FAZER LOGINCapítulo 70 Yasmun salió a la calle matutina. El aire fresco le golpeó el rostro mientras caminaba a pasos rápidos hacia un centro médico privado ubicado a pocas calles de la residencia. La sala de espera de la clínica era limpia, silenciosa y desprovista del caos de los grandes hospitales. Yasmín permanecía sentada en una silla de cuero azul, con las manos entrelazadas con tal fuerza sobre su regazo que los nudillos se le tornaron blancos. Cada segundo que pasaba se sentía como una eternidad agonizante. —¿Señorita Yasmín? —llamó una voz femenina desde la puerta de un consultorio. Yasmín se puso de pie de golpe, sintiendo que las piernas le pesaban como plomo. Cruzó el umbral del despacho médico, donde un doctor de mediana edad, de postura serena y mirada amable, la invitó a tomar asiento frente a su escritorio. —Buenos días, señorita —saludó el médico revisando la hoja de registro y los resultados del examen clínico rápido y de sangre que le habían practicado minutos antes—. Tom
Capítulo 69 El aire helado de la noche parecía cortar la piel en la explanada financiera, pero dentro del vehículo de Apolo, el ambiente era de una sofocante claustrofobia. Tras salir de la torre corporativa y dejar atrás a un Sebastián consumido por la paranoia y el alcohol, Apolo apoyó los puños sobre el volante antes de encender el motor. Respiró profundamente, intentando despejar la turbación que le provocaba haber visto los ojos de su socio ardiendo en una locura fría y amenazante. Sin perder un solo minuto, Apolo condujo directamente hacia el apartamento de Camilo. Necesitaba mirarlo a los ojos, estar en un espacio seguro y advertirle sobre la tempestad que se estaba gestando en los pasillos de la empresa. Al llegar, Camilo lo recibió en el vestíbulo con la preocupación dibujada en el rostro. Había notado la prisa en la voz de Apolo durante su breve llamada telefónica y la tensión flotaba en el ambiente antes de que ninguno dijera una palabra. —Apolo, ¿qué pasó en la ofi
Capítulo 68 Dentro de la cafetería, el teléfono de Apolo vibró sobre la mesa. Apolo miró la pantalla, frunciendo el ceño al leer el mensaje de Sebastián. —Es Sebastián —dijo Apolo suspirando con amargura—. Exige una reunión en su oficina en una hora. Sonaba tajante. Camilo borró la sonrisa de su rostro, mirando a Apolo con preocupación. —¿Crees que sospeche algo sobre la salida de Yasmín? —No lo sé... Pero tengo que ir a la corporación —respondió Apolo poniéndose de pie con pesar—. No podemos dejar que la empresa se desplome en este momento. Lo siento mucho, Camilo. Tendremos que posponer la cena en tu casa para más tarde. —Tranquilo, ve con cuidado —dijo Camilo apretándole la mano en señal de apoyo—. Hablamos en cuanto te liberes de él. Apolo se despidió de Camilo con un roce afectuoso en el hombro, pagó la cuenta en la caja y salió de la cafetería directo hacia su automóvil, totalmente ajeno a que Sebastián lo observaba desde la distancia. Una hora más tarde, la atmó
Capítulo 67 La luz suave de la tarde se filtraba entre los ventanales de una elegante cafetería en el centro financiero de la ciudad. El murmullo constante de las tazas de porcelana, la música instrumental de fondo y el aroma a café recién molido creaban una atmósfera de aparente serenidad, completamente ajena al torbellino de drama que había azotado a los círculos corporativos en los últimos días. En una mesa de esquina, junto al ventanal, Camilo permanecía sentado en un sillón de terciopelo. Lucía impecable en un traje formal de tono azul oscuro, libre de la corbata, sosteniendo una humeante taza de café expreso entre los dedos. Su rostro reflejaba una paz recuperada, la tranquilidad de quien por fin ha tomado las riendas de su vida tras la firma definitiva del fideicomiso que le otorgó el control absoluto de la empresa de su padre. En ese momento, la pantalla de su teléfono móvil sobre la mesa se iluminó con una llamada entrante internacional. Una sonrisa cálida y genuina ilu
Capítulo 66 El trayecto hacia el aeropuerto internacional era de al menos cuarenta y cinco minutos en condiciones normales de tráfico. Para Sebastián, cada segundo que avanzaba el manecilla del reloj se sentía como una puñalada directa al corazón. Manejó de manera suicida, esquivando automóviles a toda velocidad, saltándose semáforos, tocando la bocina con furia ciega mientras las lágrimas de desesperación se mezclaban con el sudor de su rostro. —¡No te vayas, Yasmín! ¡Por lo que más quieras, no te vayas! —gritaba Sebastián solo en el interior del auto, golpeando el volante con el puño vendado, sintiendo que la garganta se le desgarraba—. ¡Escúchame una vez más! ¡Déjame pedirte perdón! A las 07:42 A.M., el auto de Sebastián frenó bruscamente frente a la entrada de la terminal de salidas internacionales, levantando humo de los neumáticos sobre el pavimento. Sebastián bajó del vehículo de un salto, dejando la puerta abierta y el motor encendido en mitad de la vía. Corrió entre
Capítulo 65 La suite de la costa. La noche de pasión salvaje e incontrolable con Sebastián solo unas jornadas atrás. La entrega ciega en la que ninguno de los dos había pensado en barreras ni en precauciones, llevados únicamente por la rabia, el deseo y la desesperación de cuatro años de separación. Un escalofrío violento le recorrió la columna vertebral. Yasmín se presionó el vientre con ambas manos, sintiendo que el corazón le latía desbocado en los oídos. —No... no digas eso ni en broma, Camilo —murmuró ella con un hilo de voz aterrorizada, intentando sonreír sin éxito—. Es imposible. Es solo el colapso nervioso por el viaje. —Bueno, bueno, tranquilidad —dijo Camilo acariciándole la espalda para calmarla, aunque la duda ya había quedado sembrada en el aire—. Mañana cuando llegues a tu destino con tu mamá, te haces todos los chequeos médicos que necesites. Ahora lo importante es que descanses. Yasmín se puso de pie lentamente, abrazándose a sí misma. Se giró hacia Camilo y







