LOGIN<Sara>
Mi mejor amigo, Esteban Wegner, y yo tenemos un grupo bastante unido: Juan, Charly, Ángel, Angie, Estefa y Michell, que fue la última en integrarse. A veces también se nos une mi hermano Sebastián.
Cada fin de semana hacemos algo distinto: fiestas, pícnics, salidas a comer, paseos, piscina... lo que sea con tal de estar juntos. Y, siendo sincera, amo mi vida tal como es.
Conozco a Esteban desde los 13 años. Éramos vecinos, y entre conversaciones casuales y tardes compartidas, terminamos volviéndonos inseparables. Él escuchaba mis problemas, yo los suyos... siempre estábamos el uno para el otro.
Por eso, cuando me dijo que le gustaba una chica llamada Lucí, no dudé en ayudarlo.Lucí era hermosa, sí, pero también parecía dulce. Me acerqué a ella, me hice su amiga y, en pocos días, supe que encajaría perfectamente con Esteban. Así que organicé todo para que se conocieran mejor.
Los cité en el parque del centro comercial.Ese día llegué primero y me senté cerca de una heladería, con una sonrisa que no podía disimular.—¡Hola! —escuché, y al levantar la mirada, ahí estaba Lucí.—¡Hola! ¿Cómo estás? —le respondí.—Bien, perdón por llegar tarde —dijo, algo apenada.
Entonces lo vi.Esteban venía caminando hacia nosotras... y no pude evitar emocionarme.
—Hola, princesa —me dijo, como siempre.
—Esteban, te presento a Lucí.
El ambiente se llenó de una ligera tensión... pero de la buena.
—Mucho gusto —dijo ella—. Eres el mejor amigo de Sara, ¿verdad?.
—Sí, así es —respondió él.
Sonreí. Todo iba perfecto.
—Bueno, los dejo —intervine—. Tengo cosas que hacer. Disfruten.Y me fui.
Esa noche, acostada en mi cama, no podía dejar de sonreír. Sentía que había hecho algo bien. Esteban se veía feliz... y eso era suficiente para mí.
Horas después, mi celular vibró.—¡Muchas gracias, Sara! ¡Te amo! —había escrito.Solté una risa.—Yo también te amo, pero... ¿qué pasó?—Estoy demasiado feliz. Tenemos muchas cosas en común. Es tierna, es linda... me gusta más de lo que imaginaba. Y creo que yo también le gusto. Tal vez es rápido, pero... queremos intentarlo.Sonreí aún más.—Claro que sí. Me alegra mucho por ti.Y lo decía en serio.Pensé que, por fin, Esteban tendría a alguien que lo hiciera feliz.
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Tres semanas después, entendí lo equivocada que estaba.Estaba en mi cuarto, distraída con el celular, cuando escuché el sonido de su moto. Me pareció raro... él siempre avisaba antes de venir. Pero no le di importancia.Hasta que entró.
—¡Princesa!...Levanté la mirada.Estaba llorando.
—¿Qué pasó? —pregunté de inmediato, sintiendo cómo algo dentro de mí se rompía al verlo así
—. ¿Por qué estás llorando?—Sara... Lucía me terminó.
Mi corazón se apretó viendo su carita envuelta en lágrimas
—¿Qué? ¿Por qué? Qué sucedió?. —Pregunté con mucha intriga, ya que su relación iba bastante bien
—Dijo que no quería estar conmigo... que no la buscara más...
No lo podía creer.
—Pero... si todo iba bien...
Esteban bajó la mirada.
—No le gusta como te trato.
El silencio que siguió fue pesado. Doloroso.
Porque, en el fondo... lo entendía.
Esteban siempre había sido increíble conmigo. Demasiado. Detallista, atento... especial.
Y tal vez, para alguien más, eso no era fácil de aceptar.Sentí un nudo en la garganta.
—Tal vez... tiene razón —murmuré—. Quizás es mi culpa...
—No —dijo de inmediato, acercándose a mí—. No digas eso.
Sus manos sostuvieron mi rostro con suavidad.
—Nunca sería tu culpa. Nadie va a cambiar lo que eres para mí. Nadie.
Lo miré.
Y por un segundo... dudé.¿De verdad estaba bien?¿O solo intentaba ser fuerte por mí?Porque, aunque sonreía... sus ojos aún estaban rotos.Y eso... dolía más de lo que quería admitir.
Pero algo me decía que esto... No sería tan fácil de superar...
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•Preguntas para Lectores•
~¿Qué habrían hecho ustedes si su mejor amigo llegara llorando así?
