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Capítulo 76.

Author: Anto_2608
last update publish date: 2026-10-22 12:40:56

Capítulo 76:

—Vaya, vaya... Miren nada más lo que tenemos por aquí —susurró la doctora con un matiz de alegría inocultable en el tono de su voz.

Yasmín sintió que la sangre se le congelaba en las venas. La garganta se le cerró por completo y la voz le salió en un hilo tembloroso, frágil y cargado de una angustia desgarradora.

—Doctora... por favor, dígame la verdad —suplicó Yasmín con los ojos anegados en lágrimas contenidas, mirando al techo con pánico—. ¿Todo está bien? ¿Hay algún problema
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Comments (1)
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Angeles
Yasmin sigues ciega, Camilo no te ha traicionado eres injusta esa parte no fue de agrado, disfruta de tu embarazo de gemelos, él pobre Sebastian en su lucha de soberbia, como su madre lo destruyo, ojalá tengan un final digno para esta pareja
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    Capítulo 76: —Vaya, vaya... Miren nada más lo que tenemos por aquí —susurró la doctora con un matiz de alegría inocultable en el tono de su voz. Yasmín sintió que la sangre se le congelaba en las venas. La garganta se le cerró por completo y la voz le salió en un hilo tembloroso, frágil y cargado de una angustia desgarradora. —Doctora... por favor, dígame la verdad —suplicó Yasmín con los ojos anegados en lágrimas contenidas, mirando al techo con pánico—. ¿Todo está bien? ¿Hay algún problema? Mi bebé... ¿tiene latido? Hizo una pausa, tragando saliva con dificultad mientras las lágrimas comenzaban a desbordarse por las comisuras de sus ojos. —El padre... el padre no está aquí, doctora —agregó Yasmín en un murmullo roto que le desgarró el alma—. Mi bebé no tiene papá en esta historia... pero dígame si está vivo, por favor. La ginecóloga levantó la vista del equipo y la miró directamente a los ojos. En su mirada no había lástima, sino una compasión profunda y la satisfacción de qui

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    Capítulo 75: Las semanas posteriores a la tormentosa y definitiva llamada con Camilo transcurrieron en una calma de doble filo en la pequeña y pintoresca ciudad costera en el extranjero. Yasmín se había atrincherado en el cobijo de la modesta casa de su madre, intentando aislarse por completo del mundo exterior. En ese rincón pacífico, lejos del humo espeso de la metrópoli, de los rascacielos corporativos y de los escándalos mediáticos de la firma Valderrama, Yasmín buscaba sanar. Sin embargo, la calma era solo superficial. Por dentro, el silencio le resultaba abrasador. El pequeño bulto de su vientre aún era imperceptible bajo la holgura de los suéteres de lana que usaba para resguardarse de la brisa matutina, pero la presencia de esa nueva vida se hacía notar con una contundencia implacable. Cada mañana, las náuseas profundas la despertaban antes del amanecer, acompañadas por un cansancio de plomo que le pesaba en las extremidades. Esas sensaciones físicas, aunque incómodas, eran

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    Capítulo 74: El silencio que siguió a esa frase fue tan absoluto, denso y sepulcral que por un instante Yasmín llegó a pensar que la llamada se había cortado. En el otro extremo de la línea, en la serenidad de su oficina ejecutiva, Camilo se quedó completamente petrificado. El bolígrafo que sostenía entre los dedos se le resbaló de las manos, cayendo sobre el escritorio con un golpe seco que retumbó en la estancia. —¿Qué...? —balbuceó Camilo con la voz estrangulada, sintiendo que el aire se le atascaba en la garganta—. Yasmín... por el amor de Dios... dime que no es verdad. —Es verdad, Camilo —confesó Yasmín con un hilo de voz quebrado por el llanto, apretando el teléfono contra su oreja mientras las lágrimas volvían a rodar por sus mejillas—. Fui al médico ayer por la mañana. Me hicieron pruebas de sangre... Estoy embarazada. Camilo se pasó la mano libre por el cabello de manera desesperada, poniéndose de pie de un salto y comenzando a caminar de un lado a otro en su despacho. —

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    Capítulo 73: La noche había caído con una lentitud pesada sobre la pequeña y pintoresca ciudad costera en el extranjero. En la habitación de la casa de su madre, Yasmín yacía recostada bocarriba sobre la cama, con la mirada fija en el techo de madera iluminado únicamente por los destellos tenues de la luz de la calle que se filtraban a través de las cortinas. El agotamiento físico tras el impacto de la noticia médica y las horas de llanto incontrolable habían dejado su cuerpo entumecido, pero su mente seguía despierta, atrapada en un bucle interminable de pensamientos y temores que le impedían conciliar el sueño. Con un movimiento lento y cauteloso, llevó una mano hacia su vientre, apoyando las yemas de los dedos sobre la piel tibia. Saber que allí dentro, envuelto en el milagro frágil de la vida, latía un diminuto corazón que compartía la sangre de Sebastián Valderrama le provocaba una mezcla extraña de vértigo y una devoción inquebrantable. Cerró los ojos con fuerza, rezando en si

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    Capítulo 72: De vuelta al presente, en la sala de la casa de su madre. Yasmín soltó un ahogado sollozo que se le escapó del pecho, apretándose el vientre con ambas manos como si intentara protegerlo de las garras del pasado. El sudor frío le cubría las sienes y las lágrimas rodaban sin freno por sus mejillas. El terror que sentía en ese momento no era solo por la incertidumbre de criar a un hijo sola en el extranjero, sino por la aterradora ironía del destino: llevaba en sus entrañas a un nuevo ser, una criatura gestada en la misma noche en que descubrió que el padre de ese bebé no la había engañado voluntariamente, sino que había sido víctima de la misma trampa vil que les arruinó la vida a ambos. ¿Cómo podía mirar hacia el futuro cuando su presente estaba habitado por el fantasma del bebé que no pudo nacer? ¿Cómo podía proteger a este nuevo embrión de la sombra destructiva de los Valderrama, del veneno de Federica y de la obsesión peligrosa y descontrolada de Sebastián? La puer

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    Capítulo 71: El eco de la confesión de Yasmín se quedó suspendido en la sala como una onda expansiva de dolor, helando el aire por completo. La madre de Yasmín permaneció paralizada durante unos segundos eternos, con las manos temblorosas suspendidas en el aire y la mirada fija en el rostro empapado en lágrimas de su hija. La palabra “embarazada” golpeó sus oídos con la violencia de una tragedia anunciada, abriendo de golpe las cicatrices de una pesadilla que creían haber dejado al otro lado del océano. Sin embargo, el instinto maternal, curtido por años de soportar tempestades en silencio, se impuso sobre la estupefacción inicial. La mujer respiró hondo, tragó saliva para contener su propia conmoción y envolvió a Yasmín en un abrazo protector, sintiendo cómo el cuerpo de su hija convulsionaba por el llanto y la hiperventilación. —Cálmate, mi vida... Por favor, respira —murmuró la madre con una voz que intentaba transmitir una firmeza que ella misma apenas sentía—. Cálmate, mi niña

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