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Cuando regresaron a la mansión, Miranda ya los estaba esperando.Había pasado las últimas horas preocupada y, aunque intentaba aparentar tranquilidad, no había podido dejar de mirar hacia la entrada.En cuanto el automóvil apareció frente a la casa, Miranda salió rápidamente.La puerta se abrió y el pequeño Elliot bajó del vehículo.—¡Elliot!Las niñas corrieron hacia él.El pequeño apenas tuvo tiempo de cerrar la puerta antes de que sus primitas lo rodearan.—¡Volviste!—¡Te extrañamos!Elliot comenzó a reír mientras intentaba responder a todas al mismo tiempo.Miranda sonrió al verlo.Aquella imagen consiguió aliviar parte de la angustia que había sentido durante todo el día.Pero entonces levantó la mirada.Casandra acababa de bajar del automóvil.Miranda la observó detenidamente.Su rostro seguía mostrando cansancio, pero había algo diferente en ella.Ya no parecía tan perdida.Había una tranquilidad nueva en sus ojos.Miranda caminó hacia ella.—Casandra...Casandra apenas tuvo t
Finalmente, después de varias horas de espera, estudios y revisiones, el doctor regresó con una sonrisa tranquila.—Todo está bien.Casandra soltó el aire que había estado conteniendo.Por fin.Había pasado horas con el corazón encogido, imaginando una y otra vez que algo podía salir mal.Desde que había descubierto que estaba embarazada, cada pequeño dolor la asustaba.Pero el doctor había sido claro.El bebé estaba bien.Ella también.—Puede irse a casa —indicó el médico—. Solo necesita descansar, alimentarse bien y acudir a sus controles. Y, por supuesto, nada de esfuerzos innecesarios.Casandra asintió.—Gracias, doctor.Cuando salió del consultorio Horacio Tomó su mano y la apretó con cuidado.Después de todo lo que habían vivido, aquel pequeño gesto significaba mucho.Horacio la acompañó hasta el auto y abrió la puerta para ella.Casandra se acomodó en el asiento del copiloto mientras él ocupaba el lugar del conductor.Durante los primeros minutos ninguno dijo nada.El silencio
—Mañana temprano te revisará la ginecóloga. Por ahora, necesitas descansar.El médico terminó de revisarCasandra asintió lentamente.Todavía le costaba creer lo que acababa de escuchar.Estaba embarazada.La palabra daba vueltas en su cabeza una y otra vez.Iba a tener un hijo.El doctor se despidió y salió de la habitación, dejando nuevamente a Casandra y Horacio a solas.Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.El silencio era extraño.Después de todo lo que habían vivido, de todas las discusiones, decepciones y heridas que todavía permanecían entre ellos, aquella noticia había cambiado algo.Casandra bajó la mirada.Su mano volvió a posarse sobre su vientre.Todavía era completamente plano.No había ninguna señal visible de que dentro de ella estuviera comenzando una nueva vida.Sin embargo, ahora sabía que allí estaba.—Un hijo… —susurró.Sus ojos se llenaron de lágrimas.—Voy a tener un hijo.Horacio la observó.Había algo diferente en su mirada.Vio a Casandra.Horaci
—Sí, amor.Horacio se inclinó hacia ella, intentando contener todas las emociones que lo estaban desbordando.—Soy yo.Casandra lo observó durante varios segundos.Sus ojos todavía estaban nublados por el cansancio y la confusión.Parecía estar intentando descubrir si realmente estaba despierta o si todavía se encontraba atrapada en aquel extraño sueño que había tenido.—¿Qué pasó? —preguntó finalmente.Horacio tragó saliva.No quería asustarla.—Te desmayaste.Casandra frunció ligeramente el ceño.Intentó incorporarse, pero Horacio reaccionó de inmediato y colocó una mano sobre su hombro.—Despacio. No te muevas todavía.—¿Estoy en un hospital?—Sí.Ella miró a su alrededor.Las paredes blancas.El suero conectado a su brazo.El sonido lejano de los médicos y las enfermeras caminando por el pasillo.Entonces, poco a poco, los recuerdos comenzaron a regresar.Y después recordó a Horacio.Había pensado que él era parte de una alucinación.Cuando lo vio frente a ella, creyó que su mente
El corazón de Horacio latía con tanta fuerza que sentía que iba a salírsele del pecho.Tenía las manos temblorosas sobre el volante y apenas podía concentrarse en la carretera.Solo podía pensar en ella.En su rostro pálido.En la forma en que había quedado entre sus brazos.En el miedo que había sentido cuando comprendió que podía perderla.—Por favor… resiste —murmuró mientras aceleraba.No le importaba nada más.No le importaban las reglas de tránsito, ni el tráfico, ni los minutos que parecían convertirse en una eternidad.Solo quería llegar al hospital.Cada vez que miraba de reojo hacia el asiento del copiloto, sentía que el miedo le apretaba el pecho.—No me hagas esto, amor.La posibilidad de perder a la mujer que amaba.Finalmente, las luces del hospital aparecieron frente a él.Horacio frenó casi de golpe.Bajó del automóvil y rodeó el vehículo rápidamente.Abrió la puerta y la tomó entre sus brazos.—Mi amor… por favor, resiste.Entró al hospital cargándola.—¡Ayuda! ¡Por fa
Casandra no imaginó que el trabajo pudiera ser tan difícil, ni menos que hubiesen cliente que no fuesen tan amables, algunos eran agresivos, otros intimidantes.Algunos neutrales y otros demasiado acosadores.Había hombres que bebían demasiado y comenzaban a comportarse de manera desagradable con las meseras.Algunos intentaban tocarlas cuando pasaban a su lado, otros insistían en invitarles bebidas y se molestaban cuando ellas rechazaban.Incluso había quienes intentaban obligarlas a beber con ellos.Casandra siempre encontraba la manera de apartarse.—No, gracias. Estoy trabajando.—Solo una copa.—No puedo.Sonreía y se marchaba.No quería meterse en problemas.Por supuesto, alguno que otro cliente había intentado pasarse de listo.Pero Casandra había aprendido a poner límites.No permitiría que nadie la humillara.El bar estaba lleno.La música sonaba.Las mesas estaban ocupadas y los empleados corrían de un lado a otro.Casandra llevaba una bandeja con bebidas cuando escuchó algo







