz de evitar que destruyas la dinastía Medina en menos de un mes —dijo, rodeando el escritorio con pasos lentos y firmes hasta detenerse tan cerca de mi cuerpo—. Ambos tenemos necesidades corporativas urgentes que resolver en este momento, Johana. Tú necesitas con desesperación el flujo de efectivo continuo para abrir esa galería de arte con la que tanto sueñas, y yo necesito demostrar una estabilidad familiar absoluta ante la junta directiva internacional para poder cerrar una fusión multimillonaria antes de que termine el año en curso. El testamento de Edgar exige una condición legal innegociable para liberar tus fondos: debes estar casada conmigo durante un año exacto.

—¿Casada contigo? —solté una risa amarga, ruidosa y cargada de desprecio—. Prefiero perder cada centavo de mi herencia antes que convertirme en tu adorno corporativo o en la esposa de fachada que exhibes en tus cenas de negocios. No voy a encadenar mi vida a un hombre frío e inflexible que planea su existencia como si fuera un tablero de ajedrez. Me largo de aquí ahora mismo.

Me di la vuelta de inmediato, dispuesta a caminar con paso firme hacia el ascensor privado que conectaba directamente con la calle, pero la voz de Manuel me detuvo en seco.

—Si cruzas esa puerta de cristal sin estampar tu firma en este papel, Johana, el cien por ciento de las acciones de los Hoteles Medina y todas tus cuentas bancarias personales se transferirán automáticamente mañana a las ocho de la mañana a una fundación de caridad, tal como lo estipuló tu padre en la cláusula de rechazo. Me encargaré personalmente de retener tu pasaporte por vías legales y tus tarjetas de crédito actuales quedarán completamente congeladas en la próxima hora. A partir de mañana por la mañana, estarás buscando un empleo de salario mínimo para poder pagar la renta de tu pequeño y frío estudio de pintura.

Me congelé por completo en mi sitio. Una oleada de rabia pura y caliente me recorrió la espina dorsal, tensando cada uno de mis músculos. Me giré muy despacio para volver a enfrentarlo. Él seguía de pie en el mismo lugar, impecable, sin parpadear una sola vez. Sabía perfectamente que no estaba faroleando en absoluto. Manuel Alvarado no amenazaba en vano en el mundo de los negocios; él simplemente ejecutaba sus movimientos con una precisión letal.

—Eres un verdadero monstruo —siseé entre dientes, sintiendo las lágrimas de la impotencia y la frustración pinchar mis ojos, aunque me negué rotundamente a dejarlas caer frente a él. Mi orgullo propio no me permitía quebrarme ante su presencia.

Manuel dio un paso más hacia adelante, acortando por completo la distancia de seguridad que nos separaba, obligándome a respirar el aire que él exhalaba. Su aroma a sándalo, madera y tabaco caro me inundó los sentidos por completo. Vi cómo su mirada oscura bajaba hacia mis labios con una fijeza peligrosa, revelando un rastro sutil de un deseo reprimido y posesivo que me cortó el aliento antes de que volviera a fijarse en mis ojos.

—Soy un hombre de negocios pragmático, Johana. Y este es el mejor trato que vas a recibir en toda tu vida —su voz descendió, volviéndose un susurro denso que me erizó la piel—. Firma el contrato matrimonial ahora mismo. Serán trescientos sesenta y cinco días viviendo bajo mis estrictas reglas ante el escrutinio de la prensa y la alta sociedad. Al terminar el plazo acordado, te otorgaré el divorcio sin oponer resistencia, tu galería estará completamente financiada y serás libre de hacer lo que quieras con tu vida. Tú decides en este instante: el imperio de tu padre o la indigencia absoluta.

La tensión en la sala principal era sofocante, casi dolorosa. Podía escuchar con claridad el eco de mis propios latidos desbocados contra mi pecho. Estaba completamente atrapada en su red. Miré la pluma que reposaba sobre el contrato matrimonial en el escritorio. O firmaba y me sometía al control absoluto de este canalla durante un año entero, o lo perdía todo. Caminé hacia el escritorio con pasos rígidos, tomé la pluma con dedos temblorosos debido a la furia acumulada y estampé mi firma al final del documento.

—Un año, Manuel —dije, arrojando la pluma sobre el papel y mirándolo con todo el resentimiento que poseía—. Un año en el que me encargaré personalmente de recordarte cada día que te odio con todas mis fuerzas.

Manuel tomó el contrato firmado entre sus manos, lo revisó con una leve sonrisa cínica que me erizó la piel por completo y lo guardó con cuidado en su maletín de cuero.

—A partir de este segundo, eres la señora Alvarado ante la prensa y la sociedad, Johana. Prepárate, porque tu mudanza a este penthouse empieza esta misma noche. Bienvenida a mi mundo. Veamos cuánto dura tu preciado orgullo antes de que aprendas a obedecer cada una de mis reglas.

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