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Un café.

last update publish date: 2026-07-07 01:23:08

Conducir por la ciudad nocturna era algo nuevo. Detestaba el ajetreo durante los días de semana y empeoró cuando se percató de que por las noches —sobre todo teniendo en cuenta que era fin de semana— era peor. Cientos de personas pululaban libremente por las calles, algunos en pequeños grupos, otros en parejas y otros solitarios.

—Un café. Te invito un café —espetó.

Agradeció la luz roja del semáforo, permitiéndole tener unos segundos para mirar a Laín. Había sorpresa en el rostro, pero también
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  • Anhelos.   No te perderé de vista.

    —Li, espero que no te moleste que haya venido de visita con mi primo —dijo Fernanda, dando un paso más hacia Laín.La sonrisa de Laín se convirtió en una mueca y Drazen se preguntó qué podría hacer para…—No, claro que no, Fer. Es solo que…—Traje algunas cosas para la cena —interrumpió ella, con una sonrisa en la voz.—Fernanda —espetó entre dientes y miró de soslayo el coche.—Hola, Drazen. —La voz tenía un eco de timidez, pero también una firmeza al pronunciar su nombre—. Es… bueno verte. —Esto es cosa de Fernanda. Fue ella quien me dijo que me llevaría a un lugar y creí que… —dejó de hablar cuando Laín inclinó la cabeza y lo miró con incredulidad, pero notó el temblor en los labios.Ignorando el calor que trepaba por su cuello, Drazen negó con la cabeza, inhaló hondo y metió las manos en los bolsillos de su pantalón. Fernanda apretó los labios y abrió la puerta trasera del coche. Tomó las bolsas de compras y se las pasó a Laín. —Entonces, ¿podemos pasar, Li? —preguntó Fernanda.

  • Anhelos.   A un lugar.

    Cambió las viejas cortinas por unas nuevas, ordenó y limpió la casa. Pasó la mayor parte del día haciendo los quehaceres domésticos y solo se dio cuenta, cuando un halo anaranjado entró por la ventana del dormitorio, que la tarde había caído.Se bañó y se vistió con ropas cómodas; hizo una pequeña lista de alimentos que necesitaba para preparar la cena. Lo bueno era que no necesitaba ir hasta el centro de la ciudad ya que en el barrio había varias tiendas y pequeños supermercados. Al regresar con las compras, se cruzó con algunos vecinos e intercambiaron saludos; esa era una parte que, particularmente, le encantaba del barrio en el que vivía.Guardó los alimentos en la alacena y otros productos en la nevera. Todavía era temprano para comenzar a hacer la cena y se preparó una taza de café.Una sensación agradable le recorrió el cuerpo cuando echó una rápida mirada al entorno: todo estaba en su sitio y el ligero aroma a sándalo todavía flotaba en el aire. Encendió la televisión y se se

  • Anhelos.   Pérdida de tiempo.

    Había estado en constante comunicación con el magnate Butler, intercambiando información y desarrollando, a grandes rasgos, un plan de negocios. Por lo tanto, la reunión duró más de lo esperado. Evaluaron la posibilidad de una fusión con la cadena hotelera internacional Sofitel.Esperó que todos se retiraran y, cuando estuvo a solas con Cárter, su mano derecha y vicepresidente, le ordenó que fuera él quien estuviera a cargo de la siguiente reunión. —Sabes tan bien como yo que Brockman seguirá intentando convencer a los demás de que es mejor un socio capitalista que una fusión —dijo Cárter, abriendo la puerta de la sala. —Brockman se retirará a fin de año —comentó, con un tono neutro. Sus pasos se mezclaron con los de Cárter, quien, a su lado, miraba la carpeta que tenía en la mano—. Continuaremos evaluando la fusión.—Te conozco, Drazen, y esto no es solamente un posible plan de fusión.Drazen se detuvo, miró a Cárter a los ojos y sintió la comisura derecha de su boca curvarse.—Es

  • Anhelos.   Regreso.

    Su teléfono no había parado de vibrar desde hacía unos minutos. Al ver quien la llamaba, se disculpó con sus amigos y salió al balcón.—Hasta que te dignas y das señales de vida —dijo mientras miraba a Laín reír con los chicos.—Hola a ti también, prima. —Ella soltó varios insultos mentalmente—. ¿Qué tal tu vida?—¿Ahora te importa? —preguntó, con un ápice de enojo en su voz. Su espalda chocó contra la baranda del balcón, pero no quitó la mirada de sus amigos—. Durante dos semanas traté de comunicarme contigo y tú hiciste como si nada te importara.—Estuve muy ocupado con el trabajo y no disponía de tiempo.—Por supuesto, lo único relevante para ti es tu maldito imperio —bramó enojada—. Trabajo, negocios, dinero. ¿Sigo? Porque, créeme, son algunas cosas que verdaderamente te importan.—No te llamé para discutir.Esbozó una sonrisa genuina al notar a Dominik y Jacob iniciar una pelea con los cojines del sofá. Laín reía a carcajadas de las tonterías que sus amigos hacían.—Hace dos hora

  • Anhelos.   Distancia.

    Los asuntos de negocios que lo habían traído a Los Ángeles estaban saliendo bien. Las reuniones y conferencias sobre modelos de negocios, fusiones, adquisiciones y gestión de franquicias resultaron sumamente útiles.Conoció al magnate Butler, con quien tuvo una afinidad casi inmediata, y pasó muchas horas hablando sobre inversiones y estrategias de marketing. Pasear por el muelle de Santa Mónica se convirtió, después de cada conferencia, en una rutina. Ocupar la misma mesa en Urth Caffé y disfrutar de un Moroccan Tea Lattè era un hábito agradable que le permitía desconectarse de los temas relacionados a su Imperio…«—Puedo seguir enumerando las razones por las que esto está mal y tú no estás escuchando, Drazen.—Adelante —dijo, arqueando una ceja—. Sigue dando tus razones. Por lo que a mí respecta, mantengo la mía.—Estás tan acostumbrado a que todo esté bajo tu control, ¿verdad?Drazen se inclinó hacia delante, mirando a Laín fijamente a los ojos, y sintió la comisura derecha de su

  • Anhelos.   Escudo.

    Había llegado temprano y ayudó a decorar con globos y guirnaldas de luces de colores. El departamento quedó como un pequeño salón de fiestas. Las risas, las bromas y las charlas banales fueron parte de los preparativos, como una manera de entrar en calor…—¿Por qué no se lo dices? —preguntó, en un susurro—. Creo que sería lo...—¡No! —exclamó Fernanda, en el mismo tono bajo—. No haré semejante locura.—Eso de que es tabú que una chica tome el control de la situación es del siglo pasado —reflexionó—. Es obvio que él está interesado en ti, Fer.—Aja, y tengo que seguir tu consejo porque... —Frunció el ceño al ver la mueca escéptica en el rostro de Fernanda—. Exacto, eso creí.—¿Por qué tanto cuchicheo? —preguntó Dominik, con tono divertido mientras se sentaba en el sofá individual frente a ellos.Fernanda pegó un pequeño saltito por el susto. Laín rió fuerte al verla avergonzada.—Tus mejillas… —dijo, tomando una bocanada de aire para controlar la risa—. Están rojas, Fer.—Cállate. —Ell

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