Beranda / Romance / ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE / CAPÍTULO 183: LÁGRIMAS QUE NO BASTAN

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CAPÍTULO 183: LÁGRIMAS QUE NO BASTAN

Penulis: EJPB
last update Tanggal publikasi: 2026-11-01 07:14:43

JOHANA

La llama del candil tembló con tanta fuerza en mi mano que las sombras en la pared parecieron volverse locas. Ver a Manuel Alvarado —el hombre de hielo, el gigante indomable que jamás se había doblegado ante nadie— de rodillas sobre el cemento mojado de mi taller, me partió el alma en mil pedazos. Sus hombros robustos se sacudían por culpa de unos sollozos mudos y desgarradores que llenaban todo el local. El agua de la lluvia y la sangre de la ceja se mezclaban con sus lágrimas, cayendo
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  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 194: GESTOS SILENCIOSOS

    La tregua dentro del penthouse comenzó a tejerse a través de pequeños detalles que se volvieron imposibles de ignorar. Manuel cumplió su palabra con un hermetismo que me desconcertaba: mantenía la distancia física, pero sus atenciones se sentían en cada rincón. Pasaba las tardes metido en el estudio, y gracias al descuido de dejar la puerta entreabierta, alcancé a ver sobre su escritorio de caoba una pila de libros subrayados a mano sobre embarazos de alto estrés y el cuidado de la presión arterial en mujeres gestantes. El hombre que antes devoraba informes financieros ahora pasaba las noches estudiando cómo estabilizar mi salud.El viernes por la mañana llegó el día señalado para nuestra primera consulta de control oficial en la clínica de la avenida norte. Me puse un vestido oscuro, cómodo, sintiendo el pulso acelerado mientras esperaba en el vestíbulo. Manuel apareció luciendo impecable, pero en cuanto nos subimos al auto blindado con Marcos al volante, el silencio se volvió denso.

  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 193: BARRERA DE HIELO

    La claridad del lunes terminó de entrar por los ventanales del salón, tiñendo el suelo de mármol con una luz fría que hacía juego con la distancia que nos habíamos impuesto. Me quedé de pie en mitad de la cocina, apretando los puños dentro de los bolsillos de mi bata. Me dolía el cuerpo de pura tensión. Sabía que Manuel me observaba desde el umbral, con la camisa negra ligeramente arrugada y los hombros tensos por haber pasado la noche entera tirado en el pasillo, vigilando mi puerta. Una parte de mí quería ceder, ablandarse por el ruego que le había escuchado susurrar en la madrugada a través de la madera. Pero el dolor de mi huida a Brisaluz seguía demasiado fresco bajo la piel. No iba a ponérselo fácil.—No tenías que pasar la noche en el suelo, Manuel —le solté, manteniendo la voz firme, desprovista de cualquier calidez—. Tienes tu habitación al fondo. Ya no estamos en Brisaluz, aquí hay seguridad de sobra en la entrada.Él dio dos pasos cortos hacia mi. No traía sus acostumbrados

  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 192: EL PISO FRÍO

    JOHANALas pesadas puertas de madera del penthouse se cerraron a nuestras espaldas con un chasquido limpio y definitivo, sepultando de golpe el eco lejano de los gritos de la prensa y el destello de los flashes que nos habían acosado en la pista de aterrizaje. La atmósfera del departamento residencial ya no se sentía igual. Manuel soltó mi mano con una calma. Marcos y dos hombres de la alta seguridad se quedaron en el vestíbulo exterior instalando los nuevos controles, dejándonos a solas en mitad de la gran sala de estar desierta. —Llegamos, Johana —me dijo Manuel con su voz profunda descendiendo a ese tono que me alborotaba mis sentidos—. El perímetro está cercado y Ferreira ya coordinó con el personal de servicio para que se retiren temprano. Nadie va a perturbar tu descanso.Sostuve la fijeza devoradora de sus ojos oscuros y fríos. Crucé los brazos, resguardando de forma descarada el contorno de mi vientre amplio.—Me instalaré en mi antigua habitación de inmediato, Alvarado —le

  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 191: EL REGRESO PÚBLICO

    JOHANALa tormenta de flashes parpadeaba con una insistencia violenta contra el cristal azulado de la cabina. A través del espacio estrecho de la ventanilla, el pelotón de periodistas parecía un monstruo de mil cabezas que rugía mi nombre y el de Manuel con un desespero. Los micrófonos se alzaban como armas listas para disparar preguntas hirientes sobre mi desaparición, sobre el supuesto fraude matrimonial y sobre los secretos ocultos tras el testamento de mi padre, Edgar Medina. Sentí una punzada de amargura en mitad del pecho; la paz que Doña Rosa me había ayudado a amasar en el obrador de Brisaluz se evaporó en un parpadeo, sustituida por la fría realidad de la alta sociedad.Giré el rostro hacia Manuel, obligándome a recuperar la altiva determinación. Mi mano buscó por puro instinto el contorno de mi vientre amplio, oculto bajo los pliegues del sastre oscuro.—Alguien nos vendió antes de que Salazar apagara los motores, Alvarado —le solté en un susurro pausado, claro y tan frío qu

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    MANUELEl zumbido de los motores del avión ejecutivo se volvió más agudo a medida que la aeronave comenzaba a perder altitud, descendiendo sobre el manto gris de nubes que cubría la capital. Observé de reojo a Johana. Seguía con la mirada perdida en la ventanilla, con una mano apoyada sobre su vientre que se había convertido en su escudo. Sabía perfectamente lo que estaba pensando. Su silencio no era indiferencia; era el muro que su desconfianza justificada había levantado para ponerse a salvo de mí.Recordar las condiciones que me había impuesto antes de despegar me causaba un nudo amargo en la garganta, pero acepté cada una de sus exigencias sin el menor amago de discusión. Habitual en mí, habría intentado imponer mi voluntad o buscar un resquicio legal para controlar la situación, pero estos meses de soledad absoluta me habían enseñado la lección más dura de mi vida. Reconstruir la fe que Carol y Ernesto habían destrozado iba a requerir una paciencia infinita, hechos demostrables y

  • ATRAPADA EN EL MATRIMONIO DEL MAGNATE   CAPÍTULO 189: EL VUELO DE REGRESO

    JOHANA La luz dorada del amanecer de la costa comenzó a filtrarse muy despacio por las rendijas del postigo de madera, disolviendo las últimas sombras de una noche perfecta. Al abrir los ojos, me tomó unos segundos recordar que ya no me encontraba sola en mi cama desierta, devorada por el miedo de la maternidad en soledad. Me encontré arropada por una deliciosa calidez absoluta, atrapada entre los brazos de Manuel. Su brazo protector rodeaba firmemente mi cintura con un abrazo que me devolvió la paz. Sentir el latido potente, rítmico y tranquilo de su corazón golpeándome contra la espalda me provocó un vuelco de pura ternura que me dejó la piel erizada.Me moví poco a poco, con una lentitud para no interrumpir su descanso, queriendo disfrutar de su perfume a sándalo antes de que la rutina de la capital nos reclamara de forma innegociable. Sin embargo, al girarme sobre las sábanas de lino, descubrí que el espacio a mi lado estaba vacío. Un frío sutil me recorrió el cuerpo ante la ause

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