LOGINCapítulo 78: Sabía que sus propios reclamos, su odio visceral hacia todo lo que oliera al imperio Valderrama y la crisis de su fuga habían alimentado la tensión entre Camilo y Apolo. —Camilo, por Dios... Lo siento tanto —dijo Yasmín con la voz rota, abrazándose la cintura mientras escuchaba el llanto de su amigo—. Siento que todo lo que toco se destruye, siento que la tormenta de mi vida terminó arrastrándote a ti y arruinando tu felicidad... —¡No vuelvas a decir eso jamás, Yasmín! —la interrumpió Camilo con vehemencia, sorbiéndose las lágrimas y esforzándose por recomponer el tono de su voz—. Esto no tiene nada que ver contigo. Fue una decisión madura y consciente de mi parte. Apolo tomó su camino de frialdad y yo tomé el mío. Ahora mismo no quiero saber nada de amores cobardes ni de ejecutivos traumados. Solo quiero concentrarme en mi trabajo, en sanar mi cabeza y en estar para ti, que eres mi verdadera familia. Yasmín sonrió con amargura y ternura a la vez. Sentir la lealtad i
Capítulo 77: La penumbra de la oficina ejecutiva de Camilo era casi total, rota únicamente por el destello helado que proyectaba la pantalla de su teléfono sobre la caoba del escritorio. El silencio en la estancia se sentía aplastante, lleno del peso de los días en que el orgullo y la rabia habían mantenido una muralla invisible entre dos personas que se querían como hermanos. Pero de pronto, la pequeña pantalla se iluminó con la vibración sorda del dispositivo sobre la mesa. Camilo bajó la mirada con una aprensión casi física, temiendo encontrarse con algún comunicado institucional de la junta directiva o un mensaje de Apolo. Sin embargo, el nombre que apareció en el centro de la notificación hizo que la respiración se le atascara en la garganta. > «No me saques de tu vida, por favor. Te amo, mi reina.» > Las palabras del mensaje resonaron en el pecho de Camilo con la fuerza de un terremoto interior. Las manos le comenzaron a temblar ligeramente mientras sostenía el dispositivo
Capítulo 76: —Vaya, vaya... Miren nada más lo que tenemos por aquí —susurró la doctora con un matiz de alegría inocultable en el tono de su voz. Yasmín sintió que la sangre se le congelaba en las venas. La garganta se le cerró por completo y la voz le salió en un hilo tembloroso, frágil y cargado de una angustia desgarradora. —Doctora... por favor, dígame la verdad —suplicó Yasmín con los ojos anegados en lágrimas contenidas, mirando al techo con pánico—. ¿Todo está bien? ¿Hay algún problema? Mi bebé... ¿tiene latido? Hizo una pausa, tragando saliva con dificultad mientras las lágrimas comenzaban a desbordarse por las comisuras de sus ojos. —El padre... el padre no está aquí, doctora —agregó Yasmín en un murmullo roto que le desgarró el alma—. Mi bebé no tiene papá en esta historia... pero dígame si está vivo, por favor. La ginecóloga levantó la vista del equipo y la miró directamente a los ojos. En su mirada no había lástima, sino una compasión profunda y la satisfacción de qui
Capítulo 75: Las semanas posteriores a la tormentosa y definitiva llamada con Camilo transcurrieron en una calma de doble filo en la pequeña y pintoresca ciudad costera en el extranjero. Yasmín se había atrincherado en el cobijo de la modesta casa de su madre, intentando aislarse por completo del mundo exterior. En ese rincón pacífico, lejos del humo espeso de la metrópoli, de los rascacielos corporativos y de los escándalos mediáticos de la firma Valderrama, Yasmín buscaba sanar. Sin embargo, la calma era solo superficial. Por dentro, el silencio le resultaba abrasador. El pequeño bulto de su vientre aún era imperceptible bajo la holgura de los suéteres de lana que usaba para resguardarse de la brisa matutina, pero la presencia de esa nueva vida se hacía notar con una contundencia implacable. Cada mañana, las náuseas profundas la despertaban antes del amanecer, acompañadas por un cansancio de plomo que le pesaba en las extremidades. Esas sensaciones físicas, aunque incómodas, eran
Capítulo 74: El silencio que siguió a esa frase fue tan absoluto, denso y sepulcral que por un instante Yasmín llegó a pensar que la llamada se había cortado. En el otro extremo de la línea, en la serenidad de su oficina ejecutiva, Camilo se quedó completamente petrificado. El bolígrafo que sostenía entre los dedos se le resbaló de las manos, cayendo sobre el escritorio con un golpe seco que retumbó en la estancia. —¿Qué...? —balbuceó Camilo con la voz estrangulada, sintiendo que el aire se le atascaba en la garganta—. Yasmín... por el amor de Dios... dime que no es verdad. —Es verdad, Camilo —confesó Yasmín con un hilo de voz quebrado por el llanto, apretando el teléfono contra su oreja mientras las lágrimas volvían a rodar por sus mejillas—. Fui al médico ayer por la mañana. Me hicieron pruebas de sangre... Estoy embarazada. Camilo se pasó la mano libre por el cabello de manera desesperada, poniéndose de pie de un salto y comenzando a caminar de un lado a otro en su despacho. —
Capítulo 73: La noche había caído con una lentitud pesada sobre la pequeña y pintoresca ciudad costera en el extranjero. En la habitación de la casa de su madre, Yasmín yacía recostada bocarriba sobre la cama, con la mirada fija en el techo de madera iluminado únicamente por los destellos tenues de la luz de la calle que se filtraban a través de las cortinas. El agotamiento físico tras el impacto de la noticia médica y las horas de llanto incontrolable habían dejado su cuerpo entumecido, pero su mente seguía despierta, atrapada en un bucle interminable de pensamientos y temores que le impedían conciliar el sueño. Con un movimiento lento y cauteloso, llevó una mano hacia su vientre, apoyando las yemas de los dedos sobre la piel tibia. Saber que allí dentro, envuelto en el milagro frágil de la vida, latía un diminuto corazón que compartía la sangre de Sebastián Valderrama le provocaba una mezcla extraña de vértigo y una devoción inquebrantable. Cerró los ojos con fuerza, rezando en si







