登入Matteo GiordanoLa conversación con Leandro se extendió hasta la madrugada. Tan pronto como él se fue, regresé en silencio a nuestra suite de lujo.Me acurruqué al cuerpo suave de mi pelirroja, dormirme con ella en mis brazos en un sueño aparentemente tranquilo.—Buenos días... —oigo su voz somnolienta y deliciosamente ronca resonar por la habitación, despertando de inmediato mis sentidos.Termino de ajustar el nudo de mi corbata italiana de seda frente al espejo, arreglándome para ir al encuentro de Leandro en Albatroz.—Buenos días, mi gitana... ¿conseguiste descansar bien? —pregunto, caminando con pasos lentos hasta la cama espaciosa y cómoda.Me inclino sobre su cuerpo caliente bajo las sábanas de raso oscuro y deposito un beso tierno en su rostro perfectamente trazado.—Me quedé completamente dormida, Matteo. Estaba exhausta... Menos mal que el sueño finalmente me rindió y pude dormir —murmura ella con timidez.Su voz sale en un hilo bajo, y me doy cuenta de inmediato de que su s
Matteo GiordanoDespués de que finalmente logré que mi gitana se quedara dormida, un poco más calma y protegida entre mis sábanas, salí de la suite matrimonial.Caminé con pasos pesados y silenciosos hacia mi oficina particular en el ático, sintiendo que el odio me quemaba las entrañas.El peso de sus revelaciones actuaba en mi mente como una dosis de veneno puro, clamando por una represalia inmediata y sangrienta.Apoyé las manos sobre el mármol oscuro de la mesa y marqué el número de Leandro, con la mandíbula apretada con tanta fuerza que llegaba a doler.—Hola, Leandro. Perdóname por la hora tan avanzada, pero el asunto es serio —digo con la voz absurdamente ronca y peligrosa en cuanto responde.El silencio al otro lado de la línea revela que percibió inmediatamente el tono gélido y de muerte que llevo en la garganta.—Por lo visto, la conversación con Carmen fue reveladora y tensa —comenta con su típica sobriedad profesional tras escuchar mi corto relato.—Sí, Leandro. Muy revelad
Matteo GiordanoSiento mi cuerpo temblar violentamente bajo el impacto de esa revelación asquerosa, pero me fuerzo a respirar hondo para no empeorar su estado.Mi deseo salvaje de arrancarle la piel a González tendrá que esperar un poco más; ahora, mi pelirroja me necesita.Me acerco a la bañera despacio, arrodillándome en el mármol húmedo y sosteniendo el rostro de Carmen con mis dos manos temblorosas de odio.—Te fuiste a encontrar con tu madre hoy... —susurro, y mi voz sale absurdamente ronca y peligrosa.—¿Ella sabía sobre esto, gitana? ¿Dolores fue cómplice de toda esta mierda? —exijo saber, con la mandíbula apretada de forma dolorosa.Quiero sacarle la verdad, necesitando mapear si mi futura suegra aceptó callada y sumisa la humillación de encubrir este crimen horrendo.Si Dolores supo algo y se calló ante el sufrimiento de su propia hija, yo mismo me encargaré de ponerla tras las rejas junto con Mário.—Estaba aterrorizada solo de pensar en la posibilidad de que supiera todo y
Matteo GiordanoAtención: este capítulo contiene temas fuertes que pueden provocar gatillos. Si eres sensible, no continúes con la lectura y salta el capítulo...Siento mi cuerpo tensarse al oír las últimas palabras de Carmen sobre su infancia.Si lo que esta conversación contiene es exactamente el horror que estoy previendo, Mário González no quedará impune por mucho más tiempo.Ese desgraciado definitivamente firmará su propia sentencia de muerte si depende del odio que hierve en mi pecho.Acaricio sus hombros húmedos con mis dedos largos y ligeramente tensos, intentando transmitir algún amparo físico.—Si consideras que no quieres hablar sobre esto ahora, podemos esperar, gitana... —susurro pegado a su nuca mojada.—Conversaremos con calma cuando te sientas mejor —añado con una mansedumbre que me cuesta mucho esfuerzo.Intento dejarla lo más cómoda posible para que no se sienta de ninguna manera obligada a revelarme su infierno.Pero la verdad es que mi interior ruge de pura ansied
Carmen GonzalezLlegué al ático con el cuerpo exhausto y la mente al borde de un colapso completo, dándome cuenta de que Matteo aún no había regresado.Aproveché el silencio del apartamento para refugiarme en la suite y preparé un baño caliente, intentando desesperadamente relajarme.Aquella sería la tercera vez en el mismo día en que tendría que revivir y verbalizar ese asunto tan desgastante y doloroso.Sentía un pavor silencioso, esperando que Matteo consiguiera controlar sus emociones al escuchar toda la verdad sobre González.Él necesitaba actuar con racionalidad, para no precipitarse en alguna actitud violenta que destruyera sus negocios y nuestra relación.Todavía estaba sumergida en la bañera, con el agua templada abrazando mi piel, cuando sentí su perfume amaderado invadir el espacio.Aquella presencia física y arrolladora era inconfundible, llenando el baño de la suite donde he estado durmiendo con él desde que asumimos nuestro vínculo.Abrí los ojos despacio y lo encontré a
Matteo GiordanoSiento mi sangre hervir en mis venas y una gana brutal de estrangular a esta mujer consume mi autocontrol.Tiene mucha suerte de que yo no sea el tipo de hombre cobarde que descarga su furia física contra quien es físicamente más débil.—No tienes la menor idea del avispero en el que te metiste, Elena —siseo, con el tono cortante como una hoja de acero helado.—No pienses ni por un segundo que soy un hombre que acepta chantajes baratos o que me voy a quedar de manos atadas ante ti.—Te voy a mandar de vuelta a ese hotel y vas a llamar ahora mismo a Marco diciéndole que ya saliste de España.Elena levanta la barbilla, sosteniendo mi mirada con una audacia insolente que solo hace que mi asco por ella se triplique.—No voy a hacer una mierda, Matteo —rebate ella, cruzándose de brazos e intentando forzar una postura inquebrantable.—O resuelves de una vez nuestra situación y me asumes, o verás tu poderoso nombre hundirse en el barro.Continúa desafiándome de forma patética