Sara Después de ese viaje a Cancún, era feliz cada maldito segundo de mi vida, porque lo tenía conmigo, porque era mío, porque me amaba, porque lo amaba, porque estábamos juntos, porque tenía al niño más lindo, más tierno y amoroso de todo el mundo, y me sentía la más afortunada de todo el puto planeta, si, así de alto tenía el ego con este amor tan maravilloso. Los meses transcurrían de forma rápida, los momentos entre los dos aumentaban más, cada vez habían más cosas que hacíamos juntos, el amor era más fuerte cada día; ambos éramos más felices de lo normal. No tuvimos peleas fuertes, al contrario, siempre hablábamos todo, había tanta comunicación que sólo bastaba con decir lo que no nos gustaba y de inmediato lo cambiábamos, mejorábamos constantemente en la relación, el uno al otro. Nunca pensé que podía tener un amor tan bonito como el suyo, ese amor que es tan fuerte que a veces piensas que vas a estallar de ternura, ese amor fuerte que va contra viento y marea, de los que nad
—La segunda vez que te besé, te juro que estuve aguantando no hacerlo por mucho, porque cada vez que veía tu cara, quería comerte los labios. —Ambos nos reímos —Pero cuando me entregaste tu precioso cuerpo, lo valoré demasiado, y me sentía el más afortunado por tenerte conmigo, y que me quitaras la virginidad claro. —Sonreí —Desde que empezó esa relación rara entre ambos, me estaba volviendo loco, porque cada día que pasaba, me gustabas más y más, y por eso a veces me dejaba llevar del amor que te tenia y hacía cosas así... —Si te soy sincera, ni si quiera sé desde cuando me gustas, y tardé en darme cuenta, porque quizás no quería asimilarlo, pero desde la primera vez que te habló una mujer, sentí celos, yo pienso que ahí ya me gustabas. —Me tiró a la cama —Me siento muy feliz, porque estoy siendo correspondida de la mejor forma que hubiera imaginado. —Cerró sus ojos —Quiero demostrarte mi amor todos los días, eres un niño precioso, con unos sentimientos hermosos
Cristian Estaba acostado esperando que ella terminara de ponerse el traje de baño, bajaríamos al mar. —Listo. —Salió del baño con un traje de baño enterizo Se veía demasiado hermosa, aunque ya la había visto desnuda y en ropa interior, con ese traje de baño se veía muy preciosa, parecía una Diosa. —Te ves muy linda. —Y eso que es la segunda vez que uso traje de baño. —Confesó —¿Por qué?. —Abrí mis ojos, anonadado —No tengo muy buen autoestima. Pero contigo me siento segura. —Sonrió —Pero si eres demasiado hermosa, tienes unas curvas fantásticas, pareces una Diosa. —Me acerqué y acaricié su cabello —Ay, eres muy lindo. —Me abrazó No podía seguir así, ella había tenido cambios demasiado drásticos, era muy cariñosa, más apegada, y me estaba volviendo loco aunque me encantaran su
Mi corazón seguía desbocado, sentía que se iba a salir, mi respiración aún era fuerte, seguía sintiéndome triste y furioso, quería llorar, quería golpear todo. Mientras miraba hacia el suelo, apreté mi mandíbula y empuñé una mano; escuchar otra vez a la tipa esa como admitía que había dicho mentiras, me ponía aún más furioso, pero también me sentía demasiado triste por Sara, me dolía que no hubiera confiado en mi, intenté hacerme el fuerte, no quería llorar en ese instante, ella nunca me había visto llorar, bueno en realidad nadie lo había hecho.Pero al parecer mi cuerpo era un rebelde, y alcancé a sentir como una pequeña lagrima rodó por mi mejilla en ese instante. Iba a limpiarla rápidamente sin embargo en ese momento sentí la mano de ella en mi rostro, su dedo pulgar estaba limpiando mi pequeña y única lágrima.Levanté mi mirada y la observé. Su rostro también se veía triste, y aún seguía teniendo la palma de su mano en la piel de
OmniscienteEra miércoles, y no, Sara no había obtenido ninguna respuesta de Cristian, no le había contado absolutamente nada en el transcurso de esos días; ella tampoco tuvo sexo con él, ninguno de esos días, y tampoco fue la misma, porque había tenido esperanza de que algo le diría, pero no fue así, se equivocó.Cristian notó todos sus cambios, y no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando, aunque se preguntaba una y mil veces si acaso había hecho algo malo.La tercera hora de clase estaba libre, el profesor no iría por problemas familiares, así que algunos se fueron a comer, otros a pasear por la universidad y unos otros a la biblioteca.Todos ya se habían ido del salón, sin embargo Sara y Cristian seguían ahí, ella recostada a su pupitre, y él observándola detenidamente, pensando en si lo mejor era acercarse a ella para saber lo que estaba pasando.—Sara. ¿Pasa algo?. —Movió hacía atrás alguno de los cabellos de ella, para
Ni si quiera me había tocado, y ya me lo había imaginado haciéndolo, de tan sólo haberlo imaginado, ya me había calentado, tenía unas inmensas ganas de que me llenara con su gran pene.Me acerqué a él, haciendo que nuestras pieles se tocaran, mis senos estaban tocando la piel de su pecho. Tomé su rostro y lo bajé un poco para lograr besarlo, a lo que él inmediatamente bajó sus manos y me apretó las nalgas, juntándome hacia él.Encaramó mi pierna encima suyo, quien estaba de lado igual que yo. Comenzó a frotar su pene en mi vagina, lo cual se sentía demasiado excitante, y el placer delirante empezó a desbordarse de ambos. Apreté su espalda con mis manos,







